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jueves 19/5/22
 

No es fácil hacer oposición. Cada día sufres porque la mejor de tus propuestas tiene menos repercusión que cualquier  iniciativa del gobierno. Resulta casi imposible influir en la agenda mediática. Da igual sobre qué quieras hablar hoy, porque te obligarán a pronunciarte sobre aquello de lo que prefieres no hablar.

Las encuestas siempre son insatisfactorias. El tiempo pasa, los compañeros se impacientan y sabes, o sospechas, o temes, que te estén moviendo la silla. La gente se pregunta: el presidente preside, pero éste otro ¿para qué nos sirve? Y lo notas en sus miradas…

Y si, además, cada día salta un caso nuevo de corrupción que afecta a tu partido. Y si, además, una de tus lideresas territoriales desafía tu autoridad de forma pública y constante. Y si, además, resulta que tu marca ideológica está de capa caída en Europa…

Se entiende la frustración. Fue Giulio Andreotti quien afirmó aquello de que “desgasta más la oposición que el gobierno”.

No es fácil practicar ese equilibrio que se demanda entre la crítica, la propuesta y la colaboración leal. Entre el ejercicio del derecho a construir tu alternativa y el deber indeclinable de servir al interés general.

La oposición leal es necesaria para el buen funcionamiento de la democracia. Y no es fácil ejercer la oposición, como decimos.

No es fácil hacer oposición, pero esta oposición es un desastre, para ellos mismos y para España

Desgastar al gobierno evidenciando sus errores es lícito. Sabotear al país en interés propio es inaceptable, es inmoral incluso.

Y está ocurriendo en España hoy. La derecha española parece haber llegado a la conclusión de que para que a ellos les vaya bien, a España y a los españoles les tiene que ir mal. Que lo malo para el país es bueno para ellos.

Y fruto de esta lamentable conclusión es su falta de colaboración en la preservación del bien común, incluso el boicot permanente al interés general. “¡Que se hunda España!”, llegó a exclamar el exministro Montoro en el año 2011, en una estrategia similar a la del PP de hoy.

Hay muchos ejemplos para evidenciar este hecho. El PP de Casado boicoteó la llegada de fondos europeos a España en el comienzo de la crisis, y ahora está empeñado en sabotear su gestión en los tribunales.

Ya han publicitado su voto en contra a la ratificación parlamentaria de los acuerdos entre trabajadores y empresarios para mejorar la calidad de los empleos.

El líder de la oposición ha llegado a clamar falsamente que “España está en quiebra”, para disuadir a los inversores internacionales ante las potencialidades de nuestro país.

La portavoz parlamentaria del PP denunció también con falsedad que España carecía de Presupuestos Generales del Estado en vigor, por nadie sabe aún qué ficción reglamentaria.

La derecha se niega a cumplir el mandato constitucional para renovar la cúpula del poder judicial, ocasionando un gravísimo deterioro en su funcionamiento.

Se han propuesto movilizar nada menos que a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado contra el gobierno constitucional, engañando acerca de las reformas previstas en la ley de seguridad ciudadana.

Boicotean los esfuerzos del gobierno para devolver a la normalidad constitucional las relaciones entre la Administración General del Estado y el gobierno autonómico de Cataluña, tras los desgraciados episodios que se dieron bajo mandato del PP.

Votaron contra el Estado de Alarma que salvó centenares de miles de vidas amenazadas por una pandemia terrible.

Utilizan gobiernos autonómicos y ayuntamientos para incumplir leyes legítimas en vigor que no les gustan, desde la ley educativa a aquella que establece el derecho a la muerte digna.

El jefe de la oposición viaja por Europa y Latinoamérica para hablar mal de su propio país…

No es fácil hacer oposición, pero esta oposición es un desastre, para ellos mismos y para España.

La oposición del sabotaje