Un punto de inflexión
Los nuevos liderazgos del PSOE en Madrid y Cataluña, representan una apuesta fortísima por torcer el rumbo en la lucha contra las derechas.
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La elección de Óscar López, este fin de semana, como secretario general del Partido Socialista de Madrid pretende ser, o mucho me equivoco, un punto de inflexión de alcance superior a lo local. Pretende poner fin a una etapa de resistencia pasiva a la irrupción del ayusismo y sustituirla por una etapa de enfrentamiento entre modelos.
Porque no es otra cosa lo que se ventila. La política, en España y en el mundo, ha cambiado de signo, y lo que hace dos décadas aún era una sorda lucha por ocupar el centro como espacio masivo ha dado paso a una abierta confrontación por mostrar las distintas salidas a la crisis sistémica que siguió, como no podía ser de otra manera, a la profunda crisis económica que conocemos ya como la Gran Recesión. De aquella sensación de profunda estafa que sintió gran parte de la ciudadanía salió tambaleándose el modelo basado en los consensos que había dado forma a la etapa anterior. Desde entonces, hemos vivido una irrupción brutal del populismo demagógico, que ha alcanzado por fin su culminación en la elección de Trump, y mientras la izquierda se debate por encontrar la transformación que necesita el viejo sistema socialdemócrata del siglo XX, la derecha se sube cada vez más al carro de los demagogos, porque cree que es el carro del poder.
La elección de Óscar López en Madrid pretende ser un punto de inflexión de alcance superior a lo local
Cabe soñar que al final de este túnel resurgirá un sistema de equilibrios, pero de lo que no cabe ninguna duda es de que en el momento por el que atravesamos es preciso exponer ante los ciudadanos la elección nítida entre un modelo que, con todas las matizaciones necesarias, sigue poniendo el foco en que el Estado es la defensa del débil, y un modelo basado en el sálvese quien pueda, en el que han terminado desembocando las confusas teorías que pusieron en marcha Reagan y Thatcher en las últimas décadas del pasado siglo… y que condujeron a la Gran Recesión.
Eso es lo que ha venido poniendo en práctica Pedro Sánchez en el poco tiempo que le deja libre resistir los embates de la derecha nacionalista, la derecha togada y la franquista, que se prometían un paseo triunfal hacia el pasado en el que el Gobierno de coalición progresista se ha erigido en obstáculo infranqueable, y no solo a escala nacional, sino a escala europea. En ese contexto, los nuevos liderazgos regionales del partido socialista, pero muy especialmente los liderazgos en Madrid y Cataluña, representan, por obvias razones de potencia económica y política, una apuesta fortísima por torcer el rumbo de esa lucha simbólica. Por pasar, como decía al comienzo de estas líneas, a una etapa nueva en la que los votantes a los que asquea la sensación de impunidad y a los que se preguntan cómo frenar la ola de zafiedad frutícola tengan la ocasión de decir basta.
No se trata de un empeño fácil. Pero se trata de uno de esos empeños que merecen la pena.