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martes. 28.06.2022

Pedro Sánchez: "Nuestra organización es contraria a las guerras. A todas las guerras"

Discurso de Pedro Sánchez en el Comité Federal del PSOE (6 de marzo 2022)

Estamos celebrando este Comité Federal en vísperas de una fecha muy importante para los socialistas, el 8 de marzo. Un día especial, por cuanto es una fecha que demuestra el compromiso feminista del partido socialista y, por tanto, es una fecha para recordar, para celebrar y soñar. Para recordar todos los empeños, todos los sacrificios y todas las batallas de las mujeres en su lucha por la igualdad a lo largo de todos estos años.

Un día para celebrar las victorias y la fuerza del movimiento feminista que trasciende a ese 50% de la población española y somos muchos los hombres también que nos sentimos reconocidos en esa causa feminista. Y un día también para soñar nuevos objetivos y nuevas conquistas de igualdad de las mujeres, y la igualdad social.

Vivimos en un mundo que arrastra desigualdades de todo tipo. La desigualdad social es una causa esencial de esa injusticia; pero no es la única: la desigualdad de género es también fuente de injusticia grave en nuestras sociedades. Y es una cualidad del socialismo haber comprendido que ambas desigualdades, ambas injusticias deben ser combatidas a la vez. Y, por tanto, que no hay socialismo sin feminismo.

El feminismo es una parte consustancial del socialismo, lo hemos dicho en muchas ocasiones, cuantas veces hemos recordado esa famosa frase de nuestro fundador Pablo Iglesias cuando dejó escrito aquello de que: "del Partido Socialista forman parte las mujeres, y es natural que así sea, porque si los hombres necesitan emanciparse, decía Pablo Iglesias, ellas lo necesitan más, por ser mayor su esclavitud”. Esto lo decía nuestro fundador que hablaba de la emancipación de la mujer no solo desde el punto de vista de la explotación económica, sino también de la dominación del hombre. Por eso, el socialismo y el feminismo están unidos indisolublemente en la causa por la justicia social que representa nuestro movimiento de izquierdas.

Compañeros y compañeras, nadie sabe cuánto va a durar la guerra de Putin. Para 44 millones de ucranianos y ucranianas ya ha durado demasiado tiempo, ya hubo demasiados heridos con el primer herido y ya hubo demasiados muertos con el primer muerto. Lo que sí sabemos es que nunca nos vamos a acostumbrar a la crueldad de la guerra. Lo que sí sabemos es que, mientras haya guerra, no va a desaparecer del primer plano de nuestra conciencia, porque si dejáramos de dar importancia a los muertos, a las bombas, si en definitiva nos acostumbráramos a la guerra estaríamos perdidos como seres humanos.

Por eso, cuando tenemos la conciencia en carne viva por las imágenes que estamos viendo de sufrimiento y de injusticia en Ucrania, cuando sentimos un legítimo dolor y también rabia y conmoción por la injusticia que sufren ahora mismo los ucranianos y ucranianas, he querido empezar mi intervención por una injusticia al menos tan antigua como la guerra en la historia de la humanidad. Una injusticia a la que no nos acostumbramos. Porque nunca nos vamos a acostumbrar a que cada acto de violencia de género pase desapercibido, y no remueva conciencias en nuestra sociedad y llevaremos siempre, cada caso de violencia de género a la primera página de los medios de comunicación para que no se vaya nunca del primer plano de nuestra conciencia y de nuestra acción política. Las nuevas injusticias no pueden distraernos de las ya existentes.

Compañeras y compañeros, Quiero compartir con vosotros unas palabras de Margaryta Yakovenko, escritora y periodista ucraniana que vive en España, que dice textualmente lo siguiente: “La guerra es comprobar si los cimientos del sótano en el que antes guardabas confitura de cerezas van a resistir un bombardeo”. Parte de su familia, que ha logrado escapar de Mariupol, ahora estamos siendo testigos a través de los medios de comunicación de que es uno de los primeros objetivos de Putin, espera ahora en una región cercana del Este de Ucrania, sin luz, sin agua y sin apenas comida. Y esta es, en definitiva, la dramática realidad de millones de ucranianos y ucranianas que están ahora mismo huyendo despavoridos precisamente de las bombas de Putin.

Sabemos distinguir una democracia de un régimen autoritario. Sabemos diferenciar lo que es una nación libre y soberana de una potencia nuclear que se ha visibilizado como imperialista. Sabemos distinguir cuál es el lado correcto de la Historia y jamás nos moveremos de ese lado. Del lado correcto de la historia

Hace hoy exactamente 11 días que Vladímir Putin invadió Ucrania, en un ataque que la comunidad internacional ha condenado de manera rotunda, de manera mayoritaria y que hemos calificado no solamente de cruel sino de injusto e injustificado y que no ha hecho más que intensificarse por desgracia desde entonces. Conviene recordar que la agresión salvaje partió de Putin y vino después de semanas de un diálogo diplomático intenso que pretendía precisamente mantener la paz. Y mientras se dialogaba, el agresor preparaba la agresión; mientras nos esmerábamos todos, la comunidad internacional y cada uno de los países europeos, por evitar lo inminente, el agresor negaba cínicamente sus planes y desplegaba sus divisiones esperando el momento del zarpazo.

Por tanto, no ha faltado diplomacia. Lo que ha sobrado es agresión. Putin ha roto en Europa los tiempos de paz y de concordia, que habíamos construido durante más de 5 décadas llevándonos a un escenario que no tenía lugar en este continente desde el final de la Segunda Guerra Mundial, lo hemos escuchado en muchos medios de comunicación por parte de muchos analistas. Nosotros sabemos distinguir, cuando digo nosotros me refiero a toda España, sabemos distinguir un agresor de un agredido. Sabemos distinguir una democracia de un régimen autoritario. Sabemos diferenciar lo que es una nación libre y soberana de una potencia nuclear que se ha visibilizado como imperialista. Sabemos distinguir cuál es el lado correcto de la Historia y jamás nos moveremos de ese lado. Del lado correcto de la historia. Nuestro lado es condenar la guerra de Putin y estar junto al pueblo ucraniano. Nuestro lado es exigir que se restablezca la legalidad internacional, precisamente, además, proveniente de un país como es Rusia que es miembro nato del Consejo de Seguridad Naciones Unidas, y que tendría que estar velando en primera persona por esa legalidad internacional, que Putin salga de Ucrania y que se recupere la diplomacia como herramienta legítima para resolver cualquier tipo de contencioso.

Pero somos todos perfectamente conscientes del conflicto de cuál es el verdadero propósito de Putin. Su objetivo es debilitar a la Unión Europea. Fragilizar nuestro espacio de prosperidad compartida fundamentado en valores como la democracia, la justicia social y la libertad. Algunos dicen estos días que Ucrania es una democracia con imperfecciones; que no es aún homologable a los estándares de la Unión Europea. Pero no nos engañemos: Putin no ha atacado a Ucrania por sus imperfecciones, la ha atacado porque es demasiado democrática a sus ojos. Putin no ha atacado Ucrania por ser poco europea; ha atacado Ucrania por ser demasiado europea a sus ojos. Igual que fragilizó a lo largo de estos últimos años en Georgia y Moldavia. Ha atacado a Ucrania porque siente la existencia de la Europa democrática que nosotros hemos construido a través de la UE como una amenaza.

Por eso ansía acabar o, al menos, si no lo consigue, debilitar a la Unión Europea. También justifica así el conflicto con Ucrania. Es verdad que esto no es solamente un objetivo de Putin, el de impedir, el de debilitar, el de fragilizar hasta la máxima expresión a la Unión Europea, este ha sido, y es, probablemente, uno de los principales enemigos del multilateralismo, de la justicia social, de la democracia, de la libertad, de la igualdad. Tanto dentro como fuera de las fronteras de la Unión Europea, es un riesgo que tenemos también dentro de la UE, lo hemos visto en algunas expresiones, discursos, a lo largo de estos últimos años por parte de significados líderes europeos, pero con diferentes lenguas, con diferentes religiones y culturas, diferentes historias, que en muchas ocasiones nos han enfrentado a unos europeos contra otros, son los valores los que nos unen.

Es el deseo de vivir en paz, prosperidad, libertad, el de construir una experiencia política sin parangón como es la UE como un espacio de seguridad para poder hacer que nuestras sociedades prosperen. Sin duda estamos muy lejos de haber conseguido la perfección, seguramente nunca la conseguiremos, la democracia no es más sino un proceso en el que vamos consolidando ese espacio de libertades, de respeto mutuo, de reconocimiento, de convivencia y concordia, pero lo cierto es que, frente a lo que algunos desearon y muchos en términos muy agudos, hemos visto como la pandemia y la guerra de Putin, en lugar de debilitar y fragilizar al proyecto europea lo que han hecho es convertirlo en un proyecto mucho más fuerte.

Algunos veían Europa mortalmente herida después del Brexit. No nos olvidemos que el Reino Unido es una potencia nuclear y que salía de la UE y por tanto, fragilizaba a ojos de terceros países y sin duda alguna de Putin a la UE; pero antes al contrario, el Brexit y posteriormente la pandemia global y también lógicamente la guerra en Europa lo que están haciendo es revitalizar a la Unión Europea. Recuerdo que hace años algunos diferenciaban una supuesta Nueva Europa de otra supuesta Vieja Europa. Y entonces como ahora se equivocaron: estamos viendo la mejor Europa unida a sus valores: la paz, la justicia social, la libertad, la democracia y la solidaridad.

Europa ha respondido de manera firme, rápida y unida frente a la guerra de Putin. Con solidaridad con Ucrania, acogiendo a millones de refugiados y refugiadas que huyen de las bombas de Putin. Y desde aquí quiero mandar un abrazo, el reconocimiento y nuestra disposición y disponibilidad a todos los países que están acogiendo ahora mismo en el frente del Este a todos esos refugiados y refugiadas que aquí está España para ser de nuevo un centro de acogida a los refugiados y refugiadas de Ucrania.

Solidaridad con Ucrania, solidaridad con los refugiados y refugiadas y también sanciones duras, durísimas sin precedentes a los oligarcas que crecieron con Putin, y a Putin mismo, sanciones que no van a cesar lo debe tener claro Putin hasta que salga de toda Ucrania y por tanto devuelva la presencia rusa a las fronteras internacionalmente reconocidas de la Federación rusa.

Pero debemos ser conscientes de que, más allá de lo que dure esta terrible guerra, la crisis de la Unión Europea con Putin va a ser larga. Es un conflicto existencial entre la democracia y el autoritarismo, y que se va a prolongar a lo largo de los próximos años, y se va a extender a otras dimensiones a ámbitos de nuestra sociedad como pueda ser el impacto sobre la economía europea y por tanto de la economía española. Este conflicto va a marcar a las actuales generaciones, pero estoy convencido de que Europa prevalecerá como ha prevalecido siempre que ha tenido que afrontar este tipo de conflictos y de situaciones.

Para debilitarnos, Putin utiliza todas sus herramientas disponibles como arma de guerra, lo hace con la propia su propia fuerza bélica como estamos viendo en Ucrania, lo hace también con la desinformación y con los ciberataques. La crisis humanitaria estoy convencido de que también va a tratar de utilizarla como un elemento de división dentro de la UE, por eso es muy importante demostrar esa solidaridad de todos los estados miembros con los países que ahora mismo están acogiendo el grueso de los refugiados. Como también lo está haciendo con el gas y con el petróleo rusos que explican el alza de los precios en España y en Europa. El objetivo de Putin es frenar el bienestar de los europeos, socavar la competitividad de la economía europea. Y no se lo vamos a permitir. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que los ciudadanos, las empresas y nuestras industrias no se conviertan en rehenes del chantaje energético de Putin.

Este es el desafío que tenemos por delante. Quizá hemos vivido durante todos estos años una suerte de espejismo, quizá durante todos estos largos años sin conflictos en Europa nos hicieron creer que Europa se había vuelto inmune a las guerras. Pero la pandemia y Putin nos han recordado que no hay ninguna región del mundo, por muy desarrollada que sea, inmune ni a las pandemias ni al virus de la guerra.

La pregunta es ¿Cómo vamos a responder a este descomunal desafío? Desde luego no lo vamos a hacer como lo hace Putin, nosotros vamos a responder con serenidad y con contundencia, con solidaridad y unidad. Como hemos hecho y estamos haciendo. Y, también, haciendo importantes transformaciones, probablemente que tendríamos que haber hecho en Europa hace ya muchos años para corregir las debilidades y vulnerabilidades que Putin está aprovechando. Por ejemplo, para hacer frente a los millones de refugiados que va a haber debemos avanzar en el Pacto de Migración y Asilo. Debemos reforzar la Política Exterior y de Seguridad Común. Debemos revisar las reglas fiscales para adaptarnos a una economía que va a sufrir un impacto muy grande por la guerra en Ucrania. Debemos avanzar, como venimos haciendo en España y pidiendo a la Unión Europea, en eso que llamamos la autonomía estratégica, y particularmente en la autonomía energética: contando con más fuentes de suministro, no es posible que Europa se suministre en un 40% de gas proveniente de un país que está poniendo en cuestión la seguridad de toda Europa. Lo que tenemos que hacer es diversificar nuestras fuentes de suministro. Debemos redoblar la apuesta que está haciendo el Gobierno de España por la transición energética, por la agenda verde, por apuesta decidida por las renovables, que no solo dan respuesta al desafío climático que tenemos por delante, sino que también nos pertrechan desde un punto de vista de autonomía energética frente a potencias terceras como Rusia. Y sin duda alguna tenemos que reformar el mercado energético europeo tal y como España viene pidiendo desde hace meses. Así, y solo así, es como Europa será más fuerte frente a Putin.

Hemos vivido situaciones tan extremas como que al principio de la pandemia Europa no tenía ni mascarillas. Dos años después, Europa es el principal donante de vacunas del mundo. Con una potente fabricación de vacunas en nuestro continente. También en España, donde pronto contaremos con nuestra propia vacuna. Ahora ante Putin, debemos hacer lo mismo que hicimos con la pandemia: apostar por más Europa. Más autonomía energética. Y mientras caminamos hacia ese objetivo, protegeremos desde Europa y desde España a nuestros ciudadanos, empresas e industrias para que no sean rehenes del chantaje energético de Putin.

Compañeros y compañeras, no quiero restarle gravedad a la situación en la que estamos. Vivimos tiempos muy duros. Vienen tiempos duros. La guerra de Putin lo hará todo más duro y difícil. Pero estoy convencido de que con determinación, solidaridad y unidad haremos frente a Putin, y Europa y España saldrán reforzados de este embate.

Se ha dicho que para hacer la paz se precisan dos; para desencadenar la guerra basta con uno. Por eso cuando la guerra es cosa de uno y ese uno es el agresor, como estamos viendo en los medios de comunicación con los bombardeos que vive el pueblo ucraniano, cuando no se ha podido evitar, hay que estar con las víctimas de la agresión. Y por eso estamos con el pueblo de Ucrania y en contra de la invasión de Putin. Lo estamos con las palabras y con los actos.

La guerra es atroz. Vemos a las mujeres y los niños ucranianos llorar la separación de sus padres, maridos, hijos y hermanos. Muchas madres rusas también tiemblan estos días por las vidas de sus hijos en el frente de Ucrania. Los padres de esos jóvenes no han tenido la oportunidad de votar contra la guerra de Putin, ya sabemos cómo son estas cosas, en la mayor parte de los casos se los han llevado al frente a la fuerza y con mentiras.

Por eso, pediría también que hagamos lo que tengamos que hacer en justicia, pero que huyamos de cualquier entusiasmo belicista, incluyendo la retórica. Y pido también que comprendamos que los rusos son también víctimas de Putin. El objetivo es parar la guerra inmediatamente sin duda alguna, pero mientras eso ocurre, lo que debemos hacer es ayudar al país víctima de una ocupación por una potencia imperialista.

Sabemos que las guerras pueden tener sus efectos a miles de kilómetros del frente. Es evidente que la guerra de Putin ha llegado cuando la humanidad empezaba a recobrar oxígeno, a salir de una pandemia, cuando empezábamos a recobrar nuestra vida y cotidianidad y la economía. Esta guerra va a distraer necesariamente muchos esfuerzos de la tarea de recuperación económica en la que los países europeos estábamos viendo los resultados de ese esfuerzo enorme de las instituciones comunitarias y todas las instituciones públicas de nuestro país. Ya he dicho que este conflicto tendrá un coste que habremos de afrontar entre todos. También aquí se verá la coherencia de cada uno de nosotros, de todas las fuerzas políticas, también aquí veremos si nuestras buenas acciones llegan a la altura de nuestras buenas palabras.

Ya lo estamos viendo con algunas declaraciones, por desgracia, de la ultraderecha sobre los refugiados, sobre los niños refugiados. Ya están bajando el hombro.

Compañeras y compañeros, Putin tiene enfrente a la comunidad internacional, lo vimos con una votación histórica en la Asamblea de Naciones Unidas donde una amplísima mayoría votó en contra de la invasión a Ucrania, tiene enfrente a la Unión Europea y a España, pero también a cada uno de nosotros y nosotras.

Porque en esta guerra está en juego nuestra forma de vivir en democracia y en libertad y nuestro proyecto europeo. Que nadie lo dude. Lo dejó muy claro en el Parlamento Europeo el Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad, que es uno de nuestros compañeros, un socialista de corazón, Josep Borrell. Traslado desde este Comité Federal nuestra gratitud y nuestro enorme orgullo por su labor para la paz. Sé que el Gobierno, y os lo agradezco de verdad porque no son situaciones fáciles, cuenta con vuestro apoyo, con el apoyo del Partido socialista. Y además sé también que cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de los españoles y las españolas —voten lo que voten— en torno a la defensa de nuestros valores democráticos y la defensa de nuestro proyecto común, que es la Unión Europea.

El Gobierno tiene poco más de dos años. En este tiempo ha habido —al menos—una pandemia como el mundo no conocía desde hace un siglo; unas tormentas como pocos recuerdan, con la paralización de una gran parte del país; la erupción más grave de un volcán en décadas, en la isla de La Palma; una crisis de refugiados internacional, la de Afganistán, y ahora una guerra en el suelo de Europa que amenaza la estabilidad del continente después de décadas de paz. Por tanto, no se puede decir que el Gobierno lo haya tenido fácil.

Pero a pesar de eso, compañeros y compañeras, hemos tratado de estar a la altura de la responsabilidad que los españoles nos encargaron. Y os quiero decir que lo seguiremos intentando. Porque esta guerra nos traerá muchas dificultades, lo estamos viendo en el impacto de los precios, sin duda, pero no va a detener nuestro rumbo y las reformas que necesita nuestro país. Mientras empezamos a consolidar la recuperación económica con extraordinarios datos de empleo, no podíamos imaginar que, de nuevo, el más atroz de los escenarios se presentaría ante nuestros ojos.

Pero os garantizo, que antes de la pandemia y después de la pandemia, antes de la guerra y después de la guerra, nuestra mirada está puesta en las aspiraciones de nuestra sociedad: queremos trabajo digno, sueldos dignos, pensiones dignas, un aire respirable, educación y sanidad de calidad para todos, queremos una democracia limpia de todos sus males, sobre todo del mal de la corrupción.

España necesita un Gobierno estable y que prosiga con las reformas, que yo calificaría de exitosas que hemos emprendido en estos tres años de Gobierno. Y tenemos que contárselo a la ciudadanía. En cada uno de nuestros territorios. En cada ciudad, en cada pueblo, en cada empresa. En cada centro de trabajo tenemos que explicar las grandes reformas que estamos emprendiendo. Porque tenemos la gran responsabilidad de explicar nuestra determinación para que España siga avanzando, a pesar del virus y a pesar de Putin. Decirles a los ciudadanos y a las ciudadanas que España va a continuar su recuperación económica, vamos a seguir ampliando derechos y vamos a seguir creando más oportunidades para todos y para todas, y en especial para la gente más joven.

Pero debemos también explicar que salir de esta crisis que ha provocado Putin no va a ser fácil y no se hará de manera inmediata. Gracias a la unidad de Europa frente a la pandemia, hicimos de Europa una Europa más fuerte y más unida que nunca. Y logramos alcanzar un acuerdo histórico para impulsar los fondos europeos que representan muchas cosas: la mutualización de la deuda por la que la socialdemocracia europea lleva trabajando muchos años. Unos fondos que son la gran oportunidad para modernizar la economía española, adaptar nuestro tejido productivo, reforzar nuestra autonomía estratégica, y dentro de ella la autonomía energética, fortalecer nuestro modelo de bienestar y consolidar la recuperación económica y el empleo.

Esta misma semana, la Comisión Europea ha vuelto a reconocer que España es el país más avanzado en el despliegue del plan de recuperación. Ha reconocido en su informe anual el número de reformas que hemos puesto en marcha y el impacto de los fondos europeos en nuestro país hasta el momento.

A pesar de todas las dificultades, estamos haciendo lo correcto, y eso se nota en la evolución del empleo y de la economía. Se nota también en la respuesta de la sociedad española a la pandemia, con unas cifras de vacunación muy buenas. Primero, en las cifras de vacunación. Registramos la incidencia acumulada más baja de toda Europa. Y pronto, cuando nos diga la ministra de Sanidad, vamos a poder quitar la obligatoriedad de las mascarillas en interiores. Pero somos socialistas, y no se entiende el socialismo sin la solidaridad. Por eso seguimos siendo uno de los mayores donantes de vacunas del mundo. Ahora mismo donamos más vacunas fuera de las que las que administramos en España. Eso dice mucho de nuestro país porque lo hacemos sin ningún tipo de resistencia por parte de la población hasta que cumplamos el objetivo que la Organización Mundial de la Salud ha establecido: tener vacunada al 70% de la población mundial en agosto de este año. Los altos niveles de inmunización alcanzados en la sociedad española y el cambio en las características epidemiológicas hacen que estemos en condiciones de plantearnos una nueva fase de transición en la estrategia de control del virus. Hemos aprendido a convivir con el virus y ahora viene un tiempo en el que poco a poco iremos recuperando progresivamente nuestra ansiada normalidad.

Gracias a la unidad del Gobierno y de los agentes sociales, me habéis escuchado en muchas ocasiones decir …. Lo primero agradecer el trabajo de los agentes sociales en estos dos años, donde han dado una muestra de patriotismo y de responsabilidad colectiva. Gracias a esa unidad del Gobierno y los agentes sociales hemos alcanzado 13 acuerdos muy importantes para impulsar reformas tan trascendentales como pueden ser la modernización de nuestro modelo laboral y garantizar la dignidad de nuestros trabajadores. España cuenta con más de 20 millones de ocupados. Cifras que no teníamos desde antes de la crisis financiera. Esta semana, hemos vuelto a registrar un nuevo récord: el paro baja en más de 11.390 personas, y, lo más importante es que el 22% de los contratos que se han firmado son indefinidos. Es la mayor cifra de contratos indefinidos de nuestra serie histórica. El paro desciende en todos los sectores.

Hoy hay casi 500.000 mujeres más trabajando que hace un año. Y el paro entre los jóvenes menores de 25 años ha descendido en un 38,5% interanual, es decir, hay 225.000 jóvenes más que tienen hoy empleo. Compañeros y compañeras, tenemos que decirlo con orgullo, a pesar de todas las dificultades que nos hemos encontrado en el camino tanto externas como internas, España fue el país que más empleo creó en la Unión Europea en el último año. Recuerdo la afirmación de que el diálogo social no es solamente un medio, es un fin en sí mismo.

Porque hoy, precisamente ahora, es cuando más necesario es el que entre todos contribuyamos al diálogo social, a la paz social, a la estabilidad social. En momentos tan convulsos como los que estamos viviendo, producto de la pandemia y de esta guerra provocada por Putin. Somos un Gobierno que cree en el diálogo y que entiende que lograr importantes acuerdos en beneficio de la mayoría social de España implica incorporar también todas las sensibilidades, todas las perspectivas y todas las miradas a importantes acuerdos como pueda ser el acuerdo en el ámbito laboral o en el ámbito de las pensiones. Por eso, el Partido Socialista garantiza la estabilidad política que nuestro país merece y necesita. Lo vamos a hacer también para afrontar los efectos en España de la guerra en Ucrania. El miércoles pasado expuse en el Congreso el Plan Nacional de Respuesta a la Guerra, en el que llevamos trabajando desde el comienzo de la invasión de Putin. Lo vamos a discutir con los grupos en el Parlamento. Mañana mismo lo compartiremos con los agentes sociales en La Moncloa, sindicatos y también empresarios. Lo haremos en París, en el Consejo Europeo informal extraordinario, que tendrá lugar el próximo jueves, y lo haremos también con todas las comunidades y ayuntamientos el próximo fin de semana en la Conferencia de Presidentes, en la isla de La Palma. El chantaje energético que Putin está infligiendo a Europa, y lo está haciendo desde hace más de un año, lleva un año preparando esta guerra, se traduce en un desestabilizador aumento de los precios. Actuaremos desde Europa. Como también desde España podemos hacer muchas cosas para poder frenar este impacto inflacionario sobre nuestra economía. Y lo vamos a hacer impulsando un gran pacto de rentas entre empresarios y sindicatos.

Esta y otras medidas formarán parte de este Plan Nacional de Respuesta Económica a la Guerra para proteger nuestra economía, para garantizar que España siga creciendo y creando empleo. A pesar de todas las dificultades y con el primer gobierno de coalición de nuestra democracia, este es el Partido que está devolviendo la estabilidad a España después de años muy convulsos desde 2014: con elecciones cada cuatro años y con Presupuestos Generales del Estado cada año, aprobados en tiempo y forma. Perseveraremos en esa línea de avance de España. Hoy España crece y crea empleo. Queremos que continúe esa fuerte recuperación. Por encima del ruido y la inestabilidad, a pesar de las dificultades y todos los contratiempos que estamos afrontando. Con esfuerzo y con diálogo, vamos a continuar haciendo que España avance. Atendiendo a los retos presentes mientras sentamos las bases de un futuro mejor para nuestros hijos e hijas. Las adversidades, ya lo comenté, están siendo enormes, no solo para el Gobierno de España sino también para todas las instituciones públicas. No ha faltado de nada: pandemia, calamidades naturales y ahora una guerra.

Y ahí sigue adelante España y ahí sigue adelante el Gobierno mientras muchas cosas se desmoronan a nuestro alrededor. Sigue adelante el empleo muy a pesar de que algunos decían que la subida del salario mínimo iba a frenar el ritmo de creación de empleo. Sigue adelante el trabajo digno, a pesar de que algunos decían que la reforma laboral iba a ser contraproducente y no iba a atajar la precariedad. Siguen adelante las pensiones pese a la resistencia de algunos que cuando gobernaron las congelaron. Somos la única fuerza política capaz de liderar hoy una posición así en España, en todos y cada uno de los territorios de España. Y lo hemos hecho sin ayuda alguna de la oposición, una oposición virulenta, crispada, faltona que es probablemente la más virulenta, crispada y faltona que se recuerda en mucho tiempo. Pero hay una amenaza que no podemos conjurar solos: la amenaza de una ultraderecha que crece y de su acceso al poder para desplegar su programa de odio y retroceso. Necesitamos para eso algo muy sencillo y es que la derecha deje de una vez por todas de coquetear con la ultraderecha.

Por eso, apoyamos el ofrecimiento que Luis Tudanca y el PSOE de Castilla y León hizo al Partido Popular para llegar a un acuerdo que evite que la ultraderecha acceda por vez primera a un gobierno autonómico. No se puede estar en las dos posiciones al mismo tiempo o solo a ratos. Por eso, el acuerdo tiene que extenderse a toda España y tiene que perdurar en el tiempo.

Lo que proponemos es una solución estructural para frenar las ideas antidemocráticas de la ultraderecha en Castilla y León y en toda España.

Compañeros, compañeras, nunca olvidaremos la victoria del 28 de octubre de 1982, ni la firma del acta de adhesión de España a la Unión Europea, el 12 de junio de 1985. Ambos acontecimientos son históricos y han anclado a España a ese espacio de libertad y democracia que es Europa, tuvo un protagonista que fue Felipe González, que ayer cumplió 80 años, y a quien hoy quiero felicitar y mandar un fuerte abrazo en nombre de toda la militancia socialista. Él y José Luis son un auténtico orgullo para nuestra organización.

Aquellas fechas y otras muchas que sucedieron después con su Gobierno y otros Gobiernos socialistas, supusieron el camino de esperanza de todo un país a la hora de regresar a un horizonte de paz, estabilidad, ganar derechos, tener oportunidades de futuro, cohesión social y cohesión territorial. Desde entonces hemos demostrado que somos una organización que vertebra bien España, porque somos el partido que más se parece a España. Hemos gobernado todas sus autonomías, ahora gobernamos la mayoría de autonomías y ayuntamientos. Hablamos todas sus lenguas, las sentimos como propias. Unimos lo diverso, conservamos la diversidad como una fuente de riqueza y no lo vemos como un problema. Por eso, hemos demostrado que somos capaces de articular la complejidad de nuestro país, y que somos capaces de hacerlo pacíficamente, sin gritos, sin golpes, de manera serena y además de forma eficaz.

En estos difíciles años hemos serenado la vida política que hacía falta en nuestro país, al menos por nuestro lado lo hemos hecho. Donde otros pregonaron a chillidos su amor a la unidad de España, nosotros unimos con serenidad toda su compleja diversidad. Hemos afrontado cada problema con el mismo espíritu, con serenidad y con determinación. Y lo hemos hecho en coherencia con nuestros valores. Distribuimos las vacunas de acuerdo con las necesidades médicas y no al poder del dinero. Somos solidarios entre nosotros y con los otros. Quiero reivindicar de nuevo, el trabajo que está haciendo tanto el ministerio de Exteriores como el de Sanidad en ejercer esa solidaridad internacional en el ámbito de las vacunas. Hemos protegido la salud, pero también las empresas y los empleos, y hemos demostrado que la economía se arregla con medidas económicas, no sometiendo a los pueblos a penitencias, a una suerte de cirujanos de hierro como ocurrió en la respuesta a la crisis financiera. Los empleos y las empresas no se salvan despidiendo y cerrando, sino preservándolos durante la crisis, para que impulsen posteriormente, todo su crecimiento en el escenario de la recuperación económica. Una recuperación que tiene que ser justa, eficaz también para ser justa Gobernamos como socialistas en un contexto que no hemos elegido, pero no lo usamos como excusa. Contribuimos a los acuerdos, los estimulamos y los apoyamos. Seguimos empeñados en establecer las condiciones de una profunda modernización de nuestra economía, que necesitábamos ya mucho antes de que nosotros entráramos en el Gobierno y que se ralentizó precisamente por la ceguera y el dogmatismo de los que gobernaron España antes, negando lo evidente y era que teníamos que dar ese salto a la modernidad de nuestro tejido productivo. También hacerlo para que nuestros jóvenes ganen su futuro. Exactamente en el mismo espíritu que heredamos de nuestros padres. Sabéis bien que el precio de la coherencia es alto. Pero, al final, es la única inversión segura sobre todo en política porque es la única inversión sostenible, la única que rinde a largo plazo. Los socialistas españoles mantenemos la identidad de nuestras palabras, no solamente de nuestras siglas, no solamente lo hacemos de manera formal a través de las palabras sino a través de nuestros actos.

Nuestra organización es una organización contraria a las guerras. A todas las guerras. Y más aún cuando las guerras son injustas e ilegales. Por eso nos opusimos en 2003 a la guerra de Irak y nos oponemos en 2022 a la guerra de Putin.

La coherencia es la fuente de la identidad y de la credibilidad de un proyecto político. Nos hemos opuesto y nos seguiremos oponiendo a cualquier agresión imperialista, da igual el imperio que la promueva. De eso depende nuestro crédito, y en política se gobierna a crédito. Con el crédito anticipado que nos dan en cada elección. Nosotros hemos hecho crecer ese crédito en estas difíciles circunstancias, y seguiremos haciéndolo. Pero aún queda mucha tarea que nos requiere y nadie se puede llevar a engaño, con el esfuerzo de todos. Somos el partido necesario en el sistema político español. Y, por todo ello, por lo hecho y por lo que vamos a hacer, os doy las gracias a vosotros, mis compañeras y compañeros, y a todas las españolas y españoles que trabajan, como decía el poeta, “con otros a España en sus aceros”. Es un verso de Celaya en el poema “la poesía es un arma cargada de futuro”. Feliz 8 de marzo.

Pedro Sánchez: "Nuestra organización es contraria a las guerras. A todas las guerras"