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martes. 04.10.2022
 

Visto la que se ha montado con la votación de la llamada Reforma Laboral, o mejor la que han montado (porque estas cosas montarse solas, no se montan), uno ha de expresar su inmensa alegría de que no estén a disposición de nuestros políticos esos botones rojos y de todos los colores que disparan ojivas nucleares, armas químicas de destrucción masiva o incluso bombas fétidas de amplio espectro y duración persistente, que instaladas en cohetes balísticos intercontinentales hipersónicos  pueden alcanzar irremisiblemente y con grandísima precisión cualquier punto de la “geografía” planetaria.  Incluido el salón de mi casa. Solo pronunciar su nombre, con tantas esdrújulas, produce muertos.

En cualquier caso, una cosa es que se alegren de que, si en España hay botones rojos, son de mentirijillas, o sea de attrezzo. Como el aire acondicionado, el sistema de extinción de incendios o el sistema antivirus instalado en los ascensores de la oficina en que trabajo. Y otra bien diferente que se crean que pueden dormir a la pata la llana, sin preocuparse por nada. No vean la cantidad de “so-tontos-el-culo”, que diría Forges, que dirigen los países que poseen esos armamentos. Y, peor si además hay alguno daltónico…

Piensen Uds. en Boris Johnson en cualquiera de las setecientas fiestas que se ha probado que organizaba en Downing Street 10. Cada día. Y eso durante el confinamiento porque antes de la pandemia organizaba mil cuatrocientas diarias. Tantas que a alguna no le daba tiempo ni a ir. Y eso que eran en su casa. Ahora piensen que, pese a las generosas previsiones y provisiones, se le acaba la ginebra y que confunde el botón rojo con el botón de llamar al servicio para que traiga más Beefeater. Porque a los ingleses, en su ignorancia, no les gusta otra cosa. Ni siquiera han catado la Nordés, que está mucho más buena porque lleva uva de Albariño y la bendición de los dioses celtas. Pero es que son muy suyos. O pónganse en que un invitado recién llegado de Magaluf, en un quiebro, se apoya en el botón que no debe. ¡Quieto ahí!

Luego está, Vladimir Putin. Que tampoco es de fiar. Alguien criado a los pechos del KGB y que abraza a Bolsonaro o a Trump o a los “fistros” que mandan en Polonia, Hungría, etc. no es trigo limpio. Cuando te mira, sientes el frío de los gulags siberianos en el tuétano de tus huesos. Fíjense en la distancia que interpuso Macron, en su reciente reunión, por si los rusos sacaban a pasear el polonio radioactivo. No puede serlo alguien tan preocupado por enseñar sus pechorales y sus abominables desnudos en cualquier circunstancia y tiempo. Pese al frío, la nieve o el hielo. Seamos claros, músculos más trabajados tiene Abascal, pero no se exhibe a pecho descubierto. Sólo con camisas ajustadas y chaquetas que compra en la planta infantil de El Corte Inglés. Volviendo a Putin, cuentan que la invasión de Crimea fue para exhibirse en las cálidas playas del Mar Negro. Para ver cómo era eso con el agua a temperatura sobre cero.  En cualquier caso, los Adonis son un peligro. Se exhiben y, en una de esas antinaturales torsiones culturistas, se pueden tropezar con el dichoso botón.

De Trump, no les cuento nada. Sería capaz de apretar el botón para ver qué pasa. O para echarle la culpa la Sra. Hilaria Clinton, a la que le ha cogido una manía que va a ser cosa de estudiar.

Y en un aparte, los chinos.  Tan iguales... Tan listos... Y, sobre todo, tan trabajadores. Piensen que para escribir una sola “letra” tienen que hacer un cuadro de Miró, pero bien hecho. Y si unen lo de trabajadores y listos, la combinación es peor que el gin-tonic con ginebra rosa.  No creo que los chinos pulsaran el botón por error. Los chinos no beben y por tanto no se emborrachan… Los chinos no fuman… Los chinos no se equivocan.  Pero, antes, al contrario, hay que temer la proverbial crueldad de los pueblos orientales. Si no saben de lo que les hablo pónganse en Filmín la de “Fumanchú”. Yo la vi de niño y tuve pesadillas recurrentes hasta que empecé a afeitarme. A mayores, una amiga de la infancia todavía se la pone como laxante, en casos extremos. Mayormente cuando le falla el carbonato de magnesio y/o “chuparse” un Al Rojo Vivo, dirigido por Antonio G. Ferreras. Si los chinos pulsan el botón es porque quieren pulsar el botón y a ninguno le interesa pulsarlo por frivolidad.

Pero lo peor de todo es esta España mía, esta España nuestra. Nuestros políticos no tienen la capacidad para matarnos asina de golpe como los americanos, los ingleses o los rusos. Ni tampoco son tan trabajadores como los chinos. Porque, déjense, la tortura es muy trabajosa. Pero, en cambio, nos pueden descoyuntar del todo empezando por la quijada y tirando para abajo. Si les prestamos atención y nos fijamos en sus cuitas. Y si no, también.

Para muestra valga un botón. Lo de la Reforma Laboral, otra vez. Si se paran a analizarlo, concluirán conmigo que es un milagro que estemos vivos. Que si lo estamos es o por chiripa o por la Divina Providencia. Resulta incomprensible que tengamos leyes, carreteras o vacunas. Todo parece decidirse por la resta de los errores de una parte menos los errores de la otra y al final parece ser que gana el que más se equivoca si el otro se equivoca aún más o si a los errores del otro hay que sumarle los errores de terceros. Cojan papel y pluma, hagan un diagrama y lo entenderán. A mí me ha costado una vida. En España no se trata de acertar más, sino de que los otros se equivoquen más. País… Por eso si, para ser político, en cualquier país basta con saber sumar (¡y a veces ni eso: ahí tienen a Trump!), en España hay que saber sumar y restar. Lo de multiplicar y dividir es para Licenciados en Exactas.

Tras acusar el PP a la Sra. Batet de “prevaricación” y otras cosas aún más guarras, aquí todo el mundo parlamentario se ha lanzado a un striptease colectivo, mostrando las vergüenzas propias y ajenas. Que si tú te has equivocado… Que si vosotros os habéis equivocado… Que si yo me he equivocado… Que si nosotros nos hemos equivocado… ¡Todo dios! Que si Batet, que si Ábalos, Garzón, Celáa, que si Alberto Casero, que si el PP ¡setenta nueve parlamentarios en una sola votación!... Y hasta el listillo de Pablo Iglesias, que es un universitario “de verdad”, no como otros, y que daba clases de Botonología en la Facultad de Ciencias Políticas de la Complu, reconoce haberse equivocado en alguna ocasión durante el poco tiempo que le dejaron estar en el Parlamento. Si ya me parece imposible que Pablo Iglesias se equivocara, menos posible me parece que lo haya reconocido.

Y este cúmulo de errores subjetivos no es nada comparado con la observación de las contradicciones objetivas. Diríase que el panorama político tras la votación es catastrófico. Un Mad Max parlamentario.

1.- El Gobierno que cierra un Acuerdo con la CEOE inmodificable. Antes de tener la mayoría y sin contar con que, a lo mejor, para conseguir reunir los votos precisos, iba a necesitar retocar un poco el acuerdo. El cuento de la lechera. Errare humanum est.

2.- Los de Unidas Podemos que, tras aceptar consolidar la Reforma de 2012 del PP, con el que no se ajuntan, acaban votando con Ciudadanos, el PdeCat y UPN, con los que tampoco se ajuntan y en contra de ERC, Bildu y BNG con los que sí se ajuntan. Errare humanum est.

3.- Los del PP deseando que saliera el sí,  por una parte, pero también el no, por la otra, pero que lo mejor sería que saliera el no pero por culpa de otro (por ejemplo, de UPN). Al final votan contra el mantenimiento de SU reforma, la de Rajoy, con el PNV, ERC, Bildu y BNG, con los que no se ajuntan. Errare humanum est.

4.- Los dos de UPN, los hermanos Malasombra (¡somos malos, malos, malos, somos malos de verdad!) que se prestan a ser los culpables del no y hacer el trabajo sucio al PP a cambio de ser recogidos en el Grupo Parlamentario Popular. Y todo, dicen, para no votar con Bildu, con quienes finalmente coinciden en el voto. Y con ERC y BNG con los que tampoco se ajuntan. Por malos, se las van a llevar todas y se van a quedar en el Mixto, que es como la Inclusa del Parlamento, pero sin incubadora. Errare humanum est.

5.- El Sr. Garamendi que, según las “casetes” que me ha pasado Villarejo (Notario y Cotilla Mayor de este Reino), recibió la llamada de P. Sánchez que, con los canguelos en la garganta, le dijo que no salía: “Gara [no sé por qué a los vascos siempre se les llama por el apellido y abreviado]: que no sale”. Que alguien del PP, un traidorzuelo, le había dicho que los hermanos Malasombra estaban negociando su ingreso en el Grupo Parlamentario Popular para cuando los echaran de UPN. Y a su vez llamó a P. Casado para decirle que, si salía el no, les depilaría el pubis a él y a Teodoro, pelo a pelo. Sin anestesia general, local ni epidural. El pobre D. Antonio a favor de PSOE y UP. Con los que no se ajunta. Y en contra de PP y PNV. Con los que sí se ajunta. Errare humanum est.

6.- P. Casado que llamó con urgencia a Teo para decirle que tenían que perder para ganar, que había que garantizar a Gara el sí y para eso hacía falta alguien que fuera de la máxima confianza y creíble que se equivocaba. Alguien que  acertara equivocándose. Para lo cual debía ser alguien que no pareciera excesivamente “astuto”. Errare humanum est.

7.- Teodoro que ante la disyuntiva de que su jefe y amigo perdiera el vello púbico y, sobre todo, perder el suyo propio, cruel y dolorosamente, eligió a su segundo como ejecutor de la estrategia. Y “como ingeniero vuestro que soy (…)”: que había que aprovechar el cristo montado, acusando al Gobierno de “pucherazo”. A ver de qué manera quedando ciegos, pudiera quedar tuerto el “sanchismo”. Como Mourinho con Guardiola. Errare humanum est.

8.- Los señores de Ciudadanos que tras años diciendo que ellos no votan con separatistas ni con populistas, acaban haciéndolo, nada menos, que, con el PdeCat, separatistas catalanes y Vox, separatistas de Madrid. Y con los populistas bolivarianos y castristas de UP, sobrinos por línea paterna de Pol Pot. Errare humanum est.

9.- Y los de PdeCat que a fuerza de no querer votar con españolistas acaban votando con el PSOE, la UPN, Ciudadanos y Vox, todos los del 155. Y con los de UP que, pudiendo ser catalanistas, se dicen internacionalistas proletarios. O sea, una vulgaridad. Errare humanum est.

Por todo eso, de momento y en tanto las autoridades no procedan a sustituir los botones por flejes metálicos, que era con lo que nuestro añorado Tip, cuyo humor era muchísimo menos absurdo que nuestra realidad, lo arreglaba todo, he iniciado una campaña en change.org que tiene por objeto que a todo botón al que tenga acceso un político, para lo que sea, se conecte adecuadamente un cable “pelao”, enchufado a la red, que produzca descargas de 10.000 voltios por milisegundo.

El que “toqui li botoni” va a quedar como la ceniza de un puro…

No toquin li botoni