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sábado. 28.01.2023
congreso
Congreso de los Diputados.

A lo que está sucediendo en los últimos tiempos en la arena política de nuestro país, se le podría aplicar aquel dicho de nuestros mayores referido a los hijos adolescentes; “no se les puede dejar solos”.

En esta ocasión tenemos que dirigirlo a la clase política que nos toca sufrir, en especial a los jovenzuelos que han llegado creyéndose ya sabidos, ignorando que una parte del activo político se adquiere con la experiencia de los años.

Reflexionar sobre lo que sucede en este ámbito, sobre todo en los debates que observamos en los diferentes parlamentos, o plenos de Ayuntamientos ilustres, para quienes pertenecemos a una generación que vivió la experiencia de la Transición resulta especialmente difícil y doloroso.

El primer interrogante que nos surge es si esa agresividad repleta de banalidad, esa falta de respeto no solo al contrincante político, también a quienes representan, si esa falta de empatía, de lo que en términos psicoanalíticos sería “ver, observar al otro”, es innato o simplemente el reflejo de nuestra sociedad actual.

Quizás agravado por una evidente falta de autocrítica. Cualidad que al menos cabe exigir a la izquierda.

¿Existe algún político actual, al menos de los conocidos, que al llegar a su casa después de una intensa actividad institucional, dedique algún instante a reflexionar sobre sus posibles errores de comportamiento?

No parece, al menos desde la distancia de observadores con un mínimo de sensatez.

¿Qué hacer ante esta tremenda situación?

Desde la poca parte de la sociedad que aún conservamos un mínimo de sensatez heredada de aquella Transición, muy poco o nada.

Necesitaríamos la complicidad de al menos una pequeña parte de la cúpula de cada partido y sobre todo a los medios de comunicación para darle la vuelta.

Pero no parece que la cosa vaya por ahí, porque consideran que las broncas benefician electoralmente a los suyos y los MCS venden más o consiguen mayores audiencias.

La polarización cada vez más acusada entre los diferentes sectores de nuestra sociedad, que se identifican con medios de comunicación progresistas o conservadores, los que antes con menos pudor señalábamos como de izquierdas y derechas, impide la existencia de otros más objetivos, equilibrados y sensatos.

Quizás porque sus propietarios entiendan que esa sensatez, ese sentido común (el menos común de los sentidos) estén a la baja.

Mientras tanto la inmensa mayoría de la sociedad, obviando su propia autocrítica, se aleja cada vez más de la política de hoy en día. ¿O no?

Debo reconocer que ese interrogante me intranquiliza, quizás porque en un mundo donde todos creen no solo estar en posesión de la verdad, desde la certeza y de todas las respuestas, quienes no lo estamos tememos que la solución final sea caer por el abismo.

En estas condiciones lo probable es que la crispación continúe no se sabe aún hasta qué punto y con qué consecuencias.

Mal rollo…

No se les puede dejar solos