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miércoles. 10.08.2022
inflación

Por José Valdés | Luego de la caída del muro de Berlín, la disolución de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y el ingreso de la República Popular China a la Organización Mundial del Comercio, el mundo parecía llevar adelante un grado de globalización y de integración pocas veces visto anteriormente en la historia, con cadenas de valor distribuidas en diferentes partes del mundo y fluidez de movimiento de capitales. Sin embargo, cuando han pasado cerca de 30 meses del inicio de la pandemia y con más de 4 meses desde que comenzó la guerra en Ucrania, nuevamente la historia nos muestra que ningún proceso es eterno, más aun, cuando se trata de alianzas y entendimientos a nivel mundial.

Durante el desarrollo de la pandemia provocada por el COVID-19, se observó un nivel muy importante de estancamiento de las economías a nivel global con un decrecimiento de la economía para el año 2020 del 3,3% y un decrecimiento del comercio mundial en el orden del 8%. Esta tendencia, pudo ser revertida en el año 2021 con un crecimiento económico global del 5,7%.

Sin embargo, el año 2022, con el hecho icónico de la guerra en Ucrania, una compleja inflación mundial empujada especialmente por el precio de las commodities, un reacomodamiento del sourcing a nivel global y un mundo geopolíticamente bipolar, no será el año de prosperidad esperado.

En el segundo semestre del año, según proyecciones del Banco Mundial, se prevé un crecimiento que se ubicará en el 2,9%, un porcentaje muy por debajo del 4,1% que se anticipó en enero, empujado por la baja en las estimaciones de crecimiento de la República Popular China en Asia, la cual se ubica en el 4.3%, 2,5% para Estados Unidos, 2,5% para la zona del Euro y 1,7% para Japón.

Los alimentos y las energías son el punto de disputa desde un punto de vista geopolítico, con un gran desafío en la reorganización de alianzas estratégicas y políticas a nivel global, tratando de responder a las preguntas de “quien alimenta a quien” y “quien le proporciona energía a quien”, en un mundo donde en muchos países las políticas proteccionistas abundan. Países como Brasil, India y Argentina, entre otros, aplicaron medidas proteccionistas de abastecimiento al mercado interno en alimentos como Trigo, Azúcar, Maíz, Harinas y Aceites.

La realización en simultáneo de reuniones como las llevadas adelante por los BRICs la última semana, además de la reunión de la OTAN en Madrid, o el Foro Económico de Davos, donde la seguridad alimenticia fue el eje central de debate y discrepancia, muestran estrategias no solo a nivel de seguridad, sino también a nivel estratégico en materia de provisión de alimentos y energía que han dejado expuestos ante el mundo la ruptura de la globalidad vista hasta hace algún tiempo, mostrando una nueva realidad en un mundo dividido en bloques, donde la producción y la cadena de valor global está cambiando y cambiará aún más y donde adquirirán una mayor prevalencia e importancia los alimentos y la energía como medio de intercambio de poder y de alianzas entre países y organizaciones supranacionales.

El segundo semestre se inicia, sin esperanza de bajadas de precios, con cosechas que se terminan y nuevas siembras que, con las restricciones actuales, no podrán ser aprovechadas en su totalidad. Todo ello sin olvidar los problemas energéticos de provisión de gas y petróleo a precios asequibles para la ciudadanía con el riesgo de desabastecimiento después del verano por el posible y previsible bloqueo ruso. Este nuevo orden nos deparara un segundo semestre plagado de grandes cumbres, reuniones, estrategias y ante todo el desafío de flexibilidad y adaptación mayor a la hora de hacer negocios, todo ello sin olvidar las consecuencias que podrán tener estos desafíos geopolíticos para el común de los mortales.

Movimientos de capitales