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miércoles. 28.09.2022
arrimadas y bal
Inés Arrimadas y Edmundo Bal en la manifestación de la Plaza de Colón.

Una parte importante de la política consta de episodios simplemente virtuales que no tienen más relevancia para los ciudadanos que proporcionarles unos segundos de atención en los medios de comunicación, unos cuantos minutos de conversación dependiendo del ruido causado y algún meme en las redes sociales. En este sentido sería difícil diferenciar este género de cualquier otro programa de entretenimiento en la televisión. Y, sin embargo, estos episodios se prodigan porque los medios no suelen diferenciarlos, tipográficamente, de hechos socialmente relevantes. Un ejemplo es este mismo artículo. Así, el protagonista suele mostrarse tan satisfecho como si estuviera anunciando una vacuna contra el cáncer.

Por ejemplo, la moción de censura al Gobierno que acaba de poner Ciudadanos por medio de su portavoz, Edmundo Bal. La fórmula empleada es pintoresca, pero efectiva para mostrar su oposición al Gobierno, una oposición que llega hasta el extremo de pedir su revocación. Lo que ha dicho este señor es que “Ciudadanos apoyaría una moción de censura presentada por el Partido Popular”.

Bal, como abogado del Estado que es, y supuesto conocedor de las leyes españolas, sabe que el procedimiento legal para presentar una moción de censura requiere un número mínimo de diputados para presentarla y que, ese mínimo, es equivalente al 10% del total de los que componen el hemiciclo.

También, por su paso por la universidad, y su necesaria educación primaria previa, tiene el señor Bal las mínimas nociones de aritmética para saber que ese 10% equivale a contar con 35 diputados. Y, por último, como portavoz de su grupo, sabe que, en su último parte de retreta, sus huestes no pasaban de 9 diputados.

Por tanto, con tal bagaje de conocimientos, don Edmundo se ha abstenido de rellenar un papel y presentarlo en el registro del Congreso de los Diputados para proponer a Inés Arrimadas, por ejemplo, como candidata a la Presidencia del Gobierno en sustitución de Pedro Sánchez.

En lugar de eso, Edmundo Bal, en nombre de Ciudadanos ha presentado un voto de censura virtual, atípico, pero voto de censura, al fin y al cabo. Su atipicidad no solo está motivada por el procedimiento, cosa que ya he adelantado que eso de la virtualidad política no es tan inusual . Es que, además, ha presentado como alternativa a una persona no de su grupo político, sino del Partido Popular. Aunque ha tenido la delicadeza de no proponer, él, un candidato concreto para que sea el PP quien lo haga, bien en la persona de Pablo Casado o bien en la "personalidad política más relevante" como dice Aznar. Es decir, Isabel Diaz Ayuso.

Se une esta forma de voto de censura a otras comúnmente utilizadas como la del "Váyase señor González" que se suele utilizar en cada sesión plenaria de las cortes sin más que cambiando el apellido del censurado. O la de los actos públicos en la Plaza de Colón en la que se pone de manifiesto que hay gente dispuesta a secundar esa censura al Gobierno, aunque no tenga más efecto que rellenar un momento de sus vidas comprendido entre la misa de doce y la hora de comer.

Pero, como esas otras modalidades, esta del voto de censura sugerido ha tenido el mismo efecto. Nulo desde el punto de vista efectivo. Aunque, quizás, haya sido políticamente negativo para el propio grupo querellante.

Y me explico. La declaración de censura que ha hecho el señor Bal ha puesto de manifiesto cosas que son sobradamente conocidas pero que no hay porqué presumir de ellas. A saber, a) que cuentan con un número exiguo de diputados que no da para presentar un voto de censura reglamentario, b) Que la derecha española en su conjunto no cuenta con efectivos suficientes para desbancar, democráticamente, a Sánchez, y c) Que no obstante lo anterior, Ciudadanos no tiene otra cosa que hacer que lo que ha hecho. Todo eso ya lo sabíamos.

Pero es que ha hecho algo más, quizás por presentido, no menos sabido, y es que quiere un candidato, cualquiera, del PP como presidente del Gobierno. La verdad es que no es la primera vez que, por pasiva, hace algo así. Cuando el PSOE presentó la moción de censura a Rajoy, Ciudadanos trató de evitarla. Parece que, una vez que ha actuado por activa y por pasiva solo le queda la perifrástica para hacerlo de todas formas.

Y, en ese caso evidente de subordinación, cabe preguntarse: ¿Y qué pinta, entonces, Ciudadanos en la política española?. Aunque, esta pregunta ya se la deben de haber hecho tantos votantes, y militantes, como los que han protagonizado el reciente éxodo de ese partido.

Al menos, Albert Rivera quería ser presidente del Gobierno.

La moción de censura de Ciudadanos