lunes 27/9/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

A la derecha no se la combate con proclamas

PP madrid

Madrid no ha sido la tumba ni del fascismo ni de la derecha. Es posible que ni tan sólo se haya tratado nunca de derrotar a ningún nuevo fascismo. Madrid ha sido el triunfo de una derecha altiva y “trumpiana” y la derrota de las izquierdas, más de unas que de otras.

Hay quien desde la izquierda ha pretendido utilizar el viejo cuento de “que viene el lobo” pero la gente no ha sabido ver el peligro del lobo y ha mirado en otras direcciones.

La izquierda debería en el caso de Madrid haber analizado la realidad social y económica de la Comunidad y puede que así comenzara a plantearse como dar una alternativa a la hegemonía de la derecha. Para ganar una batalla política e ideológica debe analizarse con atención la realidad social que debemos afrontar. No sirven las recetas dogmáticas de libro por muy épicas que sean.

En la Comunidad de Madrid  con largos años de hegemonía de la derecha se dan algunas realidades que deberían ser tenidas en cuenta. Hay razones estructurales económicas y políticas y situaciones coyunturales que pueden hacer más entendible el triunfo apabullante de una candidata como Isabel Díaz Ayuso.

Diversos analistas han ido dando cuenta de una serie de realidades que componen Madrid en la actualidad. En Madrid se reúne hoy en día la capitalidad política y de poder del Estado y sus centros de decisión. A la vez es donde se concentra el poder y la jerarquía del sistema económico, tanto los centros del sector financiero como de las grandes empresas y de las  multinacionales, todos muy atentos a estar cerca del poder político del que dependen muchas de sus oportunidades de negocio.

Madrid es hoy, en gran parte fruto de su capitalidad, la comunidad más rica del estado a lo que debe añadirse el hecho de ser un cierto paraíso fiscal interior. Todo ello ha dado lugar a un fuerte crecimiento de población y a un gran desarrollo del sector de servicios.

La presencia de los poderes políticos y económicos ha dado lugar a la existencia de una fuerte y amplia clase media alta (alto funcionariado, directivos y clases medias instaladas) todos ellos defensores de sus modos de vida que podríamos describir como: vivienda en las afueras, hijos que asisten a escuelas privadas (muchas de ellas concertadas) y posteriores cursos en el extranjero, con preferencia por el uso de la sanidad privada y con un  alto poder de consumo y de ahorro. Un sector social dispuesto a defender con uñas y dientes su situación. Pero además existe asimismo otro sector más numeroso aún de clase media que aspira a incorporarse al modo de vida de sus superiores a los que aspira a imitar o a suceder. La mayor parte de estos sectores son fieles votantes de la derecha madrileña y beneficiarios de sus políticas económicas y fiscales.

La política de la administración del Partido Popular durante muchos años ha comportado una extensión de los servicios privados tanto en educación como en sanidad en detrimento de unos servicios públicos deficientemente financiados lo cual  redunda en la reducción de su demanda social.

El  dominio de las derechas en la política de Madrid ha comportado estos cambios en la estructura social de la Comunidad. Pero a estos cambios estructurales deben añadirse los efectos de la situación coyuntural provocada por la pandemia.

La pandemia no ha afectado a todos por igual y sin duda sus efectos han tenido una mayor repercusión entre los sectores sociales más desfavorecidos. A pesar de la voluntad del Gobierno del Estado de establecer toda una serie de ayudas que conformaran un “escudo social” este no ha podido impedir el crecimiento de la desigualad reconociendo sin duda que las actuaciones han sido mucho más positivas respecto a lo que habría sucedido bajo un gobierno de la derecha.

La paralización de actividades ha comportado costes sociales importantes para amplios sectores ciudadanos. La disminución de la actividad ha perjudicado con especial fuerza a sectores como los del comercio y la hostelería, así como a autónomos y trabajadores, especialmente los de situación precaria o integrados en la economía sumergida. Para ellos la necesidad de finalizar este período especial de crisis sanitaria se vislumbra como  urgente y cuasi obsesiva. Gran parte de estos sectores de la población están cansados y agobiados por la situación y dispuestos a agarrarse al mínimo atisbo de finalización de los cierres, de posibilidad de cambio en la situación y espejismo de normalidad.

Es en esta situación estructural y coyuntural de la sociedad madrileña donde se da el proceso electoral. Y no hay duda que la candidata del PP supo conectar con las ansias y necesidad de cambio de buena parte de la ciudadanía a través de una campaña basada en emociones y en la que la vuelta a la normalidad se plantea como objetivo. Una campaña tan desenfadada y optimista como falsa y tramposa. Con un discurso llano y desenfadado con un lenguaje vulgar, hasta faltón y chabacano pero efectivo la derecha mayoritaria ha conseguido eclipsar la campaña.

Frente a ello una gran parte de la izquierda ha caído en la trampa llevando el debate a una lucha ideológica genérica y simplista. Una batalla agresiva de combate contra el peligro del fascismo que sólo sirve para galvanizar a los ya convencidos pero que no cuaja en la mayoría a los que va dirigido el mensaje, más preocupados por sus problemas cotidianos reales y sus necesidades más acuciantes. En definitiva la derrota electoral es en gran parte fruto de no combatir las emociones con razones.

Sólo Más Madrid ha llevado a término una campaña más ligada a la realidad de la vida cotidiana de sus electores. Criticando los déficits del gobierno de derechas en lo referente a su nefasta actuación en la pandemia y planteando propuestas alternativas en lo referente a la vida cotidiana de los electores potencialmente progresistas. Sin altisonancias, sin gesticulaciones y sin proclamas épicas, pero yendo a la raíz de los problemas.

Sin embargo el resultado electoral no puede rehuir otro factor que ha jugado en todo este entramado de realidades que han rodeado el proceso electoral. Nos referimos al papel jugado por los medios de comunicación, muy especialmente los audiovisuales pero también los escritos y radiofónicos. Madrid reúne la sede de una buena parte de los medios de comunicación y ello los convierte en otra parte de la realidad social madrileña dentro de los sectores de decisión del conjunto del país. Una gran parte de dichos medios por su posición ideológica han sido proclives a la derecha política y sus informaciones han ido dirigidas a un apoyo claro y sin fisuras a la Presidenta de la Comunidad a la que han presentado como la opositora más firme al Gobierno del Estado. Pero si ello era previsible no lo ha sido el de otros medios presumiblemente progresistas también han centrado sus informaciones en las ocurrencias permanentes y en los exabruptos de la Presidenta de la Comunidad, incluso haciéndolo a base de chanzas o ridiculizaciones, pero haciendo de ella el centro del debate. Deberían recordar el aserto de Santiago Carrillo “siempre es bueno que hablen de uno aunque sea para mal”.

Hasta ahí un recuento parcial sin duda de la situación. Y ahora una recomendación, sería bueno para la izquierda analizar a fondo la realidad social cambiante a la hora de hacer propuestas y llevar a cabo la acción política. Pero para ello deberían incrustarse en la sociedad lo que hace imprescindible tener una organización capilar sin la cual no sirven ni dogmas ni proclamas.

A la derecha no se la combate con proclamas