martes 19/10/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

¿Indulto? Mejor amnistía

 

El indulto es una prerrogativa que atribuye a un político la aureola de ser un semidiós cuando, en ocasiones, solo ha demostrado ser un mini hombre o un sinvergüenza de cuidado.

La palabra indulto procede del supino indultum, del verbo indulgere, con el significado de ser benevolente, hacer una concesión a alguien o “tener largueza”, que es expresión con morbo.Bondad, benevolencia, benignidad serían las tres B, las tres cualidades que adornan al sujeto superior que concede el indulto al inferior. Como podrá comprenderse, virtudes que no suelen ser muy habituales en el carácter del político actual. Menos todavía si estas tres “B” se aplican al enemigo o a quien se tiene como tal, con el fin de utilizar su presencia en beneficio propio como si se tratara de un chivo expiatorio o pieza de recambio.

Conviene recordar que la iglesia utilizó la palabra indulgencia para sacar tajada económica de ella. Lutero se rebotó, precisamente, contra la venta de estas vergonzantes indulgencias por parte de Roma. El montaje económico era perfecto para una sociedad atormentada por sus entretelas más emotivas: el infierno, el purgatorio y el cielo. Que te perdonaran los pecados mortales o veniales, pero, sobre todo, mortales, a cambio de donaciones era una ganga para los ricos. La devaluación teológica que eso suponía era, sin embargo, infinita. Si el cielo se conseguía mediante una boyante, economía, ¿para qué esforzarse en ser buen cristiano? Aunque parezca un chiste de El Jueves, digamos que, en 1509, cada devoto que realizó una donación recibió un indulgencia de 100 días por cada reliquia, lo que significaría un descuento de 1,9 millones de días a una posible estancia en el purgatorio,considerando que había 19.013 piezas sagradas. Del invento del purgatorio remitimos al libro J. Le Goff titulado El nacimiento del Purgatorio (Taurus, Madrid 1985), de desopilante lectura.

Martín Lutero lo vio muy claro y así, el 31 de octubre de 1517, clavó su libelo titulado Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias, más conocido como las 95 tesis, en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg e inició un debate teológico que desembocó en el nacimiento del luteranismo.

Volviendo a la indulgencia política del momento actual, digamos que, dado que en nuestro país no hay penas de muerte efectivas aunque sí legales, el indulto o perdón es concepto que bailotea una y otra vez a la hora de aplicar dicha pena o gracia a distintos hechos delictivos y, por tanto, a las personas que los perpetraron. Algo parecido a lo que ocurre en el confesionario. El cura te perdona en nombre de Dios. El juez o gobierno en nombre del Estado. El mecanismo, teológico o laico, es similar.

La regla sigue siendo invariable desde tiempo inmemorial. El proceso será siempre semejantee idéntico resultado más o menos cínico: unos mismos hechos serán declarados delitos o virtudes según el sacerdote o político que administre dicho perdón. Nada puede extrañar que en estos momentos de pandemia, no solo biológica, también, mental y ética, esté sucediendo lo mismo que en 1870 o en 1919, es decir, que se esté aplicando la teoría del embudo sectario a los responsables del llamado procés. Sánchez y su gobierno está por la labor de perdonar y ser indulgente, pero el PP, no. Para este, “si se los indulta o perdona, será una humillación para todos los españoles”. Así de contundente.

¡Qué memoria la de esta peña! Cuando se indultó al general Armada, tras el golpe del 23 F, un gobierno socialista en el poder lo indultó (Real Decreto 1542/1988, de 23 de diciembre), y es bien sabido que los españoles al conocer la noticia saltaron de alegría y de felicidad por dicha buena nueva y brindaron con champán al sol por dicho gesto.

Comprensible la actitud del PP. Nada menos que 20 indultos lleva el gobierno actual concedidos hasta el mes de marzo y publicados en el BOE. Tres de ellos a petición de la cofradía de Nuestro Padre Jesús el rico, de Málaga. ¿Motivos? No por razones estrictamente jurídicas o políticas, sino porque ser tradición inmemorial, confesional y católica. ¿Chamulló algo en contra Casado y cofradía de loros amaestrados?

El comportamiento de la derecha era el esperado y confirma su estrategia habitual: por derribar el poder de Sánchez, no solo es capaz de cualquier contubernio, sino de contradecirse habitualmente. ¿No recuerda, acaso, que fue el gobierno de Aznar quien concedió el indulto a Barrionuevo?

En fin, que la derecha se comporte de esta manera es algo esperable, pero ya no lo es cuando quien se opone a este indulto lo han concedido sin ningún escrúpulo, como es el caso de González y de Guerra.

Con el PSOE en el poder se concedió al ex general Armada el indulto por real Decreto como queda dicho. El texto de la concesión de dicha prerrogativa mencionaba la conformidad de la Fiscalía y a los “motivos de equidad percibidos por el Tribunal Supremo para otorgarle esta medida de gracia”. De rechupete. Asi cualquiera.

Cuando llegó la solicitud de pedir el indulto para Barrionuevo y Vera, A. Guerra, en 1998, se preguntaba, en la revista Tiempo, que cómo era posible que en “una democracia consolidada la justicia pudiera actuar tan injustamente y no concediera el indulto a Barrionuevo”. Y así pasó el 23 de diciembre de ese año. En el año 2004, González, Corcuera y Barrionuevo volvieron a solicitar al Gobierno el indulto para Vera por sus “meritorios servicios”, en el entramado del llamado terrorismo de Estado.

Ahora, en cambio, nuestra democracia parece pasar por un momento de pésima consolidación, quizás debido a la pandemia, y, en consecuencia, sería un “un acto ilegal indultar a los condenados por el 1 de octubre, tras el informe del TS” (Europa Press, 27.5.2021). Guerra dixit.

Por su parte, González asegura que las“condiciones actuales son distintas” a las de 1998 cuando Aznar gobernaba. A lo que añadió que “los políticos independentistas no han mostrado arrepentimiento”. Es verdad. ¡No se han arrepentido! ¡Serán mamones! Y, ¡ostras!,  tampoco han hecho “propósito de la enmienda”, lo que es muy de temer.

Veamos. Cuando se indulta o perdona a alguien, eso no significa que el delito que este haya cometido desaparezca. El delito, no sabemos si la culpa, también, no se borra nunca, porque el indulto no limpia la fechoría cometida, sino que queda ahí, en el rescoldo interior,  como marca registrada de la conciencia. Es verdad. Se los indultó, sí, pero el marrón adquirido no habrá Ariel ético que lo borre.Dicho de otro modo. El Gobierno los perdonó por armar el Gal, lo que siempre significará que lo armaron.

Los políticos catalanes imputados y condenados por el procés, a quienes es probable que se les conceda el indulto graciosamente, es muy probable que lo acepten por razones pragmáticas, pero nunca lo harán por razones éticas. ¿Por qué? Porque, caso de hacerlo, lo harán a regañadientes, aceptarían indirectamente que cometieron el delito por el que se los condenó. Y, por lo que se sabe, en todo momento defendieron ante la justicia que ellos no cometieron ni sedición, ni rebelión ni defraudaron al Estado en materia económica. Actitud que siguen manteniendo de forma impertérrita y sin asomo de arrepentimiento alguno.

Se comprenderá mejor lo que digo leyendo la nota al artículo sexto de la Constitución de Chile, redactada en 1980 y que, tras sufrir algunas transformaciones, es la que actualmente rige los destinos civiles de los chilenos, dice:

“Amnistía es abolición, olvido. Perdón es indulgencia, piedad. La amnistía no repone, sino que borra. El perdón no borra nada, sino que abandona y repone. La amnistía vuelve hacia lo pasado y destruye hasta la primera huella del mal. El perdón no va sino a lo futuro y conserva en lo pasado todo lo que ha producido. El perdón supone crimen. La amnistía no supone nada, a no ser la acusación. En la amnistía se recibe más y hay menos que agradecer y se recibe menos. El perdón se concede la que ha sido positivamente culpable. La amnistía a los que han podido serlo. Aceptado el perdón no queda la menor duda de que ha habido crimen. Concedida la amnistía no admite duda la inocencia. La amnistía no solamente purifica la acción, sino que la destruye. No para en esto: destruye hasta la memoria y aun la misma sombra de la acción. Por eso debe concederse perdón en las actuaciones ordinaria y amnistía en las acusaciones políticas. El perdón es más judicial que político. La amnistía es más política que judicial” (Constitución política de Chile. Nota al artículo 16).

Ser indultado o perdonado solo significa que el gobierno ha sido piadoso, porque el poder gubernamental y judicial seguirá pensando que los políticos catalanes cometieron un delito, sea el de sedición, rebelión o malversación de fondos. Y que solo gracias a la magnanimidad gubernamental podrán salir a calle, pero no respirarán de modo tranquilo.

Porque, desengáñense, mientras no sean amnistiados, seguirán con el sambenito de haber sido unos sediciosos y, tiempo al tiempo, caso de volver a la arena política, serán una y otra vez acusados de ser unos sediciosos de los que nadie podrá fiarse.

¿Indulto? Mejor amnistía