miércoles 23.10.2019
Diversidad sexual

“Me gustaría que el movimiento feminista se abriera a la realidad de las mujeres trans”

Rosa Arauzo es un referente como lesbiana mayor, feminista, defensora de la libertad sexual y de la diversidad. Nos habla de sus proyectos, entre los que destaca narrar sus 74 años de “compromiso” político, social y también espiritual

 

“Me gustaría que el movimiento feminista se abriera a la realidad de las mujeres trans”

Rosa Arauzo participó en las primeras reuniones de la redacción de AmecoPress. Sus vivos ojos lo analizaban todo, hablaba poco pero siempre lo hacía en aquellos momentos en los que era necesario conciliar posturas y abrir nuevos caminos de diálogo. Llama su atención su tolerancia, tolerancia activa, que parece nacer de un firme compromiso. Socarrona, con la capacidad de “hacerse la tonta” que dan años de batallas y de no querer apresar efímeros triunfos, Rosa quiere aportar al proyecto común del feminismo, que ella defiende también en la militancia LGTBI, en la expresión de su espiritualidad y de su sexualidad. En estos días, justo en la puerta de la redacción, la vimos en una foto gigante –en un mupi-, replicado por toda la ciudad, para anunciar el Orgullo, que este año ha estado dedicado a las mayores. “Esta tarde me voy a ver a Mónica Naranjo”, exclama entrando a la sala para que la entrevistemos. A sus 74 años la madrileña está a tope de entrevistas, de actos, de proyectos. Una de las cosas que más nos gusta es escucharla decir: ¡Quééé fueeeerte!

Rápidamente se vuelca en explicar una performance en la que ha participado, ‘El beso en la sombra’, del grupo de teatro de la Fundación 26 de Diciembre, dirigida por Luis Luque. “Tuvimos una puesta en escena en el Novele del Reina Sofia, se llenó, aquello se caía de aplausos, llantos, emociones…Cada uno hablaba de una experiencia de amor que hubiera tenido”. Y viene la coletilla, porque aún en medio de la vorágine, las desigualdades no le pasan desapercibidas: “Se grabó un video de todo aquello y las dos únicas mujeres que intervenimos en la función, una compañera trans y yo, ninguna aparece en el vídeo. Que no es mala idea, es que lo tienen interiorizado en la sangre”. Primer ¡Quééé fueeeerte!

La vida de Rosa Arauzo es convulsa. Es un proceso de búsqueda de libertad en el que ha trasgredido convenciones y límites, a veces torciendo el camino, a veces a costa de renuncias. No se ha resentido ni endurecido. Es una deslenguada cariñosa que con mucho humor narra intentando hacer pedagogía. “Soy hija de un tiempo, también”, comparte como entendiendo sus opciones nada más nacer, y las de las personas que la rodeaban. Su madre murió por un aborto provocado en casa, cuando ella tenía tres años y medio. “Cuando murió, me llevaron de luto a enterrarla, no se me va a olvidar nunca”. No conoció a su padre biológico. Su familia materna tenía pocos recursos económicos y decidieron dar a la niña en adopción a un matrimonio sin hijos en Ventas. Su familia adoptiva la trató siempre muy bien, “aunque mi madre jamás entendió mi lesbianismo”.

Expresarse

Empezamos hablando de las luces y las sombras asociadas al proceso de “salir del armario”. Arauzo estuvo casada con un hombre, con quien tuvo seis hijos e hijas, pero de quien acabó separándose porque “teníamos concepciones de vida opuestas”. Dos años después de haberse separado, Rosa se enamoró de la profesora de música de sus hijos e hijas. “La primera mujer con la que estuve me pidió que no lo contara de una manera pública, que era lo que yo quería hacer, porque temía que la echaran del trabajo. Entonces, pensé, pues esto que siento en mi corazón y que me hace tan feliz se lo voy a contar a mis amigos. Y la gente mayoritariamente me dijo que estaba loca, que cómo yo, con seis hijos, me había metido a vivir con una mujer como una tortillera…Gente que incluso había estado conmigo en el antifranquismo, ósea que no es solo una cuestión ideológica…Solo Enrique y Amelia, junto con dos o tres matrimonios que formaban parte del núcleo más pequeñito de la comunidad cristiana de base a la que pertenecía, en la zona de Ciudad lineal, me quisieron y apoyaron. Hubo gente de la comunidad que dijo que si yo seguía participando, se iban, así que decidí que la que se iba era yo…”

Pero es importante expresarse, aunque no sea fácil. “Me acuerdo de aquel hombre maravilloso, el abogado que me defendía en el proceso de divorcio, que me dijo que no podía decir al juez que estaba con una mujer porque me iba a quitar a mis hijos. Yo dije que no me iba a quitar a mis hijos nadie, porque antes de someter a mis hijos a todo ese proceso judicial, a esa tortura, se los daba a su padre. Y negar que yo estuviera con una mujer ¡para nada!”

“Luego, por mis turbulencias –fracaso amoroso, adiciones, intento de suicidio- tuve que renunciar a verlos hasta que no fueran mayores”. A la primera que vio fue a la hija pequeña, el 12 de junio de 1995, en las calles de Chueca. Empezó un proceso de acercamiento y reconciliación con cada uno de sus hijos e hijas. Ahora, la que está haciendo “reagrupación familiar”, desde Galicia, es la mayor.

Mitos y modelos

A lo largo de su vida Rosa Arauzo ha roto moldes y modelos….los ha perseguido, porque son los modelos que nos rodeaban, pero también ha sentido su crisis y ha ido más allá. ¿Qué modelos son los más dañinos desde el punto de vista de las relaciones afectivas?, le preguntamos. “Creo que lo que más daño nos hace es idealizar al otro ser humano. Poner en el otro la parte de lo que tú no tienes o crees no tener. Pero para no hacer esto, tienes que trabajar contigo, yo me tengo que trabajar, conocer, aprender a evitar las relaciones tóxicas, porque esta sociedad está montada en lo tóxico, para que no pienses, para que te puedan manejar de otra manera más sutil. Aprender todo eso, que no me han enseñado ni en la casa, ni el colegio, ni en las relaciones de amistad, es complicado…Había que hacer eso, tendríamos que tener grupos de maduración, o algo así, donde podamos ayudarnos, cuidarnos y sororizarnos”.

Espiritualidad, que no dogma

La experiencia vital de Rosa está marcada por una profunda espiritualidad. De algún modo, ha sabido rebelarse a unas religiones que coaccionan la libertad sexual y que han impuesto una escala de valores un tanto discriminatoria, pero ha reconocido la esencia, esa religiosidad más interna y conectada con una ética de comportamiento y una transcendencia. Asegura que en su trayectoria en la Iglesia Católica ha tenido “la gran suerte de haberme relacionado con gente abierta de mente, generosísimos con los demás”. Admira a las teólogas feministas y aunque la han cuestionado por los dos lados, a ella nunca le ha supuesto un conflicto ser lesbiana y religiosa. Sintetiza su peculiar modo de entender a Dios y su “legado”: “La gente que ha querido utilizar la religión para su propio provecho haciendo una arquitectura monolítica de poder es la que está en contra de la libertad del amor, cuando este Dios que nos cuida y nos quiere no hizo eso nunca. Los dogmas son una invención, y tenemos que avanzar hacia posturas donde el compromiso con el otro no sea para dominarlo. El reino de Dios no es esto, pero dentro de esto ya está el reino de Dios”.

“Sin la diversidad el mundo sería aburrido. La diversidad te abre a unas posibilidades que no te constriñen y te abre a no dejarte llevar por el dogma del pecado, que tapa otras cosas oscuras”. Ante semejante afirmación, le pedimos más explicaciones: “Cuando una Institución como la Iglesia ataca la diversidad y mete debajo de la mesa el dominio de los menores mediante la pederastia, ¿qué pretende? Hay que elegir donde quiere estar”.

Hacia quienes representan la Iglesia como institución, quienes realizan declaraciones homófobas y sostienen posturas intolerantes, Arauzo experimenta “pena”. Dice que le encantaría hablar con el obispo de Alcalá y decirle ¡relájese un poco, que no pasa nada! Que haya partidos que utilizan la política y el poder para atacar a la parte más vulnerable de la sociedad, el colectivo LGTB, le resulta “inadmisible”. Segundo ¡Quééé fueeeerte!

Falta de referentes lésbicos

Para acometer sus búsquedas, Rosa no contaba con referentes lésbicos. “Si es cierto que con los años, a partir de mi experiencia en el lesbianismo, me di cuenta del significado de algunas experiencias que tuve en la adolescencia”. A los 15 años, Rosa Arauzo estudiaba Bachillerato que le pagaba una asociación de mujeres de nivel económico a través de una parroquia. Allí tuvo contacto con una mujer, que había sido expulsada del convento por haberse enamorado de una monja. Rosa la consoló. “La mujer lloraba, sufría mucho y yo quería ayudarla. No tenía conciencia de pecado ni de que era lesbiana, para mí éramos unas amigas, no lo veía como una relación sexual. Pero como las dos teníamos el mismo director espiritual, que era una bella persona, aunque “norma”, me dijo que me tenía que separar de esta mujer. Puede ser que ella hubiera entendido la relación de otra manera”.

En la homosexualidad no ha sido lo mismo la experiencia de gais que de lesbianas. “Lo nuestro era algo privado”. Tampoco era lo mismo ser “homosexual de clase alta que maricón de clase pobre”. ¿Por qué Franco permitía la presencia en ciertos espacios, como fiestas en el Pardo, a determinada gente con pluma? Para diferenciar al homosexual del heteronormativo, mejor con pluma. Porque lo que al sistema le da un miedo atroz es no identificar al homosexual, no poder etiquetar.

Feminismo: nacimiento de una mujer diferente

Rosa Arauzo era consciente de todo esto. Luchó contra la dictadura franquista, bien desde el sector cristiano, bien desde el movimiento obrero, siempre desde la base. Pero su maduración más política la adquiere mediante el movimiento feminista. Especialmente a partir de las Jornadas de Granada, un hito que supuso “el nacimiento de una mujer completamente diferente”. Tomó la decisión de estar en el movimiento feminista independiente, que se distanciaba de las compañeras de doble militancia. “Con el tiempo he cambiado mi visión reconociendo que todas estas mujeres han contribuido, ambas, a que el empoderamiento de las mujeres sea cada vez más efectivo y pleno”, admite. “Descubrí a Victoria Sendón, conocí a Cristina P. Fraga, de AMECO, porque compartíamos local cuando participaba en el Centro de Estudios de la Mujer, se abrió una etapa maravillosa”.

El movimiento feminista, como un movimiento vivo que es, no está exento de ciertas contradicciones y posturas que a veces no logran encontrarse. Las reflexiones y posiciones que adopta Rosa Arauzo son peculiares.

“El tema de los vientres de alquiler no me gusta. No creo que sea la solución al tema de la maternidad. Primero y ante todo, los chiquillos y las chiquillas que están desahuciados, es decir, la adopción. En último extremo podría aceptar que una mujer asuma un embarazo para ayudar a alguien, pero de un modo altruista, nunca la compra de un ser humano”.

“Soy abolicionista. El cuerpo de la mujer no se puede comprar. Ahora, sí creo que se pueden hacer trabajos sexuales libremente, con condiciones que pongo yo, que soy la prostituta, que ya no me llamo prostituta, sino trabajadora del sexo”. Entonces, ¿estarías a favor, por ejemplo, del ejercicio de la prostitución a partir de cooperativas? “Sí, estaría a favor. Claro, sé que es complicado, ahora imposible, porque tenemos una visión viciada de lo que significa la sexualidad”.

Pero si hay algo que a Rosa Arauzo no le gusta es el trato que están recibiendo las personas transexuales. “No me gusta que el movimiento feminista no acepte mayoritariamente a las mujeres trans. Se basan en que, según exponen, las trans son hombres. En el fondo no creen en la transexualidad como una forma de conocimiento, de sentimiento, de corporeidad, como una identidad sino que se colocan en la visión del patriarcado, con un enfoque muy biológico y esto no es así. Es decir, tú quieres seguir hacia delante con planteamientos abiertos, pero cuando llegas a la sexualidad sigues teniendo los mismos planteamientos binarios de hombre – mujer….y esto es otra historia”. ¡Es muy fueeeerte!...y van tres.

Arauzo piensa que todavía existe “un límite pequeño pero muy jodido” que evidencia la necesidad de hacer una transformación profunda del hecho de la transexualidad con relación a lo que piensa la sociedad, la norma, lo médico. “Así que sí, me gustaría que el movimiento feminista se abriera a la realidad de las mujeres trans. Además, dentro del movimiento LGTBI las trans también son más marginadas”.

Siguiendo con las críticas y propuestas para avanzar, como feministas, aboga por incluir la diversidad de las mujeres, por ejemplo, las mujeres racializadas. “Son muchas realidades, vivimos tiempos convulsos pero maravillosos y hay que abrir la mente y no poner tantas etiquetas y fronteras”, sentencia.

Proyectos

La activista está muy implicada en el proyecto de la creación de una residencia de mayores LGTB en Villaverde, con la Fundación 26 de Diciembre. “Parece que tenemos todos los permisos para empezar a construir, lo que nos ha costado mucho”, comparte contenta. El edificio es una cesión de la Comunidad de Madrid, con un contrato blindado por 30 años. Pero ahora necesitan dinero para construir, para crearla.

Nuestros mayores LGTB sufrieron las consecuencias de la aplicación de la ley franquista de peligrosidad social -una ampliación de la ley de vagos y maleantes-, que les llevaba a la cárcel incluso por periodos de 5 años. Para rehabilitar este daño Rosa y la Fundación 26 de Diciembre quieren parir la primera residencia mundial de tipo público. “Desde la fundación podemos aportar formación”, dice, “pero la idea es que sea pública, no solo LGTB en el sentido de hacer gueto”. Y otro proyecto aprobado dentro de la cesión, es la realización de un centro día para mayores de la zona, “para aprender a convivir”.

Arauzo participa también en Mas Madrid, en el sectorial LGTBI y Feminismos. “No quiero más, lo de presentarme al Senado (en 2015 fue como número 2 por Madrid en las listas de Podemos) me ayudó a darme cuenta de que eso no era lo mío, que siempre ha sido la base social”.

Y un proyecto al que Rosa quiere dedicarse a partir de septiembre es a grabar sus memorias, para poder publicarlas. “Quiero escribir mis memorias, pero no escribirme a mí”, aclara. Con ese afán pedagógico que la caracteriza, esta feminista singular sueña con hacer una especie de legado histórico, a través de la narración de su vida contextualizada en el proceso social, cultural y político y en la que sin duda será una interesante interpretación de las cosas que sucedieron en su barrio.

¿Qué hacer con la intolerancia, con la ultraderecha? “Nosotras tenemos que tener estrategias que nos permitan hacer lo que tenemos que hacer, que para eso estamos en un estado de derecho. A lo mejor necesitaríamos un equipo de especialistas que se dedique a poner demandas y a dar respuesta a las barbaridades de estos señores, no sé. Pero que nuestra agenda no dependa de ellos y que no estemos constantemente respondiendo con el twitter. Tenemos que ayudar a la formación, en plena libertad. Contar con ámbitos de encuentro y de intercambio. Crear medios propios. Y no hay que dejar de picar piedra y de tener creatividad e imaginación para construir un mundo nuevo. Que suene que hay otra forma de vivir. Y no se trata de ir en contra, sino de incluir”.

Para Rosa, la acción social es una forma de transcender. “No estamos en el planeta para nada, estamos con una intencionalidad de construcción, de amplitud, porque tenemos también un origen”. El futuro es “prometedor”, pero requiere de nuestro “compromiso”. Entendiendo “que no todo el mundo va a tener la misma forma, pero que es necesario juntarse para construir”. “Como seres humanos tenemos un tiempo limitado. Lo que has hecho, aunque no se vea fuera, queda en ese proyecto que se va realizando en común”.

“Me gustaría que el movimiento feminista se abriera a la realidad de las mujeres trans”