viernes 21/1/22
 

A lo largo de los conflictos humanos, han sido muchos los suicidas, normalmente inútiles, que han demostrado el valor propio y el de sus compañeros mediante un suicidio muy espectacular ejecutado  ante el enemigo. Dicen que tanto un hispano ante los romanos como un romano ante los galos invasores, se rebanaron el cuello para hacer ver a los invasores la determinación que animaba su lucha y lo que les esperaba por allí enfrente. Todas, que yo sepa, acabaron en derrota y demostrando la inutilidad del exagerado sacrificio, incluidos los famosos Kamikazes japoneses que sólo consiguieron molestar un poco a los USA.

Nuestro ministro Garzón - del que no soy muy partidario, dicho sea de paso - se ha autoinmolado en un seppuku absurdo que sólo ha conseguido reforzar aquello que quería debilitar. Ni Garzón ha dicho lo que se le imputa, ni tampoco ha dicho nada que no se pueda encontrar en los planes y consejos de la UE o en los distintos programas nacionales y autonómicos del PSOE, ni el presidente Lambán tiene un ápice de razón en los ataques lanzados contra el ministro. Dicho esto, lo que sí ha cometido Garzón es una tontería mayúscula y un suicidio político nocivo para su causa.

Nos guste o no, sea conveniente o no para la agenda de los políticos de uno y otro signo, nos enfrentamos a un periodo de cambio radical en los paradigmas de consumo, producción, sostenibilidad y salubridad

Me explico: La industria cárnica, a nivel mundial, no local, es un verdadero problema de primer orden y lo es porque nos afecta de muchas maneras. Contamina de una forma insostenible - no diferencio ahora entre lo intensivo y lo extensivo -, influye, por su excesivo consumo, muy negativamente en la salud de la población; devora recursos sin tasa y sin mesura; deteriora el bienestar animal sin duda ninguna y, en general, ha rebasado los límites de la necesaria sostenibilidad. Eso, que es incómodo de aceptar, manejar y solucionar, es un hecho indubitable. (Aconsejo ver el documental de Netflix Cowspiracy).

¿Es Garzón el Quijote llamado a solventar el problema en solitario con sus superpoderes? Claramente, no. Atacar este problema es una tarea poliédrica, compleja y multilateral que afecta a varios ministerios, a toda la UE y por extensión, al mundo entero y que nos va a llevar décadas de un trabajo muy bien estructurado, muy minucioso, muy planificado en el tiempo y en los recursos consumidos y que no hay forma de solucionar desde sus limitadas competencias. Dejarlo caer como lo ha dejado caer, sin el apoyo de una acción colegiada del gobierno en su conjunto, es una irresponsabilidad que compromete y retrasa el éxito de la empresa. Así de sencillo.

Nos guste o no, sea conveniente o no para la agenda de los políticos de uno y otro signo, nos enfrentamos a un periodo de cambio radical en los paradigmas de consumo, producción, sostenibilidad y salubridad. Nada se va a quedar fuera del cambio y eso es algo que nadie, con dos dedos de frente, puede negarse a sí mismo. Otra cosa será lo que cada cual diga en público en defensa de intereses ajenos o particulares, pero en la soledad del excusado, cada cual sabe que eso es verdad, no hay vuelta de hoja.

Lo que ha hecho Garzón ha sido darle tres cuartos al pregonero y presentarse ante el populacho como la víctima propiciatoria de los intereses del enemigo encarnado en lo que se le ocurra. Y para el enemigo no ha tenido más consecuencia que reforzar sus posturas, victimizarlo y colocarlo en el lugar que nunca debe ocupar: el de sufrido objeto del ataque comunista que pretende colectivizar las granjas y expropiar las explotaciones para liberar a los cerditos en el nirvana de un mundo sin carnívoros. La simplificación que realizan los turiferarios del enemigo funciona muy bien y el mensaje queda reducido a ese simple titular que ya hemos visto impreso “Nos quieren prohibir los chuletones”.

Ministro Garzón: no sea simple y no menosprecie al contrario. Le llevan muchas décadas de ventaja y muchos millones de munición en la reserva para comprar medios, voluntades y estudios que habrá que desmontar y que, seguro, nos mostrarán a las vacas como benefactoras en la lucha contra el metano y los gases invernadero. Ya pasó con el tabaco, así que debería tener la lección aprendida y mejorar tanto la estrategia como la táctica, que hay experiencia previa y hubo que ganar muchas batallas legales y de opinión para que asumiéramos algo tan obvio como que el tabaco es malo.

Los cambios van a llegar, se van a producir poco a poco y siempre tratando de buscar salidas honrosas como la que se les facilitó a las tabacaleras para que ocuparan las posiciones lejos del tabaco comprando las grandes marcas de alimentación. Nunca antes, que no hay que matar sin dar posibilidad de salvarse y eso, el capital, lo tiene muy claro. Queda mucho trabajo por delante, muchas campañas de sanidad y de consumo; muchos debates en la UE y en el Foro de Davos, así que paciencia y asuma su propia intrascendencia para no perjudicar la lucha. 

Buscar protagonismo, con todo por cocer, sólo refuerza las posiciones que se quieren tomar. Paciencia, pico, pala, mucho trabajo en silencio, mucha coordinación, más humildad y una gran dosis de documentación para que sean sus mayores los que presenten un buen frente de batalla bien cohesionado que no precise de suicidios estériles. Además: las degollinas manchan mucho y no son estéticas.

Garzón: un suicida innecesario