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domingo. 27.11.2022

De manera inocente, algunos pensamos que el exabrupto de Ayuso contra el presidente de Gobierno, tachándolo de “ilegítimo”, y acusándolo de querer encarcelar a la oposición era una salida de tono -programada, eso sí, por su mentor Aznar a través del asesor Rodríguez-, y que podía constituir hasta un golpe de mano contra el propio Feijóo, aprovechando su ausencia americana. Pero, con la reacción de Feijóo, nos damos cuenta de que forma parte de una estrategia del propio Partido Popular.

De diversas formas, y en momentos diferentes, Alberto Núñez Feijóo acaba de dejar constancia de que se ha echado al monte. Y eso significa que está dispuesto a todo por un puñado de votos, y que como los datos van demostrando que está perdiendo apoyos en el centro, tiene que lanzarse desesperadamente hacia la recuperación de aquellos votantes que antaño estaban con el PP y se fueron buscando los planeamientos extra-constitucionales de la extrema derecha.

Su huida del acuerdo para renovar civilizada y constitucionalmente el Consejo General del Poder Judicial ha marcado un hito nuevo en su estrategia oportunista. Conlleva un reconocimiento implícito de que lo que vendió como su proyecto para renovar el Partido Popular no encaja con sectores hegemónicos de su partido, que cuentan con el control de las terminales mediáticas, y ha optado por plegarse a estos sectores. Con ello se ha convertido en un presidente títere, “desapoderado”, que a partir de ahora tratará de seguir la línea tremendista que le marcan, o tal vez competir a través de ella con gente como Ayuso, que cada vez más descaradamente le disputa la candidatura.

Lo que vendió como su proyecto para renovar el Partido Popular no encaja con sectores hegemónicos de su partido, que cuentan con el control de las terminales mediáticas

O quizá no sea Ayuso quien se la disputa, sino que ambos están metidos en un teatrillo mentiroso, tras cuyos hilos se adivina la mano impresentable, pero irrenunciable, de alguien como Aznar. Es decir: el poder de la peor cara “neocon” del Partido Popular. El declarante de guerras injustas, el fabricante de chapapote (ahora que se van a cumplir los 20 años del Prestige), el que es capaz de mentir descarada y peligrosamente sobre los autores de un terrible atentado con tal de ganar unas elecciones… Es decir: la inmoralidad política que ingenuamente pensábamos que la había inventado Trump, pero que había nacido en nuestra propia casa.

El descaro de Feijóo en cambiar de careta cuando le conviene no tiene parangón. Las afirmaciones que está haciendo en América, corroborando las de Ayuso -y siempre sin argumentar- son muestras de que él y su partido están jugando a la desesperada, y que están dispuestas a luchar por el poder como fieras hambrientas por una presa que necesitan servir a los poderosos que les dirigen desde el lado oscuro: las grandes aseguradoras sanitarias, los fondos buitre, los grandes del capitalismo financiero especulativo (no nos olvidemos de un De Guindos y de su viejo papel en Lehman Brothers, a cuya escuela pertenece)…

Están dispuestas a luchar por el poder como fieras hambrientas por una presa que necesitan servir a los poderosos que les dirigen desde el lado oscuro

Por esos derroteros se mueven el concepto de España y el concepto de patria que tienen Núñez Feijóo y quienes, dando la cara u ocultando la mano -aunque se note su sombra a través de la presencia del tal MAR- son capaces de poner el poder por encima de la Democracia, y los intereses privados por encima del bien social. Lo han demostrado en muchas ocasiones, y lo siguen demostrando hoy, cuando se les caen las caretas, o se las quitan cínicamente ellos mismos.

El pueblo que les vota les importa un bledo, porque ellos tienen sus señores para quienes y de quienes viven. Lo que sí les importa es cómo embaucar a ese pueblo. Y cuanta más truculencia le echen a la realidad y a la vida política, cuanta más basura, bulos y confusión fabriquen, mayor será la trampa y el peligro de que el pueblo caiga en ella. Hasta ahora han estado jugando la baza del apoyo de los nacionalistas al Gobierno. Un apoyo que -no nos olvidemos- supone más de un millón y medio de votos.

Un camino que les puede llevar, en caso de que lo necesiten, a la puesta en cuestión de la democracia misma

A partir de ahora, como esa cantinela ha tocado techo, y dudan de que eso les dé la mayoría para obtener el gobierno, van a verse obligados a jugar más fuerte, porque se ve que sus señores les piden resultados, quieren tocar cuenta de resultados. Por eso acaban de inaugurar una etapa más arriesgada y peligrosa para nuestra sociedad y para nuestra democracia: el mantra de la “ilegitimidad”, la siembra de las dudas sobre nuestro funcionamiento democrático. Un camino que les puede llevar, en caso de que lo necesiten, a la puesta en cuestión de la democracia misma.

De ahí al asalto del Capitolio no hay más que un paso. El paso que todos los demócratas debemos luchar con todas nuestras fuerzas para que no se dé.

Y no estoy dramatizando. Estoy solamente leyendo, lo más objetivamente posible, la jugada que ayer han puesto en marcha. Una jugada que en un principio creíamos que era sólo de la facción de Ayuso, pero que Feijóo ha confirmado con sus declaraciones que es el peligroso golpe que -posiblemente más meditado de lo que nos parece- pretende dar el Partido Popular.

Y Feijóo estaba en el ajo de la conspiración