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lunes. 08.08.2022
NACIONALIZAR PERDIDAS PARA SALVAR BENEFICIOS

Apostatar de los dogmas económicos

 

 

“Es el mercado, amigos”. Dijo Rodrigo Rato, el economista 'milagroso' de Aznar, en sede parlamentaria

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Rodrigo Rato, ministro económico de Aznar

Con esa llaneza explicaba Rodrigo Rato el devenir de las cosas determinado por una sacrosanta economía en la que debemos creer cuál si fuera un misterioso dogma, homologable a de la Santísima Trinidad.

Al perecer en su primera boda detuvieron a su padre por algún chanchullo. De casta le viene al galgo. Un ratero te puede birlar la cartera en un descuido, pero quien presume de saber un rato haciendo honor a su apellido nos hizo rescatar un banco que salió inocuo a bolsa con muy malas artes. Nacionalizamos las pérdidas para salvar los beneficios privados.


El artífice del milagro económico español con los gobiernos de Aznar, muchos de cuyos miembros acabaron en el banquillo ante los jueces por haberse lucrado afanosamente afanando cuánto podían, sigue siendo presentado por el presidente que le nombró como un gestor impecable y la condición de que fuera tan bien España. Para unos cuantos así era. La boda del Escorial parecía un paseíllo de gente que luego acabaría en los ruedos judiciales por irregularidades muy diversas. Pero debemos olvidar esa corrupción estructural y sistémica, porque logran impedir que gobierne la izquierda.

Reduciremos gastos en Sanidad y Prestaciones para trasvasarlos a Defensa

Poderoso caballero es el capital. Nunca pierde. El representante de Lehmann Brothers en España fue también ministro económico del Partido Popular y ahora es vicepresidente del Banco Europeo. Tiene un apellido que también podría prestarse a cierta chanza, por aquello del guindar, pero sería de pésimo gusto recurrir a ese sarcasmo.

Todavía nos quieren convencer de que las comisiones del Emérito están bien recibidas por el servicio prestado al país.

Entretanto los endeudados ciudadanos hacen frente a sus hipotecas en situaciones jarto precarias y los jóvenes no pueden emanciparse ni hacer planes de futuro. La inflación y la precariedad servirán como caldo de cultivo a nuevos totalitarismos que presenten líderes taumatúrgicos para resolver todos los problemas gracias al pensamiento mágico.

Para colmo acabamos de recibir al presidente Biden como si fuera el Mesías. La industria de armamento norteamericana tiene mucho que celebrar. Colocará sus naves y aviones en territorio europeo para librar eventuales batallas lejos de casa, como de costumbre.

Reduciremos gastos en Sanidad y Prestaciones para trasvasarlos a Defensa. La recién aprobada Ley de la Ciencia no contempla un aumento similar para Investigacion y en parte se podrán desviar fondos a empresas de armamento que muchas veces han cobrado por diseñar meros prototipos.

Pero aquí topamos con otro dogma indiscutible del credo ultra neoliberal. Tenemos que financiar las alianzas militares para no arruinar al amigo americano. China contempla complacida estos movimientos e intenta discretamente romper la hegemonía del dólar. La Vieja Europa se sacrifica en aras del euro.

Cuando nació República Federal de Alemania el marco alemán se había impreso en los Estados Unidos. El sueño ético-político de una confederación europea se truncó por el primado del euro. Daba igual que Grecia se asfixiara con el rescate y los ciudadanos expresaran su voluntad contraria. Tan sólo importaba mantener el poderío de una moneda que dobló el valor del marco alemán y en algunos países aplicó una inflación encubierta. Si un café costaba cien pesetas y luego un euro, había subido un sesenta y seis por ciento.

Pero es el mercado, amigos. Palabra de los nuevos dioses económicos. Habría que apostatar en masa de semejante credo. 

Apostatar de los dogmas económicos