martes 30/11/21
psoe madrid

“¿Voy bien por este camino? –Depende de adonde quiera ir, señorita- Respondió el conejo”
(de Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll).


El PSOE de Madrid ha preguntado a toda su militancia cual es su opinión sobre lo que acaece tras el chaparrón del 4 de mayo. No parecería mala idea dada la situación, pero para responder a esa cuestión se necesita resolver primero la contrapregunta del conejo. Si se quiere resolver con medidas clásicas partidarias y orgánicas la resolución de un congreso esperable a medio año vista, o se quiere atender la desolación de los 600.000 votantes del PSOE y por derivación a los otros 800.000 votantes de izquierda en Madrid que es su primera asignatura pendiente, porque muchos de sus votos perdidos de ahí proceden y porque parecen haberse acostumbrado a sus nuevas casas. Un camino conduce a unas respuestas y el otro a otras muy distintas. Y son caminos divergentes sin duda alguna, dado que el primero, en mi opinión, va hacia ninguna parte, como un no cumpleaños en elecciones venideras.

Por ello parece tanto o más imprescindible que el conocer lo que opina la militancia adscrita al socialismo madrileño, el saber lo que piensan y padecen los sufridos electores de izquierda de nuestra Comunidad Autónoma. Sí, esos en su conjunto y no solo los de la parroquia propia. Ese es un ineludible camino, porque para dar respuestas se necesitan formular primero preguntas a quienes se debe de responder con hechos y soluciones. Habrá que evitar el recluirse internamente en un apartado de autoconsumo de debates introspectivos, con las secuelas típicas de toda autocritica ya clásica en la izquierda, en formas de catarsis colectiva desesperanzas, autodestrucción y frustraciones variadas.  El llamado pesimismo de la inteligencia resulta muchas veces muy poco inteligente en política. También el la vida.

El primer deber democrático de un partido de izquierda es interpelar a sus electores para poder configurar una respuesta de futuro 

Por ello, el primer deber democrático de un partido político de izquierda es interpelar a sus electores presentes y pasados para poder configurar una respuesta de futuro creíble y generadora de esperanza. También para construir un nuevo liderazgo alejado de los cambios litúrgicos y rituales a que se nos ha venido acostumbrando en el socialismos madrileño desde hace ya 26 años. Existe un procedimiento sociológico y científico que ofrezca un resultado representativo de la situación. Se llama encuesta personal, de cuyas respuestas se puedan extraer conclusiones generales y concretas. Lo hacen desde instituciones deportivas madrileñas  a cualquier empresa que quiera hacer un estudio de mercado para implantar un producto. Y más parece que de lo que se trataría ahora es de implantar un nuevo modelo de relación con la sociedad madrileña y el voto urbano y rural asociado por parte del PSOE. Parece que es lo urgente y es lo necesario.

La segunda cuestión para encontrar el camino es conocer con qué vehículo se va afrontar esta situación. En los contratos civiles o mercantiles hay varios elementos configuradores básicos sin los cuales carecen de validez material. Son el objeto, precio, plazo y condiciones. En los contratos políticos entre electores y electos deberán de establecerse con claridad los elementos que dan validez a los compromisos. Parece necesario plantear con mucha rotundidad y simpleza el objeto de la acción política para el periodo que viene, qué diputados, qué partido y qué organización. Y configurar con ello un nuevo contrato político con todos los progresistas y gentes de izquierda de Madrid. No hay que salir a la calle. Hay que estar.

Empecemos por el objeto. ¿Se va a empezar a hablar en serio del Madrid de Vallecas, de la Puerta del Sol, de las ciudades federadas de esta ciudad territorio estado, del entorno natural, ecológico, rural y productivo del mismo? ¿O se va a permanecer con la mirada puesta en la Carrera de San Jerónimo, Moncloa o aledaños? Y no son tantas cosas ni hacen falta programas-jungla de 350 medidas en las que ya nadie confía. Seguir configurando, por ejemplo, promesas de miles de viviendas nuevas sin conocer la realidad actual, ya que los censos de viviendas por ejemplo son de 2009 es ignorancia. Hablar de puro oído sin datos y sin conocer de verdad el régimen de uso, tenencia u ocupación de toda la almendra central es tan inútil como temerario. Arengar la movilización de los pobres contra los barrios ricos con lenguajes obsoletos ya desde el siglo XX, como si de tribus urbanas de clase social se tratase, sin tener en cuenta que la abstención en determinadas zonas de alta concentración urbana y baja renta están ocupadas residencialmente por población inmigrante; una población residente que es mayoría en los tajos de las obras en construcción o en los servicios como son la hostelería y el hospedaje, es estar pero que muy alejados de la realidad. No hay que salir, hay que estar..

Es un insulto a la inteligencia pensar, solo imaginar, que unos sectores desatendidos sindical y políticamente desde mucho tiempo atrás, se van a ver subyugados por la presencia de un apellido no hispano o por el líder de los manteros. Que ya es para nota. Y estos temas muy concretos valen igual para el alquiler de vivienda, los modelos educativos, la sanidad pública y privada y el empleo en los servicios e industria. No me resuelvan la vida a su particular gusto en un papel que lo aguanta todo. Plantear cambiar el modelo productivo cuando el personal sobrevive con lo que tiene es de un despotismo ilustrado de primera. Y sin embargo cambia en un creciente liberalismo económico programado y consciente, al grito de libertad, sin que exista más oposición que el desdén de los tigres de papel en que se suceden históricamente los liderazgos de los fracasos de la izquierda a la izquierda de sí misma. Ya basta.

Continúenos con las preguntas. ¿Qué representantes públicos son necesarios? ¿Quién es capaz de responder ahora mismo sin pestañear cómo se llaman los números dos, cuatro, cinco o siete de las tres candidaturas de la izquierda presentadas al 4 de Mayo? Algunos de ellos y ellas, presentados como novedades extraordinarias, llevan en la Asamblea de Madrid, ostentando esos cargos, desde hace demasiado tiempo. ¿Son parte del problema o de la solución? Es solo una de las preguntas. Partiendo de tan mal balance sería deseable un poco de humildad en las nuevas aspiraciones. Y sin entrar en números anteriores, ahora mismo hay exactamente 58 representantes de la izquierda electos por sus 1.485.000 electores. Tocan a 25.603 electores por barba y si solo contásemos para ese trabajo con los del PSOE serían 61.875. Tampoco es para tanto, transformando eso sí la infraestructura de locales como oficinas del Diputado o Diputada sobre el territorio. Lleva un trabajo. Claro. Se supone que sueldos hay. Hay también quien se pregunta para qué sirven en el siglo XXI las casas del pueblo. Hasta los ejércitos del imperio saben lo que significa la ocupación del territorio. Pues eso. Estar en la calle es la cuestión. También hay que saber para qué.

Vamos terminando Que organización y que partido. Un viejo dirigente obrero muy conocido, que se llamó Marcelino Camacho, ponía un ejemplo inmejorable. “La vibración de un motor en una bancada sin más movimiento que su propia función vibradora  y situada en una nave en el vacío destruye la estructura de la misma y produce el derrumbamiento de un edificio entero. Eso es el aparato”, decía. No creo que necesiten más ni mejores explicaciones sobre las obsolescencias de ciertos mecanismos partidarios, que vibran más para su consumo interno y regeneración de cargos que para ponerse en movimiento y fundirse con la sociedad a la que aspiran dirigir y representar. Ilustran bastante los modelos de las partidos emergentes que decían representar la “new politic” española nacida del 15-M y sin solución de continuidad se han transformado en lo que criticaba en el siglo pasado el metalúrgico de la Perkins Marcelino. Estar en la sociedad no es salir de paseo. Un partido fundido en la sociedad es una condición imprescindible para su hegemonía en la izquierda y en el país que dirige. Hay que estar. Difícil será pero si no se quiere no se puede. Por mucho que el mantra se repita.

De manera que estas son algunas de las preguntas no demasiados exhaustivas. Desde la necesidad de un nuevo contrato político con sus electores por el socialismo madrileño como primera condición, hasta la articulación de unos pocos puntos muy concretos como estipulaciones dispuestos a cumplir. Y suficientemente claros para que la ciudadanía esté en posición de demandar sin letra pequeña y creérselo. Lo del camino al andar es muy de justicia poética y emocional. Para transformar la realidad el camino debe de estar bien definido y saber hacia adonde se va. Como preguntó el conejo.

Carlos Sotos


¿Quo vadis izquierda madrileña?


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