martes 07.07.2020
ANÁLISIS ECONÓMICO

Ideas sobre déficit, deuda y mutualización de la deuda

Foto: Consejo Europeo
Foto: Consejo Europeo

Todos los caminos llevan a Roma, dice el aforismo, y existen variadas formas de intentar mutualizar el incremento de la futura deuda en una Unión Económica que debiera ser algo más que una mera reunión de mercaderes con una moneda en común que hablan o chapurrean más o menos una lengua común. Con la necesidad de financiación desde lo público se puede estar extendiendo varios errores por parte de periodistas, algunos políticos y parte de los ciudadanos. Uno de ellos muy común es considerar que el Estado es una cosa y la Comunidades Autónomas otra. Ese error lo cometía un periodista con motivo de las preguntas que se hacen a los ministros que comparecen varios días a la semana. El otro, quizás más grave, es pensar que se puede aumentar los gastos públicos y disminuir sus ingresos sin que pase nada. Hay que decir al respecto dos cosas: que, se haga como se haga y se compute como se compute, la diferencia entre ingresos y gasto es déficit y que -y esto no parece tan evidente- los déficits, se computen como se computen, se convierten en deuda de los Estados siempre. Otra cosa es que, a los efectos de la consideración de la UE, no se compute el déficit para la exigencia -que yo sepa aún en vigor- de ese 60% de deuda máxima teórica de los Estados pertenecientes a la UE. Esa cifra no se cumple con creces y, con lo de la pandemia, se va a engordar cuantiosamente. Da igual, además, que institución y por qué mecanismo se cubra el déficit de los Estados: a los efectos económicos la deuda de cada Estado en cada momento es la resultante de la suma de los déficits del pasado. Y la deuda del Estado es una deuda generada, sin querer, por las generaciones futuras respecto a la presente en forma de menos recursos por la necesidad de pagar intereses y, si se puede, amortizar parcialmente la deuda. Sin embargo, si sumamos las deudas contraídas a consecuencia de la anterior crisis -acentuada por las políticas de austeridad- más la que se viene encima, sospecho que debemos contentarnos por mucho tiempo con pagar los intereses de la deuda.

Se habla de los coronabonos y otros eufemismos, pero la cuestión no es qué mecanismo, qué institución de la UE ni que obra de ingeniería financiera permitirá a los Estados cubrir el enorme déficit que se va a producir en las finanzas públicas como consecuencia de un mayor gasto público y unos menos ingresos y su consencuente traslación a la deuda, sino si esta última va a depender solo de cada Estado o si va a haber una quita, al menos parcial, de la misma a cargo de los presupuestos de la UE. Todo se traduce, tarde o temprano, a esa cuestión. En mi opinión habría dos mecanismos más simples de mutualizar la deuda futura que no requiere ahora mismo desembolsos a cargo de los presupuestos de la UE. Una primera sería que, ante la necesidad del aumento de los Estados la deuda inevitablemente para cubrir el déficit y para hacer una política keynesiana de gasto público (siempre que el multiplicador del mismo sea superior a uno), la UE ¡se comprometiera ahora a hacerse deudora! de parte de la deuda emitida. Por supuesto con unos presupuestos especiales, una especie de derrama en proporción al PIB de cada Estado. Otra forma equivalente sería a través del Banco Central de la UE mediante créditos con ¡intereses negativos! entregados directamente a los Estados. Ello representaría que el BCE tendría un déficit brutal, que sería cubierto mediante el mecanismo anterior, es decir, con los mismos presupuestos extraordinarios anteriores. Este mecanismo sería aún más rápido y además impediría un encarecimiento de la deuda en los mercados por parte de los especuladores. Ambos sistemas serían equivalentes y tienen ventajas respecto a lo que se propone actualmente: serían mucho más rápidos y no estimularía el aumento de la deuda más allá de lo estimado por cada Estado puesto que la UE solo se haría cargo de una parte de la deuda emitida. Eso sí, el porcentaje debería ser alto y alto también el presupuesto extraordinario -pero solo por uno o dos años- de la UE. Por supuesto supondría cambiar normas del BCE y, quizás, de la propia UE, pero eso se puede hacer en 24 horas.

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