sábado. 13.07.2024
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La defenestración de Casado es un hecho muy relevante en la ya larga crisis de la derecha española. En sustancia, el espacio político de la derecha española, unificado por Aznar y que llegó al máximo del 44,6% con Rajoy en 2011 se dividió en tres partidos. El PP de Casado se desplomó al mínimo histórico del 16,7% en 2019, poniendo en duda el futuro del PP. El desplome del PP comenzó con Rajoy y trae causa en una desastrosa gestión de la crisis económica y en los escándalos de corrupción. Precisamente, la condena del PP en uno de los numerosos juicios contra líderes de ese partido fue el detonante de la moción de censura que descabalgó a Rajoy. En los cuatro años de mandato, Casado no ha conseguido recuperar el nivel de voto del PP. Tampoco la unidad de las derechas.

Menos aún ha conseguido dotar al PP de un perfil reconocible y un discurso claro. Con Rajoy el PP ha estado más cerca del centro político que nunca, lo cual desató las nada veladas críticas de Aznar. El nacimiento de Vox, precisamente, se fundamenta en la crítica al centrismo del PP (la derechita cobarde, en frase de Abascal). La candidatura a Presidente del PP de Casado compitiendo con dos colaboradoras de Rajoy (Sáenz de Santamaría y Cospedal) aparecía como una enmienda a la etapa Rajoy, tanto en su posicionamiento político (demasiado centrismo) como en la corrupción. Casado no ganó en la primera vuelta. Y si lo hizo en segunda vuelta fue con el apoyo de una de las dos competidoras (Cospedal) al grito de «cualquiera con tal que no sea Soraya». En definitiva, Casado representa un giro a la derecha que se hace sin haber obtenido mayoría en las bases para eso.

Ahora bien, girar a la derecha y criticar el centrismo de Rajoy era dar la razón a Vox que estaba mordiendo el electorado del PP. Para contener la hemorragia hacia Vox, Casado radicalizó su discurso contra el Gobierno, pero en esa competición, Vox era el ganador y sobre todo, el PP se quedaba sin discurso coherente. En los cuatro años de Casado el PP ha estado navegando sin rumbo. Y no ha conseguido para a Vox. Dejó, además, un problema que el PP de Feijóo debe resolver. En toda Europa, los partidos conservadores tradicionales se niegan a pactar con la extrema derecha porque la consideran el principal peligro para la democracia y para la unión europea. Pero en algún caso (Italia) han alcanzado acuerdos. Mientras Vox ha sido poco relevante, el PP podía ir bandeándose, pactando apoyos pero sin meterles en gobiernos. Ya no podrá seguir así porque Vox se ha convertido en la tercera fuerza política y quiere cacho en los gobiernos.

Casado no se ha ido. Lo han echado. No lo han defenestrado por sus reiterados fracasos al frente del PP sino por denunciar el lucro, en lo peor de la pandemia, del hermano de la Presidenta de la Comunidad de Madrid

Finalmente, Casado ha tratado de estabilizar su precario liderazgo, colocando peones suyos en puestos claves y desplazando a las personas más relevantes en la etapa Rajoy. Lo ha conseguido sólo parcialmente. Además, se equivocó catastróficamente en la selección de personal. En especial, escogió a Álvarez de Toledo (una crítica enloquecida de Rajoy) como portavoz del Grupo Parlamentario y a una desconocida, una tal Ayuso, para hacerse con la Presidencia de la CM. Ambas se han convertido en sus más furibundas enemigas a tal punto que ha sido Ayuso quien ha detonado la bomba que ha tumbado a Casado.

Todo eso explica que Casado no ha conseguido consolidar su liderazgo al frente del PP en estos cuatro años y que la idea de que «con Casado no ganamos» se convirtiera en tendencia en el PP. Por eso no ha resistido al ataque de Ayuso y, abandonado por todos, se ha visto abocado a tirar la toalla. El espectáculo de la traición de un día para otro y en masa de casi todos los «suyos» es uno de los menos edificantes que se haya visto en la política española.

Pero lo que resulta bochornoso y preocupante es el incidente que detona la crisis. La urgencia por adquirir material sanitario ha sido ocasión propicia para que algunos hayan hecho su agosto con la pandemia vendiendo a precios exorbitantes el material que se necesitaba con urgencia. A una escala menor, otros han hecho dinero comprando aquí y vendiendo allá. Para hacer un negocio así lo único que se necesitan son buenos contactos aquí y allá. ¿Y qué mejor contacto, aquí, que tu propia familia? Seguramente comprar mascarillas en China y venderlas a la Comunidad de Madrid a través de la empresa de un amigo puede que sea legal. Pero no es decente. Lucrarse en medio de la pandemia aprovechándose de los lazos familiares es mucho más repugnante y escandaloso que la Gürtel, la Púnica y los trajes de Camps . Este no es un asunto que se debería dirimir en un juzgado, como dice Feijoo, sino por la dirección del partido, de un partido que reclama haber dejado atrás las infinitas corruptelas que han marcado y ensuciado la etapa de Rajoy. Por eso, es realmente pasmoso que se defenestre a Casado por denunciar, como lo hizo, el lucro del hermano de la Presidenta de la CM comprando mascarillas en China y vendiéndolas a la CM. Dicho en breve, se castiga al que denuncia la corrupción y se ampara al corrupto. Claro que en eso Aguirre sentó un precedente, expulsando del partido a los dos concejales de Majadahonda que se atrevieron a denunciar la corrupción en ese Ayuntamiento. Ahora Ayuso pide que se expulse del partido a quienes se atrevieron a investigar el negocio de su hermano.

En resumen, Casado no se ha ido. Lo han echado. No lo han defenestrado por sus reiterados fracasos al frente del PP sino por denunciar el lucro, en lo peor de la pandemia, del hermano de la Presidenta de la CM. Lamentable.

Y ahora viene Feijoo. En cierto sentido, Feijoo es la antítesis de Casado. Feijoo viene de ganar cuatro veces por mayoría absoluta en Galicia. Casado, las había perdido todas. Feijoo ha contenido el ascenso de Vox en Galicia: ni Vox ni Ciudadanos tienen escaños en el Parlamento Gallego. Feijoo es un pragmático que cultiva un discurso más bien centrista. Cabe esperar, pues, que con Feijoo el PP recupere un perfil más centrado y más reconocible.  Pero eso es ir en sentido contrario a donde van las derechas en Europa y en EE UU. Por eso creo que Feijoo lo tiene muy difícil. Y, porque, además, ya hay en su partido quien quiere ser la Trump española.

La defenestración de Casado