jueves 3/12/20
PANDEMIA CORONAVIRUS

La crisis sanitaria, la microeconomía y la resiliencia

Asistimos estas últimas semanas a manifestaciones de diversos  sectores de comerciantes, de dueños de bares, discotecas, algunos de la cultura, de profesionales, etc., con una petición: QUEREMOS AYUDAS. Las diversas actividades económicas de los manifestantes e incluso la diversidad de los comportamientos cívicos y sociales de cada uno de ellos, nos obliga a matizar. Es evidente que la pandemia está suponiendo, y va a seguir suponiendo, una pérdida económica para el conjunto de nuestro país. La primera matización, sin embargo, es que no todos pierden, ni todos los que pierden, pierden lo mismo.¿Qué va a ser de los inversores en pisos turísticos? ¿Y de los accionistas de laboratorios farmacéuticos?

Se están produciendo, y probablemente van a producirse, cambios drásticos en el consumo y la demanda de algunos sectores de actividad económica, actualmente relevantes, y la oferta necesariamente va a tener que adaptarse a esos cambios. Las políticas económicas públicas de todas las administraciones van a modificar la dedicación de sus recursos y  las fuentes de sus ingresos. Todo ello, si los cambios son significativos y no coyunturales, va a traer consigo cambios en los insumos sectoriales y en las relaciones económicas entre sectores y se verá reflejado en las tablas input-output. Evidentemente, esos cambios microeconómicos van a producir, por su peso y diversidad, cambios macroeconómicos.

Promocionemos la fusión, ahora tan de moda: Abramos librerías, cerremos tabernas[6]. Creemos librerías-tabernas

Esa etapa de reencuentro de nuevos equilibrios va a producir efectos prácticamente instantáneos en la actividad de algunos sectores. En unos con el decaimiento de su actividad y en otros con su expansión. Aquellos más dramáticos y estos más estimulantes. Para definir la velocidad y la capacidad de adaptación de una sociedad se ha utilizado últimamente el término resiliencia,   procedente, como otros muchos, de la tecnología de materiales y de la industria, tan marginada hoy. Interpretado dialécticamente, y no como capacidad para volver a la situación de la que venimos sino de superarla en otro estadio, me parece adecuada. Resistir y actuar. El Resistiré de Carlos Toro se ha convertido, acertadamente, en el himno más popular de resistencia, de una resistencia para superar las dificultades en positivo, no para volver a lo anterior. Como en el boxeo o en el tenis se trata de aguantar los golpes del adversario y atacarle y responderle. El quejío no sirve.

Vamos a asistir a una nueva reconversión económica y esta no la va a ejecutar Solchaga. La provoca la pandemia. Y va a afectar a la economía en su conjunto y tiene su origen en cambios sociales significativos y múltiples. Pero el cierre de comercios en ciudades, muchas de ellas importantes, del interior del país es  muy anterior a la pandemia y viene de lejos, con el despoblamiento.

El espíritu del hombre económico moderno[1] le lleva personalmente a no perder nunca y, si es posible, ganar lo máximo, en las peores circunstancias. Ese espíritu, propio de la burguesía, se ha ido extendiendo a sectores muy amplios de la sociedad. Algunas religiones, organizaciones cívicas y últimamente ONGs, junto con multimillonarios de la Lista FORBES, tratan “de devolver a la sociedad parte de lo que de ella han recibido”. Con ello se trata de “compensar” parcialmente este espíritu del gen egoísta que nos ha trasmutado la epigenética capitalista, por medio de la limosna, no de la justicia.

Por otra parte, los poderes políticos diseñaron, desde su más tierna infancia, métodos de exacción fiscal que permitieran mantener el poder. Y en el Estado social contemporáneo costear los diversos gastos públicos básicos, y con los sistemas fiscales progresivos ir reduciendo las desigualdades entre sus ciudadanos. Los derechos a la salud, a la educación, a la vivienda, a las ayudas en situaciones de catástrofe, a los discapacitados, a los pobres, etc. A este sistema se le denomina justicia distributiva.

A este reparto, y por diversos métodos arbitrarios, se han unido sectores que con cargo a las arcas del Estado obtienen subvenciones discutibles o directamente no pagan impuestos, no incorporan el IVA a sus facturas, no pagan las cuotas que les corresponden de la Seguridad Social[2], realizan ingenierías financieras sofisticadas, invierten en paraísos fiscales, -no nos acordamos ya de los famosos Papeles de Panamá- y se acogen a amnistías fiscales oportunas[3]. Hay una especie de objeción fiscal encubierta o expresa, pues hay mucho repetidor con sentencias judiciales[4]. Hay que adelgazar el Estado hasta dejarlo escuálido, dicen.

Como hemos visto desfilar por los medios de comunicación, prácticamente los incívicos están incorporados en todos los sectores de la sociedad y se benefician más, como siempre, los que más tienen. Sin lugar a dudas algunos de los que se manifiestan cumplen la condición de incívico. Camuflados adecuadamente, “valientemente se esconden, gallardamente se escapan ……[5] Ahí tenemos a los abascales sin declarar su chalecito como diputado, mientras orquesta algaradas en el domicilio familiar de Iglesias. Ahora vienen al olor de los 140.000 millones de las ayudas de la UE. Pero este método inmoral lo han ido normalizando socialmente las derechas. Tal es la hipocresía, que Abascal cita a Goebbels, identificándolo con la izquierda. Se practica tanto que nuestro licenciado Casado lo puede introducir como fuente consuetudinaria de derecho.

Desde el punto de vista político, el electoralismo y la sociología opinática han consolidado un régimen de democracia clientelar. No debemos de sustituir el viejo caciquismo por la moderna cacerolada. Lo hizo Francisco (el Pocero) alentando a “sus trabajadores” contra el digno alcalde de IU de Seseña.

La nueva situación de no ser provisional, y tiene visos de no serlo, nos ha de obligar a replantearnos nuevas formas de vida, de trabajo, de actividad. En un artículo de principio de la pandemia escribí que se equivocan los que plantean como óptimo volver a la situación anterior. Es el momento de cambiar. Todos los días nos hablan de una minoría de personas que han decidido hacer frente a la nueva situación, cambiando: de vivienda, de vida, de forma de trabajar, de actividad, de moverse, de alimentarse, de relacionarse, de consumir, de estudiar, de utilizar sus habilidades. El covid 19, sólo ha acelerado procesos que estaban en marcha. El Estado debe de ayudar para facilitar esos cambios, no para mantener y sostener lo caduco, lo que no tenía futuro. Habíamos tocado techo en bares, discotecas, turismo cutre, botellones, consumos de tiempo, en contaminación.

Que inventen ellos, forma parte de otra de nuestras raíces culturales. Al margen de contadas excepciones, se han alabado más nuestras dotes para la diversión, el ocio, la imaginación y fantasía que para las habilidades, la curiosidad, la investigación y las aplicaciones prácticas.

España fuerte y bravía, diez millones de tabernas y una sola librería. Al parecer las librerías no han perdido tantos clientes como las tabernas, en esta pandemia, Promocionemos la fusión, ahora tan de moda: Abramos librerías, cerremos tabernas[6]. Creemos librerías-tabernas. Proyectemos con imaginación librerías con espacios para la conversación, para la lectura, para el desayuno tranquilo con periódico, para el aperitivo, para el té de las cinco. No es original, ya existe en nuestro vecino Portugal y aquí (un saludo para Santiago de Sin Tarima). Que han fracasado, dirán algunos. No era su momento, probablemente. Y a esos les pregunto ¿Cuántos bares han fracasado? En todo caso, se trata de un ejemplo simplista, pero el fondo no lo es. Reinventémonos. Es un término con un significado renovado, reinventado, que ha adquirido un nuevo valor, un nuevo uso y un mayor consumo.

[1] SOMBART, Werner. El burgués. Madrid. Alianza Editorial. 1972.

[2] Según GESTHA la Economía sumergida supone en España alrededor del 25% del PIB., 10 puntos por encima de la media del resto de los países de la Eurozona entre impuestos y cuotas de la Seguridad social defraudados. Actualidad  Gestha.  3.11.2019

[3] Expansión. 3.11.2019. Diferencias en la presión fiscal respecto a la media de la UE. GESTHA

[4] La lista de morosos fiscales del 2020, de más de un millón de euros, con la Agencia Tributaria, asciende a 3930 y la cantidad adeudada a 14.200 millones de euros. Agencia Tributaria. 1.10.2020

[5] Miguel Hernández, ahora que nos lo quieren quitar.

[6] Para los que deduzcan que tengo un prejuicio sobre tascas, bares, mesones, cervecerías, cafés están completamente equivocados. La larga y positiva tradición de estos espacios en nuestro país debe de ser entendida y reconocida. Cuando se cerró el famoso Café Comercial escribí dos artículos en Nueva Tribuna, reclamando su mantenimiento. He organizado tertulias, con cocido incluido, durante varios años en dicho Café. He tenido un gran cariño y afecto a muchas tascas de mi antiguo barrio, Lavapiés, y he sido gran amigo de alguno de sus taberneros: César de Casa Montes, Revuelta, El Boquerón, Antonio Sánchez. Visito muchos bares y tascas antiguas de Madrid y me encuentro en ellos feliz. He mencionado en varias ocasiones a Don Antonio Bonet Correa, recientemente fallecido, y su discurso de entrada en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y posterior libro,  Los cafés históricos. “Sin la existencia de los cafés, no se puede comprender el espíritu europeo, la libertad y la democracia, el intercambio de ideas y corrientes diferentes tanto en el terreno de lo político, como en el de lo literario y artístico”. La importancia social y política de esos espacios para la reunión, la conversación, el debate sereno o vehemente, no ha tenido competidor en nuestro país. Como analiza en su libro Orden público y  militarismo en la España constitucional (1812-1983), reciente y oportunamente reeditado, el profesor Ballbé Mallol, el derecho de reunión en España no fue reconocido ni por los absolutistas monárquicos ni por los liberales. Ese es el origen de la importancia y la presencia histórica de las tascas, colmados, mesones, bares, cafés cantantes, cafés, en nuestro país. Todo lo cual no justifica hoy el hipertrófico crecimiento de determinadas actividades vinculadas a otros hipertróficos crecimientos: el del turismo destructivo  y el ocio vano. Moderemos y  reordenemos el desarrollo de estos sectores e invirtamos, estimulemos y facilitemos el desarrollo de sectores que necesitan estrategias a largo plazo pero con más independencia de coyunturas y más rentables socialmente. El ejemplo más a mano: la investigación. Por cierto en el fútbol va haber recortes, ¿Nos pedirán ayudas?

La crisis sanitaria, la microeconomía y la resiliencia