martes 30/11/21

La lectura del artículo espléndido titulado El mito de la Europa democrática de Marc Peguera Martínez me ha llamado extraordinariamente la atención.La idea básica expuesta es que la construcción de la Unión Europea no fue obra de la participación de la ciudadanía, sino de las élites. Lo cual no es un procedimiento muy democrático.

Nos dice Marc Pequera que según Cornelius Castoriadis desde un punto de vista etimológico, demokratia significaba «dominación de las masas» pero puntualizaba que «el dominio real es el poder decidir por (uno) mismo sobre cuestiones esenciales y hacerlo con conocimiento de causa» y que ahí, en el conocimiento de causa, «se encuentra todo el problema de la democracia».

Evidentemente, el conocimiento de causa está íntimamente relacionado con la participación política, pero se trata de algo difícil de analizar porque, más allá del activismo y la militancia, más allá del grado de participación de cada individuo, nos enfrentamos al espinoso debate sobre la información y los medios de comunicación, que son el eje alrededor del que gira ese conocimiento de causa. De algún modo, los medios de comunicación coagulan la representación en forma de conocimiento. Allí donde la participación directa no es posible necesitamos estar informados y el necesario papel de canal de transmisión de la información lo juegan los llamados medios. La representación de la ciudadanía se materializa en los representantes políticos, mientras que la representación del conocimiento está en buena medida en manos de los medios, que podríamos entender idealmente como representantes comunicacionales.

Si los representantes políticos se la juegan en las urnas, ¿qué sucede con los representantes comunicacionales? ¿Dónde se la juegan los medios o, dicho de otro modo, a quién responden? Es una idea capital, la idea de respuesta, que no es más que la idea de rendir cuentas. En un sistema mínimamente democrático los representantes políticos deberían rendir cuentas ante sus electores, ante la ciudadanía. ¿Podemos decir que sucede tal cosa con los representantes comunicacionales? No parece que los medios de comunicación respondan ante la ciudadanía.En todo caso responden ante sus propietarios, que casi sin excepción son una pequeñísima parte de dicha ciudadanía. El sufragio comunicacional, si se nos permite decirlo así, es censitario. La independencia de los medios llegará hasta ese punto en el que no perturbe a sus dueños. Un sistema de comunicación, o de medios, democrático debería garantizar la optimización de su representatividad comunicacional. El debate en este terreno permanece abierto.

Todo este prólogo se justifica por el papel que han desempeñado los grandes medios escritos, radiofónicos y televisivos, como Mediaset y Atresmedia, la Cope, Onda Cero, Cadena Ser, el País, El Mundo, La Razón, Abc, además de otros, en los resultados electorales que han propiciado el triunfo incontestable de Isabel Díaz Ayuso. ¿La sociedad madrileña con este sesgo informativo unilateral de los grandes medios ha podido participar en las recientes elecciones del 4-M con el adecuado y suficiente conocimiento de causa?  ¿O, dicho de otra manera, la sociedad madrileña ha podido acceder al conocimiento a todas las decisiones políticas ejecutadas estos dos años por Isabel Díaz Ayuso? Yo no entro a cuestionar los resultados electorales. La ciudadanía puede votar lo que le parezca oportuno de acuerdo con su criterio personal y la información que haya querido seleccionar.

No obstante, me parece oportuno reflexionar sobre el artículo 20.1 de nuestra Carta Magna en el que se reconocen y protegen los derechos: a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. b) A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica. c) A la libertad de cátedra. d)A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. Para analizar tal artículo me basaré en la sinopsis realizada por Ascensión Elvira Perales, Profesora Titular. Universidad Carlos III.

Especial incidencia cuenta la formulación de las libertades de expresión e información (párrafo 1, apartados a) y d), respectivamente), libertades no siempre fácilmente distinguibles, pero que es necesario matizar para hacer plenamente operativos los mandatos constitucionales; de esta forma, la libertad de expresión hace referencia a la libertad para comunicar pensamientos, ideas, opiniones por cualquier medio de difusión ya sea de carácter general o más restringido (pasquines...), aunque se garantice una especial protección en el primer caso. Por su parte, la libertad de información se refiere a la comunicación de hechos mediante cualquier medio de difusión general, esto es, la libertad de expresión conlleva un matiz subjetivo, mientras que libertad de la información contiene un significado que pretende ser objetivo. Evidentemente expresión e información con frecuencia no se dan separados, sino, por el contrario, unidos puesto que con las noticias es frecuente intercalar opiniones propias del informador. De esta forma se considerará que nos enfrentamos a una manifestación de la libertad de expresión o, por el contrario, de la de información de acuerdo con el carácter predominante del mensaje. El precepto constitucional exige la veracidad en el caso de la información, lo cual se ha interpretado como necesidad de veracidad subjetiva, es decir que el informante haya actuado con diligencia, haya contrastado la información de forma adecuada a las características de la noticia y a los medios disponibles (según han señalado diferentes sentencias constitucionales) puesto que de exigirse una verdad objetiva eso haría imposible o dificultaría en extremo el ejercicio de la libertad de información.

Podríamos poner numerosos ejemplos en los grandes medios de informaciones no veraces, que han podido condicionar la voluntad del voto de los madrileños. No cuestiono, están en su derecho, aunque no me parece muy ético desde el ámbito de la información, el que hayan priorizado determinados acontecimientos como la construcción del Hospital Isabel Zendal en perjuicio de otras mucho más importantes, como los millares de muertes de ancianos en las Residencias gestionadas directamente por la Comunidad de Madrid o subcontratadas a grandes fondos de inversión. Lo que ya es un incumplimiento manifiesto del ordenamiento constitucional el presentar por parte de los grandes medios informaciones no veraces, es decir, que el informante no ha actuado con diligencia, no ha contrastado la información de forma adecuada a las características de la noticia y a los medios disponibles.El ejemplo más claro es el de Ana Rosa Quintana, que presenta el programa más visto de las mañanas, al difundir que el responsable de las residencias de ancianos en Madrid era Pablo Iglesias y no la señora Ayuso. Pablo Iglesias replicó que tal mentira se puede desmontar leyendo el BOE. Se podrían poner otros muchos ejemplos como estos de informaciones no veraces, que al ser difundidas en los grandes medios es inevitable que condicionen los resultados electorales. Y no solo los resultados electorales, hay otras secuelas mucho más graves, como que Iglesias fuera amenazado de muerte como consecuencia de tal acusación.

Los grandes medios son muy hábiles.  Nos venden pluralidad y neutralidad y es falso, aunque gran parte de la sociedad ha asumido esa mentira. Les molesta que se saque a la luz esa realidad-quien tiene la osadía de hacerlo lo califican de dictador y enemigo de la libertad- porque ven en riesgo su posición de poder e influencia y es muy goloso manejar la opinión pública y las decisiones políticas como para ceder esa capacidad de control. Cuando aparece un conflicto cualquier información relacionada va a ir en una dirección u otra; pero siempre favorecerá a un bando en detrimento del otro. Ya sabemos en estos grandes medios cuál es su orientación.Podemos verlo en el tratamiento de la crisis humanitaria en Ceuta y Melilla ya que inciden sobre la torpeza de la diplomacia del gobierno de Sánchez como causa de su desencadenamiento y pasan de puntillas sobre la responsabilidad de Marruecos.  En el informativo de mediodía de la Cuatro de hoy día 22, presentado por Roberto Arce, lo fundamental de la noticia ha sido lo siguiente: “Las relaciones hispano-marroquíes siguen en el atolladero y la ministra de Asuntos Exteriores guarda silencio sobre las últimas declaraciones de su homóloga desde Rabat. En un acto de los socialistas vascos, González Laya se ha limitado a pedir a Marruecos que sea corresponsable en la gestión del fenómeno migratorio. Ayer, la embajadora, Karima Benyaich, llamada a consultas este martes, se pronunció por primera vez sobre la crisis con España. Y lo hizo con una advertencia: si el líder del Polisario sale de España como entró, es decir, en secreto, las relaciones entre ambos países irán a peor. El líder saharaui, Brahim Ghali, llegó al aeropuerto de Zaragoza el pasado 18 de abril en un avión medicalizado. Aterrizó en la zona militar. Varios medios coinciden en que no hay registro de que pasara por ningún control fronterizo, ni aduanero, así que se desconoce si llevaba pasaporte y de dónde era. En ambulancia y fuertemente escoltado por Guardia Civil llegó al hospital de Logroño, donde ingresó, según publica el diario digital 'NIUS', como un extranjero de nacionalidad desconocida, con número de pasaporte no contrastado y nombre falso, el de Mohamed Bembatouche. Ghali tiene causas pendientes en la Audiencia Nacional por delitos como detención ilegal, torturas o terrorismo. El juez Santiago Pedraz ha citado a declarar a Ghali el próximo 1 de junio”. Tal informativo, ¿a quién defiende a España o a Marruecos?

Y podíamos recurrir a un artículo que lleva la firma del gran Marhuenda titulado “La venganza de un rey”, que claramente se inclina por Marruecos: “El tema del Sahara es fundamental para Marruecos. Es una línea roja que debería conocer la ministra de Asuntos Exteriores. La decisión de autorizar la presencia en España de uno de los peores enemigos de un país amigo como Marruecos es tan incomprensible como injustificable. Ha sido muy interesante comprobar los ataques que ha recibido nuestro vecino del sur por parte de todo el entramado pijo-progre en contraste con las pocas críticas que han recibido las devoluciones en caliente”. Bien Marhuenda,¡vaya ejemplo de patriotismo!

El señor  Marhuenda debería saber cómo señala el periodista Luis Granell y autor del libro “Regreso al Sahara” que Brahim Gali fue ciudadano español durante muchos años y que, como tal, disponía de un DNI idéntico al que usábamos antes de 1977;  que sirvió en el Ejército español, concretamente en la Agrupación de Tropas Nómadas, y no obligado por el servicio militar, sino como tropa profesional; que dejó su puesto en el Ejército cuando sus convicciones independentistas le llevaron a participar en la primera movilización de este signo, de carácter nacionalista moderado, que se registró en la colonia española ya en 1970; y  que sufrió prisión por esta y por otras movilizaciones posteriores; que fue uno de los fundadores del Frente Polisario en 1973;  que participó en algunas acciones armadas de dicho Frente, pero también en las negociaciones que realizó con el entonces gobernador general del Sáhara, Gómez de Salazar; que fue ministro de Defensa del primer gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada el 27 de febrero de 1976; que la RASD ha sido reconocida nada menos que por 84 países del mundo, todos pobres, por cierto, pero algunos tan importantes como India, México o Irán; que fue el representante del Frente Polisario (no de la RASD porque, para vergüenza nuestra, España no la ha reconocido) en España de 1999 a 2008 y, posteriormente, embajador ante Argelia;  que fue elegido presidente de la RASD, o sea, jefe de Estado, el 9 de julio de 2016. Y lo que es obvio, que España tiene plena soberanía para decidir la atención sanitaria a alguien por razones humanitarias, o por las que considere oportunas. ¿Hay que pedirle permiso al Rey de Marruecos?

Cuando se decide no hablar de un tema y dar preferencia a otros, también están escogiendo y dando prioridad a una noticia sobre otra. ¿Por qué se habla de Venezuela mucho más que de los desahucios, la precariedad, cortes de luz, los sueldos de los banqueros, de la reforma fiscal, del buen funcionamiento del curso escolar y del proceso de vacunación, que son hechos que nos afectan a un mayor número de personas? Porque los bancos y empresarios que manejan los medios de comunicación deciden qué temas son noticias. Porque, además, alimentando determinados conflictos es más fácil para ellos generar políticas de emociones y ganar votos mediante el populismo y la confrontación.

Estos medios tienen una extraordinaria capacidad de influencia. Nos han convencido de que La Sexta es de izquierdas y Antena 3 de derechas, cuando tienen los mismos dueños Ferreras y Griso, ya que trabajan para los mismos. Y no tienen otra opción que decir lo que dicen, por mucho que quieran aparentar de pluralidad. ¿Por qué? Ahora me viene a la memoria la frase de Upton Sinclaire “Es difícil que un hombre entienda algo cuando su sueldo depende de que no lo entienda”.

Tienen tanto poder que pueden contrariar o delimitar la soberanía expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia, de ahí que el profesor Luigi Ferrajoli en su libro Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional, los denomine poderes salvajes. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega: “Tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez, una gran resistencia a las imposiciones del poder político”. Pueden forjar o derribar a su libre albedrío el liderazgo en un partido político con encuestas, editoriales, artículos de opinión, selección de determinadas noticias. Acabamos de verlo. Y lo ha expresado muy bien Antoni Puidverd el pasado lunes día 17 en La Vanguardia en el artículo “Iglesias, Damnatio memoriae”: "Nada me inclinaba a Iglesias. Ni el populismo de raíz latinoamericana, ni el resentimiento contra el Régimen del 78. Pero encarnaba con sinceridad un malestar que parece provocar indiferencia a los partidos y élites de nuestra sociedad. El radicalismo de Iglesias ponía el dedo en la llaga. La mejor manera de combatirlo era curar la llaga: reformar el país. Se ha preferido la destrucción del personaje. Le han cazado como a un jabalí, rodeándole durante años de una impiadosa jauría mediática. La memoria del personaje de Iglesias ha sido cancelada como la de Catilina. Ahora bien: ha muerto el perro, no la rabia: el malestar de los jóvenes. Iglesias se ha cortado la coleta, pero la democracia sigue enferma".  Y dice bien Puidverd a Iglesias, le han cazado como a un jabalí, rodeándole durante años de una impiadosa jauría mediática... ¿Cuál será el siguiente? Yolanda Díaz, Pedro Sánchez... Esto los que somos militantes del PSOE deberíamos tenerlo en cuenta.Yo me acuerdo del " Cuando vinieron a por mí no había nadie para protestar" de Bertolt Brecht, aunque parece ser que es del pastor luterano Martín Niemöller.

En el conocimiento de causa "se encuentra todo el problema de la democracia"