viernes 17/9/21

La resaca del 'procés'

El 'procés' está moribundo pero ha dejado profundas fracturas en la sociedad catalana.
proces

No hay duda de que el denominado “procés” está en caída libre. Lo que lo hace más evidente es el cambio en el paisaje urbano con la desaparición del 90% de la simbología independentista de las fachadas y las calles. Lo cual es aún más evidente en los edificios públicos del Gobierno de la Generalitat, de los balcones y ventanas de todos los edificios de los departamentos gubernamentales han desaparecidos los lazos amarillos y otros elementos que, de forma antidemocrática, pretendían patrimonializar para un sector los edificios públicos.

La oleada independentista dirigida e impulsada desde las instituciones de la Generalitat y sus medios públicos o subvencionados ha iniciado un declive imparable. ¡Sí, la utopía que se había prometido no era posible!

El panorama social de Cataluña no ha recuperado la normalidad, a pesar de las apariencias. La ruptura social producida por el “procés” continúa en el interior de la ciudadanía de Catalunya. Los independentistas hoy en su gran mayoría están frustrados, confundidos y con un sentimiento de derrota, incomprensión, pesimismo y tristeza hacia la situación actual. No se explican qué ha pasado con las promesas que se les hacían de una independencia a tocar con los dedos hasta la situación actual. Los dirigentes independentistas de todos los colores no han dado ninguna explicación, solo palabras vagas y promesas no creíbles. Ninguno ha dado una explicación al fracaso de un aventurismo que no podía llevar en ninguna parte. Ninguna explicación de un engaño colectivo por parte de sus responsables. Ninguna explicación de las razones de una ficción en la que creyó una parte del país. Tampoco ninguna explicación de las consecuencias negativas que para la sociedad catalana ha tenido esta “aventura” en términos de degradación de la convivencia, de regresión en el autogobierno y en la cultura democrática. Sin hablar de las consecuencias económicas, de deterioro de los servicios públicos y de todo un espacio de tiempo de mal gobierno por no decir de desgobierno.

Por parte de la ciudadanía no independentista, al margen de una sensación de liberación, continúa manteniéndose una desconfianza hacia los actuales gobernantes de Catalunya que solo les han provocado sentimientos de miedo y de discriminación al pretender situarlos fuera de una supuesta “catalanidad”. Desgraciadamente esta situación provocará durante un buen periodo tiempo cierta indiferencia cuando no alejamiento, en mayor o menor grado, respecto a las instituciones de autogobierno y de los símbolos que fueron de todos antaño.

En Catalunya se ha roto el sueño de una sociedad unida

En Catalunya se ha roto el sueño de una sociedad unida. En estos momentos no hay el sentimiento de “un solo pueblo” ni de “las luchas compartidas” vivido durante la lucha por la transición democrática en Cataluña dirigida e impulsada bajo la dirección de la izquierda y la hegemonía del PSUC y la Asamblea de Cataluña. Los políticos independentistas, todos ellos, han impulsado el fraccionamiento social entre los “catalanes de verdad” es decir los independentistas y el resto, excluidos del “paraíso independentista”, e incluso denominados despectivamente a veces como “colonos”, herederos muchos de ellos de la inmigración que tanto luchó por la recuperación de la democracia y de la cultura, la lengua catalana y el autogobierno de Catalunya.

Después de todos aquellos afanes ahora han sido insultados cuando no injuriados por aquellos que sin ninguna razón ni vergüenza han querido apropiarse del derecho a decidir quién era o no catalán.

El “procés” por suerte está moribundo pero ha deja profundas fracturas en la sociedad catalana. Y esta situación tiene unos responsables que ahora intentan pasar página sin afrontar su responsabilidad frente a toda una población, una parte de la cual les ha creído y está ahora desconcertada o confundida mientras la otra parte que ha sido ofendida y discriminada precisa de una reparación.

Sería necesaria una profunda catarsis para intentar superarlo. Haría falta que los responsables de este periodo, negativo para el conjunto de la sociedad catalana, fueran capaces de hacer una autocrítica y dar una explicación tanto a los que los siguieron en el “espejismo” de la independencia como a los que se sintieron agraviados. Sería precisa y necesaria esta explicación pero parece que eso será imposible.

Hoy la ruptura dentro del mundo independentista es múltiple, la división entre las diferentes corrientes se hace evidente no solo entre partidos sino dentro de los partidos. Y esto les impide hacer el necesario “mea culpa” y aceptar los errores cometidos. Aceptar y decir al conjunto de la sociedad catalana que actualmente ni a nivel de Catalunya, ni de España ni en el marco europeo la independencia era posible. En Catalunya el proceso ha comportado división social interna que no ha hecho más que debilitar el sentimiento de pertenencia de buena parte de la sociedad catalana. En el ámbito del Estado se ha demostrado la incapacidad de confrontar con éxito el enfrentamiento institucional. En el ámbito de la Unión Europea se ha demostrado que no había ningún apoyo a la independencia ni ningún posible reconocimiento por parte de ningún estado miembro. La Unión Europea no cree que el derecho de autodeterminación se pueda aplicar en sus Estados miembros puesto que no hay colonias en su interior y existen legalidades democráticas para resolver las diferencias.

puigdemont

La división del movimiento independentista les impide explicar su error estratégico a sus seguidores por miedo a perder su apoyo electoral. Unos simulan que todo está normalizado y dibujan vías de diálogo con el Gobierno central. Otros pretenden que ellos siguen igual pero sin ninguna propuesta antagónica por miedo a perder sus cargos en al aparato del gobierno de Catalunya. Pero a pesar de lo que puedan decir la realidad es muy clara: ha sido una aventura con graves costes. La propia marcha de la familia de Puigdemont a Bruselas denota que la aventura se ha acabado. Y ahora cada cual trata de resituarse sin que se vea demasiado su cambio de posición. Quizás este sea el camino más realista y posible aunque no sea el más ético. Los presos están en la calle indultados pero muchos de quienes les creyeron deberán afrontar multas u otras consecuencias por hacerles caso. Y todo sin ninguna explicación y sin ningún remordimiento.

Quizás el paso del tiempo será el mejor camino para acabar con una falsa ilusión que se inculcó y consiguió engañar a mucha gente que la secundó.

Porque lo que ha provocado el llamado “procés” han sido hechos muy graves y que quizás sólo con el paso del tiempo se consiga superar. Recordemos que el 6 y 7 de septiembre del 2017 el Parlament de Catalunya vulneró la legalidad democrática aprobando unas leyes ilegales. Que el 1 de Octubre se realizó un falso Referéndum de independencia sin las mínimas garantías ni legales ni democráticas. Que después se aprobó por el Parlament una Declaración de Independencia que duró 8 segundos. Que posteriormente unos políticos fueron encarcelados por sus actos ilegales y no como se ha querido vender por sus ideas. Que un President de la Generalitat huyó, no se exilió, para no hacer frente a sus responsabilidades en todos estos hechos. Hemos tenido que soportar que se quisiera confrontar un supuesto valor insustituible del voto, de cualquier forma de voto, como fórmula suprema de legitimidad frente al valor del respeto a la legalidad democrática.

Durante casi una década en Cataluña se ha vivido en una falsa realidad donde se han priorizado la exaltación de los sentimientos de algunos a la razón y la realidad de la sociedad catalana diversa y plural. Y ahora después de demasiado tiempo en que se ha engañado a mucha gente es difícil afrontar de golpe la dura realidad de un mundo que no es como algunos han querido creer y donde muchos otros han sufrido. Para algunos debe ser difícil de mirarse en el espejo sin sonrojarse de vergüenza.

Ahora estamos en tiempo de resaca después de un temporal o después de una borrachera. Lejos aún de una normalidad que tardará y para la cual quizás precisaremos décadas o el paso de alguna generación para conseguir una regeneración del tejido social de la ciudadanía catalana.

Pero hoy, por suerte, el “procés” empieza a ser tiempo pasado.


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