miércoles. 17.04.2024

Demasiados casos de corrupción política asolan el Reino de España. Desde un punto de vista político, corrupción no solo es lo que sentencia un juez, ni mucho menos y menos en un reino con un poder judicial tan politizado, es lo que impide la libre expresión, la reivindicación social, el clientelismo político y la venta de una u otra forma del patrimonio público a ricos, grandes empresas multinacionales y convierte en beneficio privado lo que es aportación pública. Corrupción es desde tejer redes clientelares, a privatizar la sanidad o consentir que un rey nos robe.

En Maracena estamos ante un acto de terrorismo político, violencia contra la mujer al ser secuestrada una concejala que amenazaba con tirar de la manta por un criminal que actuaba por su cuenta, según se dice al menos por ahora pero que era la pareja de la alcaldesa y estaba censado en su domicilio. Es decir vivía con ella y se supone conocía sus confesiones íntimas, pero que al ser un personaje público, la alcaldesa, adquieren una condición diferente si esto provoca “daños colaterales”.

Corrupción es desde tejer redes clientelares, a privatizar la sanidad o consentir que un rey nos robe

En Maracena al igual que en otros municipios, existe una tupida red clientelar y esto es comprar voluntades, luego corrompe la vida pública. En Maracena reina la opacidad, hay miedo a expresar lo que se sospecha por parte de numerosas personas. Hay un grupo local que controla el pueblo amparado en el PSOE felipista socialiberal y parece ser que por él. 

Pero también es corrupción política privatizar pues poner patrimonio público de todas y todos para que privados hagan negocio con lo que es de común. Corrupción política es privatizar la sanidad pública que todas y todos pagamos y hacer conciertos privados a su costa de aseguradoras privadas que son empresas con ánimo de lucro, o privatizar servicios sociales, servicios asistenciales, residencias públicas o centros de protección de mujeres violentadas y aterrorizadas. Corrupción política es subvencionar a empresas privadas para que estas se enriquezcan a nuestra costa o por ejemplo construyan en espacios públicos o dar trato de favor a las exigencias de ricos locales o millonarios del establishment de Madrid o caciques provinciales… 

Vivimos en un reino corrupto que basa su legitimidad en una corona impuesta por una dictadura, que se ha demostrado es corrupta y en torno al pacto dinástico todo hacía bajo, se ha manchado.

La corrupción lastra la democracia