viernes 17.01.2020
ANÁLISIS SOCIOLÓGICO

La base social de progreso: progresista, feminista, ecologista y de izquierdas

Los desafíos estratégicos y políticos para las fuerzas del cambio, así como el reto de su propia configuración organizativa, teórica y de liderazgo, son impresionantes
Imagen del 15M de Ana Gironés Valdivielso. Tomada de Flickr, bajo licencia creative commons.
Imagen del 15M de Ana Gironés Valdivielso. Tomada de Flickr, bajo licencia creative commons.

La ideología política de la base social de progreso, según el CIS y sumando la primera y la segunda opción, es: progresista (40%), feminista (26%), ecologista (21%) y socialdemócrata/socialista (27%); junto con dos minorías significativas que responden liberal (9%) o comunista (14%). Además, la gran mayoría se considera de izquierdas (en torno al 90%) y la mitad se siente perteneciente a las clases trabajadoras y algo menos a las clases medias.

En la primera parte de este Informe, analicé las variables sociodemográficas (edad, sexo, nivel de ingresos y clase social) de los electorados de las distintas formaciones políticas, en particular los de Unidas Podemos y su comparación con el del Partido Socialista. Las características principales de las bases electorales de las fuerzas del cambio, con algunas diferencias por sexo, son: joven, de clase trabajadora, urbana y estudios medios. Así mismo, avancé la percepción social de los principales problemas, por edad y sexo.

Este análisis se realiza sobre el conjunto de los electorados de las distintas formaciones políticas (mayores de 17 años, con derecho a voto, excluyendo, por tanto, a extranjeros sin voto para las elecciones generales)

Esta segunda parte, centrada en la cultura sociopolítica, también está realizada a partir del Estudio 3267, en este caso sobre Ideología política y recuerdo de voto (Barómetro de noviembre), del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La referencia son los datos de las elecciones generales de abril y la encuesta preelectoral de octubre. Sus resultados respecto de la mayoría de la base social de progreso, con algunas pequeñas diferencias entre Unidas Podemos y En Comú Podem, tal como he avanzado, están claros: progresista, ecofeminista y de izquierdas.

Así, analizo los datos sobre la pertenencia de clase social de las personas votantes a las distintas formaciones políticas, su auto ubicación y evolución ideológica en el eje izquierda / derecha, por edad y por opción política, así como su definición político-ideológica (conservadora, liberal, progresista, ecologista, feminista, nacionalista). En especial, comparo los principales rasgos de las bases electorales del Partido Socialista con los del electorado de Unidas Podemos, y señalo algunas particularidades de este último y sus convergencias. Finalmente, valoro la interacción entre las variables sociodemográficas o condiciones ‘objetivas’, materiales y estructurales, de la sociedad, con las características ‘subjetivas’, sus percepciones e identificaciones, para calibrar sus experiencias y sus comportamientos sociopolíticos.

Junto con la interpretación de los datos expuestos en los gráficos (cuya numeración continúo), explico el sentido de algunas palabras, como izquierda o pertenencia de clase, para quitarles un significado rígido y determinista, así como señalo los procesos de identificación de forma mixta y múltiple, es decir, con un enfoque social e interactivo, alejado del esencialismo ahistórico, sea determinista o biologicista. Todo ello para clarificar las diferencias específicas entre los conjuntos de electores de las fuerzas políticas, y poder evaluar el impacto de las políticas públicas y la dinámica de legitimación del nuevo gobierno de progreso.

Por último, hay que insistir en que el análisis se realiza sobre el conjunto de los electorados de las distintas formaciones políticas (mayores de 17 años, con derecho a voto, excluyendo, por tanto, a extranjeros sin voto para las elecciones generales). Por tanto, las características, sobre todo político-ideológicas (por ejemplo, la palabra izquierda con su pluralidad semántica), son respecto de la sociedad, es decir, de las bases sociales de los partidos políticos, no necesariamente idénticas a las de sus representantes institucionales o sus dirigentes.

Pertenencia de clase

El gráfico 10 muestra las respuestas de los electorados de las distintas opciones políticas a la pregunta ¿A qué clase social diría Ud. que pertenece? Las distintas opciones del CIS las he agrupado en tres categorías. En particular, en Clase trabajadora he acumulado las respuestas de clase trabajadora/obrera (22,2%), clase media-baja (19,5%), así como las cinco categorías muy minoritarias que no llegan ninguna al uno por ciento y asimiladas a clases trabajadoras: pobre, proletariado, los/las de abajo, gente común e infraclase. En la percepción colectiva, está clara la prevalencia del concepto de clase trabajadora, aunque el CIS solo lo vincula con el de clase ‘obrera’, o sea, en el ámbito industrial.

No obstante, tal como he explicado en la primera parte sobre la situación de clase (por nivel de ingresos y ocupación), una parte significativa de personas empleadas en el sector servicios, considerada convencionalmente como de clase media-baja, tiene una posición similar de clase trabajadora -incluso más precarizada que en la industria-. La cuestión es que al identificar el CIS (y muchos medios) la denominación de clase trabajadora con clase obrera (industrial) muchas personas no se incluyen en esa categoría.

Gráfico 10: Pertenencia de clase según opción política

cuadro analisis sociologico CIS 1

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

Por mi parte, englobo en este concepto a esos dos grandes segmentos (obrero y medio-bajo). Además, es evidente que las otras cinco denominaciones, algunas más tradicionales -pobre, proletariado e infraclase- y otras más nuevas -los/las de abajo, gente común-, tienen poco poder identificador, al menos para las grandes mayorías sociales y a pesar del énfasis de algunas élites políticas. Dicho de otra forma, aun contando con la gran ofensiva ideológica y mediática liberal para sobrevalorar la existencia de las clases medias e infravalorar la persistencia de las clases trabajadoras esta expresión sigue siendo útil para canalizar el sentido de pertenencia a un grupo social diferenciado por su estatus laboral y vital.

Por otra parte, en el concepto clase media incluyo la pertenencia a la típica clase media-media. Y en el de clase alta incorporo a las personas que se definen de clase alta y media-alta.

Además de estas apreciaciones y con el ánimo de comparar la situación de clase con la pertenencia de clase hay que recordar que por nivel de ingresos tenemos la siguiente clasificación: clase trabajadora, 69%, más 18,3% de sector intermedio; clase media, 11,2%, y clase alta y medio-alta, 1,5%. Y por estatus ocupacional los resultados son: clase trabajadora, 63,4%; clase media, 26,1%, y clase alta, 5,5%. En todo caso, la clase trabajadora estaría en torno a los dos tercios. Pues bien, según el gráfico 10 la pertenencia de clase es la siguiente: clase trabajadora, 46,5%; clase media, 44,3%, y clase alta, 4,7%.

La discordancia entre situación objetiva y subjetiva es evidente. Si dejamos aparte el segmento caracterizado aquí de sector intermedio por ingresos (18,3%) que, según mi hipótesis, mayoritariamente ha podido responder que pertenece a la clase media, tenemos todavía una significativa distancia. Hay otro segmento de unos veinte puntos de clase trabajadora (objetiva) que dice pertenecer a la clase media-media (subjetiva), engordando su porcentaje. A pesar de esa percepción el sentido de pertenencia de clase trabajadora todavía es algo superior respecto del de clase media, con una minoría (5%) muy consciente de su estatus dominante.

No entro a valorar los factores que pueden explicar esta diferencia entre la situación material y la percepción subjetiva, para lo que hay mucha investigación y literatura sociológicas. Solamente quiero expresar dos cuestiones. Primera, que ambas facetas forman parte de la realidad social y que interactúan y conforman actitudes y posiciones sociopolíticas y culturales, para lo que hay que huir de una visión simplista o determinista, en un sentido (determinismo económico) u otro (subjetivismo discursivo o cultural). Segunda, la identificación de clase (de las tres) todavía existe, aunque sea más débil en muchos estratos y se imbrique con otros procesos identificadores o neutros; por tanto, está generalizada y condiciona la cultura política, dando lugar a identidades mixtas, múltiples y diversas con un impacto sociopolítico y relacional variado según los momentos y circunstancias.

Al mismo tiempo, como también he explicado en otra parte, es útil el concepto de clases populares, compuestas por las clases trabajadoras -más o menos precarizadas- y una parte de las clases medias -estancadas o en retroceso-. De esa forma, las posiciones contradictorias o inciertas de algunas capas medias, en esta época de crisis socioeconómica, con tendencias descendentes o con incertidumbre, así como el sector llamado aquí intermedio, estarían claramente bajo ese concepto popular (o pueblo), con una dimensión en torno al 80% (no el 99%) y una posición y estatus social diferenciado de las clases dominantes (las capas altas y medio-altas ascendentes) que suman hasta el 20% (no solo el 1%, que es la cúpula más rica y poderosa).

La pertenencia a la clase trabajadora es similar entre las bases del Partido Socialista (52%) y de Unidas Podemos (51%)

Por otro lado, a nivel comparativo, entre los electorados de las distintas opciones políticas hay que destacar que esta pertenencia de clase trabajadora es similar entre las bases del Partido Socialista (52%) y de Unidas Podemos (51%), unos cinco/seis puntos superiores a la media, mientras la pertenencia a la clase media (46%) es algo inferior a la media (unos cuatro puntos) en los dos casos. En ese sentido, la composición del electorado de Cataluña en Comú-Podem difiere algo respecto del de UP: algo inferior su identificación de clase trabajadora y algo superior la de clase media (aunque es la menor en la pertenencia a la clase alta); y respecto de la de ERC que tiene unos diez puntos menos en la identificación de clase trabajadora y diez puntos más en la de clase media.

En el caso de VOX hay un porcentaje superior a la media de pertenencia a la clase alta

En relación con las bases de las tres derechas y respecto de las medias totales se manifiesta un nivel inferior de pertenencia a la clase trabajadora y superior a la clase media, más pronunciados en Ciudadanos; mientras en el caso de VOX hay un porcentaje superior a la media -total y del PP y C’s- de pertenencia a la clase alta.

Definición político-ideológica

El gráfico 10 detalla la definición político-ideológica del total del electorado, así como el del Partido Socialista y el de Unidas Podemos, a través de diez alternativas: conservadora, democratacristiana, liberal, progresista, socialdemócrata, socialista, comunista, nacionalista, ecologista y feminista. La pregunta del CIS es: ¿Cómo se definiría Ud. en política según la siguiente clasificación? Las respuestas se pueden dividir en cuatro grupos. En primer lugar, las tres primeras, asociadas a la actitud política de centroderecha. En segundo lugar, las cuatro siguientes, vinculadas a la mentalidad político-ideológica de centroizquierda. Ambas son algo incompatibles entre sí. En tercer lugar, las dos últimas, que se consideran más transversales respecto de la identidad ideológica tradicional -aunque más afines a las de centroizquierda y, tal como se verá, a la ‘progresista’-; éstas pueden ser compatibles entre sí, y con la identidad nacionalista, el cuarto grupo, también transversal con la posición de izquierda / derecha y con alguna de los dos grupos tradicionales.

Gráfico 10: Definición político-ideológica

cuadro analisis sociologico CIS 2

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

Metodológicamente, para tener una visión más multilateral y completa, he sumado las respuestas dadas en primera y en segunda opción, que también facilita el CIS. La razón es que muchas personas no se definen solo por una y exclusiva característica político-ideológica, ya sea más nueva o más clásica, sino que incorporan varias (cabrían hasta cuatro tipos de combinaciones, las tres últimas entre sí y con una de los otros dos grupos). Así, hay personas que optan en primer lugar por alguna de las tres últimas que, sin embargo, también se vinculan a alguna definición tradicional. La suma de respuestas, en todo caso, es superior al 100%, e indica que una parte significativa ha elegido dos opciones para definirse.

En concreto, el total de respuestas es de 122%, para el PSOE, 137,8% y para UP, 146,4%; significa que casi la mitad de estos últimos están incómodos con una sola definición y optan, más que la media general y que la de la base del PSOE, por dos respuestas. Y dado que la opción nacionalista es casi nula, la combinación más probable es la de progresista (39,6%), bien con feminista (26,2%) o con ecologista (21,2%), porcentajes que casi triplican a los del PSOE. Lo vemos más en detalle.

La sociedad española está escorada más hacia la izquierda o al progresismo, con una voluntad de cambio sociopolítico y cultural de progreso, que a la derecha o el conservadurismo (y menos al reaccionarismo de la ultraderecha)

En relación con el total de electores hay un 38,2% que se define por opciones liberal-conservadoras (y democratacristiana), un 55,2% por tendencias progresistas-socialistas, un 22,9% por culturas ecologistas-feministas, y un 5,7% por identidades nacionalistas (se entiende que las periféricas ya que el nacionalismo españolista no prioriza, hasta ahora y a pesar de VOX, esa identificación). Por tanto, si atendemos a la cultura sociopolítica e ideológica que ofrecen esos porcentajes, la conclusión es que la sociedad española está escorada más hacia la izquierda o al progresismo, con una voluntad de cambio sociopolítico y cultural de progreso, que a la derecha o el conservadurismo (y menos al reaccionarismo de la ultraderecha).

Ese rasgo progresivo es mucho más pronunciado entre los electorados de Unidas Podemos y el Partido Socialista, ambos con una base mínima -entre el 16,2% el primero y el 18,7% el segundo- que se considera liberal o conservadora (y democratacristiana), y una alta composición en el conjunto de preferencias político-ideológicas tradicionales de contenido progresista-socialista -el 81% de UP por el 97,7% del PSOE, algo superior-. La diferencia sustancial es que mientras en UP la definición principal respecto de ese grupo ideológico tradicional es la de progresista, con un 39,6% (26,9% en el PSOE), en el caso del PSOE, el 69,7% se define por socialista/socialdemócrata (27,5% en el caso de UP, al que habría que sumar un significativo 14,3% de su base social que se declara comunista). La segunda diferencia relevante -casi treinta puntos- es la definición ecologista o feminista, con un 47,4% en UP y solo un 19,5% en el PSOE.

No es de extrañar que un elemento discursivo central de la dirección de este último sea ser ‘socialista’ (o de ‘izquierdas’, sin descuidar su imagen feminista y medioambiental), aun con un contenido ambiguo y vinculado a lo que ‘hace’ su dirección, más cuando su gestión gubernamental anterior causante de una gran desafección popular fue regresiva o neoliberal, similar a la de las derechas y el consenso liberal conservador europeo. Su finalidad está clara: congraciarse con su base social, cuya definición de socialismo (o socialdemocracia) está asociada a igualdad, servicios públicos, derechos sociolaborales y protección social.

En el caso de UP, la identificación de sus bases tiene componentes más nuevos y está más fragmentada, al menos en esos tres bloques: progresismo, feminismo-ecologismo y socialismo

Al mismo tiempo, en el caso de UP, la identificación de sus bases tiene componentes más nuevos y está más fragmentada, al menos en esos tres bloques: progresismo, feminismo-ecologismo y socialismo. Han desarrollado poco el perfil ideológico o simbólico en los tres campos, siempre en disputa hegemónica, y han preferido la identificación con el pueblo, la gente corriente o de abajo, expresiones que (todavía) no gozan de gran capacidad identificadora, aunque tengan un sentido popular y democrático. Así mismo, sus propuestas han tenido que ver más con el sistema político y la forma de gestión (Gobierno de coalición) que con un proyecto de país y programático, siempre interrelacionados.    

La auto ubicación ideológica en el eje izquierda / derecha

El gráfico 11 expone la media de la auto ubicación ideológica por opción política, en el eje izquierda (1) a derecha (10). Aquí he seleccionado las medias de las cinco formaciones estatales, diferenciando Unidas Podemos y En Comú Podem, y las cuatro formaciones nacionalistas, dos catalanas y las dos vascas.

Como se ve, la media del total es 4,6 puntos, con un ligero escoramiento al centro izquierda. La mitad, el centro puro, se encuentra en 5,5 puntos ya que el indicador empieza en el uno no en el cero. Está claro que las medias del electorado del PP (7,1) y más el de VOX (7,5) -aunque no muy lejanos-, están ubicadas en la derecha (la mayoría no en la extrema derecha), y el de C’s está más centrado (5,8). Cercana al centro se puede considerar la mayoría de las bases electorales de PNV y JxCAT (ambos 4,2).  Por otro lado, la media del electorado del PSOE (3,7%) se define de izquierda moderada y un poco más a la izquierda -transformadora- (2,9) las de UP y ERC y otro poco más (2,4) las de ECP y EH-Bildu. Luego vemos su evolución y la composición completa de cada formación política por segmentos y por edad, que ilustra estas medias. Antes comento una particularidad significativa.

Gráfico 11: Media de la auto ubicación ideológica por opción política

cuadro analisis sociologico CIS 3

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

Se trata de la diferencia entre las bases de UP y ECP, ésta algo más escorada hacia la izquierda mientras, como veíamos antes, tenía una composición ligeramente inferior de clase trabajadora y superior de clase media en relación con la de UP. Cabe la interpretación de la persistencia, en el caso de Barcelona y su cinturón metropolitano, de una mayor tradición sociopolítica de izquierda transformadora, pero también la existencia de otros dos factores complementarios. Por un lado, el nivel de vida ya que, aunque su media de ingresos es algo superior a la del resto de España, su capacidad adquisitiva, dados los precios superiores, no es muy diferente, e incluso sus recortes sociales y sus retrocesos experienciales mayores. Por otro lado, es evidente el sentimiento crítico ante el agravio democrático y nacional que también es vivido por amplios sectores catalanes frente al inmovilismo y la prepotencia de la clase gobernante española y el bloqueo de la agenda social que comparten también las élites independentistas catalanas, aunque queda difuminada su responsabilidad que trasladan al exterior, al Estado. Ello permite (como veremos más adelante) que la derecha nacionalista catalana (también el PNV) cuente con un voto significativo que se define de izquierdas.

La evolución de la media de auto ubicación ideológica en el último cuarto de siglo no se ha visto modificada mucho, menos de dos décimas de variación. Las oscilaciones trimestrales son permanentes. Aquí las he agrupado, prácticamente, por quinquenios para tener una mayor perspectiva histórica, señalando los picos más significativos. Desde el año 1996 (enero) y el año 2000 (diciembre), con la gestión del gobierno de Aznar, la media se situaba en 4,62 puntos;  la actitud ideológica de la población giró ligeramente hacia la derecha, hasta 4,77, en el año 2005 (diciembre), ya en el primer gobierno de Zapatero; volvió a virar algo a la izquierda en el año 2010, con el 4,68 -quizá, por el descontento con los ajustes estructurales regresivos del segundo gobierno de Zapatero-, y dan otro vaivén derechista hasta el 4,75 en 2015 (diciembre) -el hundimiento socialista-, tras el que se inicia otro pequeño giro hacia la izquierda.

En todo caso, como decía, las variaciones son muy pequeñas y estamos hablando de medias. Así, las dinámicas estructurales, sociohistóricas y de mentalidades son profundas y duraderas respecto de las grandes corrientes ideológicas. No obstante, en la última década hay un ascenso de las personas que se ubican en las izquierdas debido, sobre todo, a un cambio generacional dado que la mayoría de gente joven, que se incorpora al electorado y se define más que antes, se sitúa más a la izquierda que la gente muy mayor que causa baja, tal como veremos más adelante.

Gráfico 12: Evolución (segmentada) de la auto ubicación ideológica

cuadro analisis sociologico CIS 4

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

El gráfico 12 expone la evolución, en este último cuarto de siglo, de la auto ubicación ideológica, clasificada en cinco grandes segmentos desde la izquierda, izquierda moderada, centro, derecha moderada y derecha. Vemos que en la última década se ha producido un ascenso de las personas que se auto ubican en las izquierdas (casi diez puntos), tanto de la llamada aquí moderada (del 25,4% al 31,2%) cuanto de la radical (del 7,7% al 11,5%). Al mismo tiempo, la gente que se declara en el centro baja un poco (del 30,7% al 27,9%), en la derecha moderada sube ligeramente (del 11,5% al 12,2%), al igual que en la derecha extrema (del 3 al 3,6%). En su conjunto, el llamado centroderecha baja unos dos puntos (43,7%), aunque los dos segmentos de derechas, que suben respecto al del centro, se quedan en un 15,8% a mucha distancia de la suma de los dos de izquierdas (42,7%). Las fluctuaciones se deben también a los desplazamientos en la gran bolsa (más de la quinta parte) de personas que no opinaban y que se ha reducido en unos ocho puntos en los últimos años, llegando hasta el 86,3% las personas que ahora se definen. Por otro lado, más de los dos tercios del electorado que se pronuncian se sitúan en los tramos de centro e izquierda moderada (3 al 6).

Más de los dos tercios del electorado que se pronuncian se sitúan en los tramos de centro e izquierda moderada (3 al 6)

No obstante, especialmente en esta década de freno o resiliencia a la involución sociopolítica y económico-laboral, más que la distinción convencional de izquierda radical e izquierda moderada, incluso de gente de centro (liberal-progresista), la diferenciación principal, englobando a todas ellas, sería la de izquierda ‘trasformadora’ o tendencias ‘progresivas’. Es decir, la mayoría cívica sería defensora de un cambio real y sustantivo de justicia social, democratización y progreso, aunque fuese lento y gradual que es lo que induce la palabra moderada, pero no simplemente retórico, y frente al continuismo neoliberal y regresivo, bastante descreditado socialmente. Las definiciones hay que resignificarlas a la vista del sentido de las políticas públicas y la gestión de las élites gobernantes.

Gráfico 12: Auto ubicación ideológica (segmentada) por opción política

cuadro analisis sociologico CIS 5

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

El gráfico 12 y su tabla anexa, expone la composición segmentada de la auto ubicación ideológica de cada opción política y el total, en el eje Izquierda (1) / Derecha (10). Las diferencias hasta el 100% son de las personas que no saben o no contestan. Ya he comentado antes las cifras totales. Son de destacar algunas particularidades: la gran composición de izquierda radical en EH-Bildu; la mayoría centrista en PNV y JxCAT, aunque con la presencia relevante de gente de izquierdas, dato más amplio en ERC; un segmento importante -cercano a un tercio- de gente de derecha extrema en Vox, aunque con mayoría de derecha moderada e incluso centro; el mayor porcentaje de centro (60%) se encuentra en el voto a C’s, y de derecha moderada (46%) en el del PP.

Me detengo en la composición de UP (y ECP) comparada con la del PSOE. Más de un tercio del voto a UP (más de la mitad en ECP) se ubica en la izquierda radical y más de la mitad en la izquierda moderada (más de un tercio en ECP); sumadas ambas izquierdas se sitúan entre el 87% (UP) y el 92% (ECP); apenas hay centristas (menos de la décima parte en UP y muy pocos en ECP). En el caso del PSOE, poco más de la décima parte se considera de izquierda radical y la gran mayoría de izquierda moderada (más de la mitad), en total un 68% a las izquierdas; junto con una quinta parte que eligen centro.

El gráfico 13 expone la distribución de la auto ubicación ideológica por tramos de edad, considerando que hay un 13,7% que responde No sabe/No contesta. Entre las personas de 65 años y más, solo el 36,5% se auto ubican en las izquierdas, mientras en el resto de los segmentos se sitúan entre el 44,3% y el 46,2%, unos nueve puntos por encima, con mayor un peso de los situados en la izquierda radical entre los dos tramos menores de 35 años que, a su vez, tiene un porcentaje del doble en la opción de izquierda moderada. Con respecto a las opciones de centro y derecha moderada la presencia es inversa: mayor volumen entre los más mayores (más de la mitad) y menor en el resto (en torno al 40%). Y es significativo el porcentaje más elevado, aunque inferior al 5%, de personas de derecha extrema entre la gente más joven y la más mayor, y con menor proporción en los cuatro tramos intermedios.

Gráfico 13: Auto ubicación ideológica (segmentada) por tramos de edad

cuadro analisis sociologico CIS 6

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

Algunas particularidades del electorado del espacio del cambio

Por último, con datos complementarios sacados también del Estudio del CIS, señalo tres aspectos concretos: el apoyo al espacio del cambio según la dimensión de la población; el voto a Unidas Podemos por sexo y edad, y la comparación de cómo gobernaría Podemos respecto del PSOE.

Gráfico 14: Apoyo al espacio del cambio según población

cuadro analisis sociologico CIS 7

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

El voto del espacio del cambio está, fundamentalmente, en los grandes centros urbanos, incluyendo los cinturones metropolitanos de Madrid y Barcelona

En primer lugar, expongo el apoyo a las fuerzas del cambio según la Encuesta (preelectoral) de voto más simpatía (gráfico 14). Para ello he incluido el conjunto de Unidas Podemos, En Comú Podem, Galicia en Común, Más País y Compromís. Se refleja una realidad evidente. En las ciudades de Madrid y Barcelona, con más de un millón de habitantes, se consigue un porcentaje muy superior (18,8%) en relación con el de las poblaciones de hasta dos mil habitantes (7,6%).  El resto de las poblaciones medianas está en torno a la media del 14,2%, algo más en las superiores a cien mil habitantes y algo menos en las inferiores. El voto del espacio del cambio está, fundamentalmente, en los grandes centros urbanos, incluyendo los cinturones metropolitanos de Madrid y Barcelona.

Gráfico 15: Voto a Unidas Podemos por sexo y edad

cuadro analisis sociologico CIS 8

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

El gráfico 15 muestra la composición por sexo y edad del electorado de Unidas Podemos, con la comparación de las ligeras modificaciones entre el voto en las elecciones generales de abril y los resultados de la encuesta preelectoral de octubre-noviembre (los porcentajes expresados son sobre el total del censo).

El electorado de UP no llega a ser paritario, con presencia masculina ligeramente superior, y tiene más peso en las generaciones jóvenes, hasta 44 años, y apenas en la más mayor de pensionistas

Se nota un porcentaje algo superior en hombres que en mujeres y un pequeño descenso de abril a noviembre. Pero, el aspecto más significativo a resaltar es el de las grandes diferencias en la distribución por edad. Si tomamos los resultados de noviembre el porcentaje de voto más joven (18,8%) -18 a 24 años-, quintuplica al de más edad (3,9%) -65 años y más- y casi duplica el de los dos tramos siguientes -45 a 64 años-, situándose algo superior a la media en los otros dos tramos de menos edad -25 a 44 años-. Está claro que el electorado de UP no llega a ser paritario, con presencia masculina ligeramente superior, y tiene más peso en las generaciones jóvenes, hasta 44 años, y apenas en la más mayor de pensionistas. 

La pregunta del gráfico 16 está referida por el CIS solo a Podemos y está realizada antes del preacuerdo de UP con el PSOE. No obstante, es de interés al expresar algunas diferencias significativas por sexo y edad sobre la percepción social de la calidad gestora de UP, comparándola con la del PSOE. Las medias generales de las respuestas son: Mejor, 12,6%; Igual, 30,5%; Peor, 44%. No hay datos de las preferencias políticas, aunque parece razonable la hipótesis de que es el electorado de UP el que puede valorarlo como mejor, el resto de voto de izquierdas como igual, calculando un gobierno compartido, y el electorado de derechas peor. Sin embargo, también se observa un fuerte sesgo por edad y por sexo. Los hombres lo responden más favorablemente para UP que las mujeres, y las personas jóvenes -hasta 35 años- duplican a las de los dos tramos de más edad -55 años y más-, entre los que se dispara hasta más de la mitad las que lo consideran peor.

Gráfico 16: ¿Cómo gobernaría PODEMOS respecto del gobierno del PSOE?

cuadro analisis sociologico CIS 9

Fuente: CIS – Barómetro de noviembre 2019 (Estudio 3267-Ideología política), con elaboración propia.

Por último, en relación con la preocupación por los problemas principales, sumadas la primera, segunda y tercera opción, en el electorado de Unidas Podemos el primero es el paro, los problemas económicos y de calidad del empleo, con el 88% (99,7% en el del PSOE) y el segundo problema es los partidos políticos y la política junto con la corrupción, con el 73% (58,6% en el del PSOE).

Conclusiones: tendencias y contexto

La realidad expuesta de la ideología política dominante en el electorado del espacio del cambio es evidente. La mayoría combina dos de las características siguientes: Progresista, feminista, ecologista y socialista/socialdemócrata. Casi la totalidad se considera de izquierdas y en torno a la mitad perteneciente a las clases trabajadoras (y algo menos a las clases medias). Además, según las variables sociodemográficas analizadas en la primera parte, la base social de progreso es, sobre todo, joven, urbana, de clase trabajadora y estudios medios.

Concluyo con algunas interpretaciones sobre la cultura sociopolítica de esta base social que apoya un cambio de progreso y su conformación en el contexto de esta década. En primer lugar, hay que señalar el reequilibrio entre cierta estabilidad a largo plazo de las dinámicas político-ideológicas básicas (liberal-conservadoras, socialistas…) con la nueva resignificación y ampliación de otras tendencias más nuevas/viejas (progresismo, feminismo y ecologismo…). Además, persiste una vinculación generalizada a una percepción y auto ubicación de izquierdas, con ampliación de su dimensión, especialmente entre la gente joven y compatible con otras identificaciones. Queda sin profundizar la trayectoria del nacionalismo, en su polarización, por un lado el periférico, particularmente del independentismo catalán, y por otro lado, el españolismo excluyente, que no estudia el CIS.  

Por tanto, en esta última década de convulsiones relevantes, se han producido transformaciones y refuerzos de algunos rasgos significativos en la cultura y actitudes de la sociedad, especialmente de las generaciones jóvenes, al mismo tiempo que cambios significativos en la configuración de la clase política y su apoyo representativo. La tesis que mantengo, y he comprobado en diversas investigaciones y escrito en varios libros, es doble y afecta, sobre todo, a la reconfiguración y reequilibrio de las dos tendencias principales del campo progresista o de izquierdas, el Partido Socialista y las fuerzas del cambio de progreso (Unidas Podemos y sus aliados).

Primero, el desarrollo inicial de la desafección popular-progresista respecto de la cúpula socialista. La brecha conlleva una doble dinámica. Por un lado, se produce un desplazamiento de la cúpula gubernamental socialista hacia la derecha: su gestión neoliberal de la crisis socioeconómica con dinámicas autoritarias y regresivas (años 2010/11) y, tras su derrota y desconcierto, su posterior apoyo a la normalización institucional bajo la gobernabilidad del PP (años 2016/17). Ello conlleva un amplio distanciamiento de la mitad (cinco millones) de su base social, una profunda crisis estratégica y discursiva hasta el intento refundador del sanchismo y la victoria del bloque progresista de la moción de censura contra el Gobierno de Rajoy y llega al actual acuerdo gubernamental de progreso, tras el fracaso de la operación gran centro y de colaboración con las derechas junto con la victoria relativa socialista y la resiliencia de UP y sus convergencias.

Por otro lado y al mismo tiempo, durante el primer lustro (2010/14) se genera una reafirmación democrático-progresista en gran parte de la sociedad tras valores igualitarios y de justicia social, así como demandas democratizadoras y de progreso. Ese proceso de formación de una corriente crítica contra el bipartidismo y las élites gobernantes culmina con su activación electoral (2015/16) hacia una nueva representación más acorde con su tradición y experiencia político-ideológica democrática. Está basada en un progresismo de izquierdas en la que muchos incluían una cultura socialista, o bien feminista y ecologista, en un trasfondo de valores ilustrados y republicanos (igualitarios, solidarios y de no dominación), y conforma un nuevo conglomerado cultural progresivo.

La habilidad de Podemos y sus convergencias ha sido que ha sabido ofrecer una alternativa política y de representación institucional a esa corriente sociopolítica diferenciada del PSOE y que con su acción ha facilitado su persistencia, aunque en un proceso de cierto debilitamiento posterior, acompasado por la consolidación del electorado socialista

En consecuencia, lo que se ha producido es un distanciamiento o desafección de una parte sustancial de la base social socialista de la gestión impopular y prepotente de la dirección del Partido Socialista, sobre todo en el segundo gobierno de Zapatero (2010/2011) con los ajustes estructurales regresivos ante la crisis socioeconómica. Así, en las elecciones generales de diciembre de 2011 y tras el impacto del movimiento 15-M, perdieron 4,3 millones de votantes que se mantuvieron con cierta orfandad representativa -en la abstención- y que junto a 1,7 millones de votos a Izquierda Unida y un nuevo sector de nuevos votantes jóvenes, ya sumaban más de los seis millones que conformaron el electorado indignado que en el año 2015, incluso sobrepasaron al PSOE en grandes ciudades y consiguieron representar el espacio del cambio en su techo máximo. La habilidad de Podemos y sus convergencias y aliados ha sido que ha sabido ofrecer una alternativa política y de representación institucional a esa corriente sociopolítica diferenciada del PSOE y que con su acción ha facilitado su persistencia, aunque en un proceso de cierto debilitamiento posterior, acompasado por la consolidación del electorado socialista.

Segundo, lo que ha cambiado no ha sido tanto la actitud político-ideológica de esa base social de progreso sino la readecuación al contexto y la reafirmación de la cultura existente (democrático-igualitaria), convertida en actitud de rechazo a la involución social, económica e institucional (recortes sociales, prepotencia, corrupción) junto con demandas progresivas (derechos sociales y laborales, protección pública, regeneración y democratización institucional…). El llamado movimiento 15-M, con todas las protestas sociales de ese ciclo y su legitimidad ante dos tercios de la población, se inició ante el giro derechista de la gestión de la élite gobernante socialista frente a la crisis socioeconómica y el autoritarismo institucional, con la demanda de mayor democracia y justicia social, con valores clásicos actualizados. Más tarde, esa corriente sociopolítica se consolidó institucionalmente con la configuración del llamado espacio del cambio de progreso, con una actitud transformadora real y la conformación casi paritaria de las dos fuerzas progresistas, Unidas Podemos y sus aliados y convergencias y el Partido Socialista… hasta que éste ha roto esa relativa paridad y ha reforzado su prevalencia en el momento actual.

Por tanto, los cambios relevantes han sido en los dos planos: uno, la reafirmación relacional y práctica (no la radicalización) de los valores éticos y democráticos existentes, junto con la activación cívica y la participación política de esa amplia actitud popular transformadora, igualitaria-democrática; dos, la articulación sobre esa base social de progreso de una nueva representación político-institucional diferenciada de la cúpula socialista (y superadora de la de IU).

En definitiva, hay una cierta renovación en la definición y vivencia político-ideológica de amplios sectores sociales críticos, expresada por el progresismo ecofeminista de una base social alternativa, junto con una continuidad en los valores igualitarios y la reafirmación experiencial y de polarización sociopolítica frente a las élites gobernantes y las dinámicas regresivas, prepotentes y reaccionarias. Al mismo tiempo, e interactuando con ello, existe una ruptura en el sistema político representativo del bipartidismo gobernante, con un reequilibrio entre el Partido Socialista (tras la relativa renovación del sanchismo y con posición de ventaja) y las fuerzas del cambio de progreso (Unidas Podemos y sus aliados, incluido Más País y Compromís), aun con sus debilidades y fracturas.

Lo que parece existir es un sector (al menos dos millones) de vasos comunicantes entre los dos campos principales, y mediando la abstención. O sea, en las elecciones de este año, 2019, el PSOE se ha ensanchado a costa del electorado anteriormente votante de UP y sus convergencias, produciéndose su cierto debilitamiento y división.

Así, tercero, no hay una gran radicalización global de las mayorías sociales derecha / izquierda, en particular de las anteriores bases de los dos partidos gobernantes sino que, ante las frustraciones por su respectiva gestión, partes distintas de ellas buscan otros procesos y discursos legitimadores, han decidido recomponer su representación institucional y se han dividido por su derecha (Vox), su izquierda (UP) y por el centro (C’s) -regenerador y al no cumplir su proyecto, en crisis-.

Una parte relevante del electorado, sobre todo nueva y joven, se ha reafirmado y activado en sus valores de progresismo crítico y democrático

Por tanto, aun contando con un ligero desplazamiento hacia la izquierda, lo más significativo es que una parte relevante del electorado, sobre todo nueva y joven, se ha reafirmado y activado en sus valores de progresismo crítico y democrático. Supone un gran cambio de actitud y experiencia masiva y democrática de cierta polarización sociopolítica progresiva, y es lo que el poder establecido y sus aparatos mediáticos pretenden cerrar desde hace una década mediante una normalización institucional con un nuevo bipartidismo renovado.

Afecta, a pesar de todo tipo de dificultades de los poderosos, a la persistencia de una actitud subjetiva transformadora (sí se puede) y a una disponibilidad participativa más circunscrita al campo político-electoral, aunque con algunos procesos movilizadores masivos y cívicos. Es el gran ejemplo, en estos dos años, del movimiento feminista contra la violencia machista y por la igualdad. Finalmente, se mantiene un electorado firme que apoya una nueva representación más acorde con sus propias actitudes democráticas y de progreso. Aparte quedan el independentismo catalán y el reaccionarismo de la ultraderecha, con otras implicaciones que no tratamos.

El sanchismo ha implementado su giro hacia la izquierda y la retórica ‘socialista’, para distanciarse de las derechas y volver a reencontrarse en ese espacio social del progresismo de izquierdas

En definitiva, no habría necesariamente una radicalización político-ideológica, para la que se tendrían que dar otros procesos participativos más profundos, consistentes y duraderos (también en Europa) frente al poder establecido. Lo que sí existe en el campo progresista o de izquierdas es una amplia percepción de que sus élites representativas (socialistas) habían abandonado esos criterios de justicia social y democracia de la socialdemocracia clásica y que tienen grandes dificultades para su renovación y su diferenciación de los núcleos de poder. Es el hueco de orfandad que pretendió ocupar Unidas Podemos y sus convergencias, que parece tocó techo -de momento- en 2016. Mientras tanto, el sanchismo ha implementado su giro hacia la izquierda y la retórica ‘socialista’, para distanciarse de las derechas y volver a reencontrarse en ese espacio social del progresismo de izquierdas, con la disputa a UP de una parte significativa de ese electorado intermedio o mixto, y sin que haya tenido éxito la configuración de una tercera representación intermedia.

Los desafíos estratégicos y políticos para las fuerzas del cambio, así como el reto de su propia configuración organizativa, teórica y de liderazgo, son impresionantes. Comienza un nuevo ciclo político e institucional, en el marco de la continuidad de una grave crisis social para la mayoría popular y con las imprescindibles agendas transformadoras, social y de democratización. Del acierto de su gestión y sus relaciones con el Partido Socialista, así como de su capacidad de articular a una parte relevante de la sociedad, junto con la activación cívica, van a depender los equilibrios representativos de ambas fuerzas y el futuro del cambio real de progreso.

Antonio Antón | Profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid

Imagen de Ana Gironés Valdivielso. Flickr, bajo licencia creative commons.


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