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viernes. 30.09.2022
banca

Semanas atrás, en este diario digital, varios comentarios de compañeros, analizaban el papel de los Bancos en la sociedad. Ninguno de ellos enumeró alguna característica positiva de los mismos. Al contrario, todos cargaban las tintas en los aspectos negativos que, desde que fueran creados, han venido desempeñando en la marcha social a la que manejan y destruyen como un cáncer en una sociedad sana. 

Mientras tanto, el pobre pagano, no ha notado el beneficio, pese a ser a costa de su sudor por el que ha podido seguir triunfante la maldita Banca. Al contrario, ha aumentado la maldad de esa cédula cancerígena en el bolsillo, la psicología y la preocupación de los clientes, que se ven obligados a depender de un Banco para cobrar su salario, pagar sus impuestos, o realizar cualquier gestión a la que cada vez ponen más dificultades, creando mayores complicaciones, mientras anuncian en sus “web” atención personal, cercanía al cliente, y mil mentiras que pregonan en todos los medios. ¡Ya está bien! 

No sólo de imagen vive el hombre, que diría alguien, sino de realidades. Y la realidad es que los bancos han complicado y siguen complicando la vida ciudadana. Dicen que dan facilidades por eso del internet, de la banca digital y otras monsergas que se inventan para dar buena imagen y atraer clientes, que acabarán siendo esclavos, despreciados por su desmesurada usura. Sólo imagen vacía, nunca solucionan cualquier duda o gestión que deba hacer el pobre ciudadano. 

En estos últimos años de fusiones, desapariciones, añagazas de ingenierías financieras, y demás desastres internos por su mala gestión -¡quién lo iba a decir!-, y ayudas públicas recibidas, para evitar su hecatombe, de la misma sociedad a la que dicen servir, y de la que se sirven en provecho propio sin ofrecer nada a cambio, han aumentado sus ganancias, su único provecho, y el ahorro de sus costes anulando empleo, echando a miles y miles de trabajadores a la calle, a costa del contribuyente. 

Parece que los bancos siguen la misma filosofía de Ikea: hágaselo usted mismo. Y si en los muebles eso puede dar resultado y servir de entretenimiento a funcionarios, “manitas”, y jubilados, en la Banca no sirve, porque hay oficinas que han desaparecido y no se sabe dónde está la antigua cuenta. Sucede así por ejemplo con Bankia en la fusión con esa Caixa, que tampoco se sabe qué es, si caixa de dineros, o de sepelios. Se ha perdido el respeto a los clientes que les sustentan, nadie atiende personalmente, pides una cita y no te la dan, o te la dan para cinco semanas después... 

Y eso sin contar tantos millones, alrededor de 66.000 millones (dicho con todas las letras: sesenta y seis mil millones) que recibieron de los ciudadanos, de su sudor, de sus impuestos, de su sacrificio. Millones que no han devuelto, ni se saben a dónde han ido a parar. Bueno, saberse sí se sabe, pero no se dice: a los sueldos de sus dirigentes, de sus consejeros de administración, parásitos ignorantes que no deben saber gestionar, a la vista de sus resultados, necesitados de un rescate para que no se fueran a la mierda, donde siempre hay algún político por medio... Sueldos que superan los 300.000 euros al mes... ¡Qué vergüenza!

Y no hablo de oídas. Servidor era cliente de Bankia, desde antes de ser Bankia, cuando era Cajamadrid, que funcionaba más o menos bien, pasable, pero desde la dichosa fusión con la Caixa esa catalana, en la que anduvo por medio el Pujol ese (¡vaya elemento!), y estaba en Bankia otro delincuente, que además fue ministro de todo, un tal Rato, con bañador transparente que disimulaba la falta de transparencia de su banca, y se fusionó para llegar a donde ha llegado, pues la Caixabank ha ido a peor. Empleados fuera, a la puta calle; cajeros fuera, ni en la calle; atención fuera, ni por teléfono siquiera... 

Cuando será el día que los gobiernos ejerzan de gobiernos y funden su propia banca pública

Eso sí, disponen de mil teléfonos, mil gestores telefónicos, correos electrónicos, atenciones al cliente (virtuales), y demás zarandajas que complican gestiones y no dan soluciones. Lo he sufrido en mis carnes. Mi antigua oficina en un pueblo, la han cerrado. Y no se sabe dónde está mi cuenta, ni quién me puede dar un certificado. Y las oficinas en toda la Sagra (más de 250.000 habitantes) no funcionan diariamente, sino una vez a la semana en cada pueblo (si es que hay oficina), y ese día, ¡oh casualidad!, suelen estar averiadas, o de reformas aprovechando que en verano se hacen las obras... Obras... De teatro. Puro teatro. Nada. Que mejor que no haya bancos, y guardar el dinero bajo el colchón o en un lugar que no te sangren. A eso tenemos que llegar. 

La banca es un cáncer social. Degradan la sociedad, se aprovechan de ella sin dar nada a cambio, y encima nos esclavizan y tenemos que depender de ellos. Cuando será el día que los gobiernos ejerzan de gobiernos y funden su propia banca pública, que ofrezca el servicio pertinente a la sociedad, para que esta funcione mejor, y no ande el ciudadano de la Ceca a la Meca buscando una oficina, un cajero, una atención, o simplemente a alguien que le atienda y le diga que su dinero está a buen recaudo sin costarle un riñón, millonadas que deberían revertir en el bien común, de donde han salido, ni pagar comisiones por cualquier cosa, cuando las comisiones deberán darlas los bancos a sus clientes por mantenerlos.

Será una utopía, pero debería ser una realidad. Funcionaría mejor la sociedad, y no se vería sangrada por una entidad que se aprovecha de ella sin ofrecer nada, sólo disgustos. Déjense de fusiones, y funcionen mejor. Para eso hay gobiernos. O quizá es que los gobiernos dependen de la Banca, y por eso... Bueno... Ahí lo dejo. 

Los bancos, cáncer social