lunes 01.06.2020

Hacia el autismo

Hacia el autismo

- Cuando acabe la encerrona esta, aquí van a mandar los mismos que antes, las mascotas y los adolescentes.
- ¡Ah, ¿sí? ¿Y los niños?
- Esos más, porque son los nietos. No hay nadie más guapo ni más listo que mi nieto.
- ¿Y usted por qué lo sabe, así tan seguro?
- Pues porque es de cajón. Son las prolongaciones del ego. Ya no queda raíz nutricia alguna a la que agarrarse que no sea el yo. Es lo que propicia el turbo-liberalismo este en el que andamos todos metidos. Le recuerdo a Richard Ford, por ejemplo: “Yo cuidaré de mí. Tú cuida de ti”. Mire usted el presidente que tienen ahora en la capital del Imperio, y mire la gente que le ha votado, la misma que ha ido a hacer largas colas a las tiendas de armas ante la llegada del coronavirus: “Sí, mire usted -le oí decir a uno por televisión-, es que va a haber mucha gente con hambre por las calles y pueden llegar a asaltar las casas”. En la misma dirección de aislamiento y atrincheramiento en el yo, apuntan algunos de los últimos chistes de “El Roto”, ya en nuestro país. Uno decía: “Yo no salgo de mí mismo para evitar contagios” (30-03-2020), y otro: “No se acerquen” (31-03-2020). 


Si tomamos algunas de las características del espectro autista, y las extrapolamos a nuestro funcionamiento colectivo, veremos que no estamos tan lejos de la catacresis que proponíamos

En circunstancias tan inauditas como éstas todo el mundo echa su cuarto a espadas. Todos intentamos prever cómo va a ser el futuro inmediato que nos espera. Claro que aquí cuenta antes que nada nuestra condición psicológica, lo optimistas o pesimistas que cada cual sea, porque lo vamos a proyectar en el análisis; eso parece inevitable. Al margen de los “buenismos” reflejos  con los que intentemos animarnos: “Todo va a salir bien”, “Juntos podemos”, “Resistiré”, que son palancas de autodefensa pero que no aguantan un envite dialéctico, la prospección que podamos hacer es indudable que tendrá que ver con cómo hemos llegado hasta aquí; de ahí el comienzo del artículo. Las mascotas son el amo. No es que cada perro se parezca a su amo, es que es el amo a ras de suelo. Usted tóquelo y lo comprobará. Lo de los niños y adolescentes –ilusión, seducción, sexo, dinamismo, aventura- es porque ellos son uno, si no el mayor, objetivo de la sociedad del consumismo, que es, sin duda, lo único que nos queda: ni arte, ni revolución social, ni religiones; el que no consuma que se salga del cuadro; no interesa. De ahí deriva el análisis que lleva a cabo García Montero en su último libro, Las palabras rotas. Palabras como bondad, justicia, libertad, democracia, etc., hace mucho que no significan nada. Claro, habría que hablar aquí de en qué han quedado las Humanidades en los curricula de cualquier universidad. Aquí habría que matizar al mismísimo ex-presidente de Uruguay, el gran José Mujica, cuando dice que no entiende el “egoísmo” de tanto viejo reviejo empeñados solo en acumular millones y millones de dólares. “¿Para qué –dice él-, no se dan cuenta de que se van a morir igual”. Y es que no es “egoísmo”, es “egotismo”, señor José, culto al yo: cuanto más tengo más importante soy, más me consideran,  de más poder dispongo, más joven y enjoyada podrá lucir mi mujer: la lucha por el Poder de todos los tiempos. Se queda corto el bueno de Mujica –demasiado buena persona- quien apela nada menos que a don Antonio Machado para que la sociedad se desarrolle y madure: “Converso con el hombre que siempre va conmigo… que me enseñó el secreto de la filantropía”. Machado tenía in mente a los grandes pensadores del Imperio Austro-húngaro, aquellos que veían cómo sus hijos adolescentes hacían colecciones de cromos de los músicos de la época, Mozart, Haydn, Beethoven, la Viena de comienzos del XIX, mientras que ahora –ya creo que ni eso- los cromos son Messi, Ronaldo y Nadal. ¿Saben lo que ya hace mucho tiempo escribió Fernando Pessoa a propósito de los deportistas y vigorésicos en general?: “Para quien nada es, correr debe ser la vida”, apelando, claro, a lo que pudieran tener en la cabeza los sportmen y plusmarquistas, además de caspa. Estos son los dioses de hoy, los gladiadores, y emanados por ósmosis, segregados por metástasis, como el cáncer hace con las células, los periodistas, locutores y mamporreros que infectan el lenguaje de la tribu cada día en cualquier telediario. No sólo eso, es que imponen el canon, la norma de la “cultalatiniparla” de nuestro tiempo. Hablan todo el día de “héroes” y han trucado a Eneas y Napoleón por Messí y Ronaldo. Ahora resulta que ya todos somos héroes por quedarnos en casa. Los “locuteros” se pasan el día hablando de goles y partidos “históricos” en lugar de la batalla de Waterloo y el desembarco de Normandía. Ahí se engendra el paradigma de esta sociedad que tenemos: millones, ostentación, modelos de pasarela, restauración, diseño y entrevistas a “figurines” que, no es que no tengan nada que decir, es que ya no tienen ni caspa. ¿Qué va a poner en valor –latiniparla- una sociedad que se pasa todas la horas que tiene el mes en torno, circa, sobre un balón?: Observemos el tiempo que se dedica al deporte en los telediarios frente a la cultura. Luego viene lo de los “juguetes rotos”, claro, tipo Maradona o Ronaldinho, para dar ejemplo moral a los niños.  De ahí partimos y desde ahí debemos proyectar las profecías. Como este augur es más bien pesimista, sus parábolas no pueden ser de alfombras mágicas de Las Mil y una Noches; es obvio. El augur es más bien cenizo, así que, de acuerdo con lo que lleva dicho, atisba una sociedad cuasi-autista, con el peligro e imprecisión que supone extrapolar una enfermedad psicológica a lo social. Lo de las mascarillas de la peste actual, que nos convierte en autómatas cabreados y resentidos; pues qué sé yo, como si la peste la hubiese traído “el otro”, porque ese es el problema “El Otro”, salir de uno y ver al diferente, meterse en su piel. “This is de question”, de la emigración, del racismo y de la sociedad que nos contiene. Cabría aportar algún otro dato para justificar el pesimismo; muchos no, para no aburrir. Cabría decir por qué me sitúo al lado de columnistas como Javier Sampedro, “Contra el optimismo” (El País, 2-04-2020): “La gente se olvidará del coronavirus, los daños económicos acabarán asumidos por las clases bajas y medias y la ciencia volverá a no importarle a nadie”. Él apunta a lo que llama “maldad psicopática” de los sistemas económicos, que volverán aunque al principio, por miedo y sólo por miedo, se resienta un tanto el turismo. Volverán, porque no se han ido, los eslóganes para dementes: “El Cortes Inglés siempre piensa en ti”, “Banco de Santander, un Banco pensado para ti”, en ambos caso con lo que se llama enmascaramiento pronominal, un engañabobos repetido mil veces. No aprenderemos, es la conclusión, como no aprendimos de, por ejemplo, la I Guerra Mundial (37 millones de muertos, más quizá -porque nunca se sabrá- otros 45 por la mal llamada peste española de 1918). Contra esto también tiene otro chiste “El Roto”, el Mejor: “A ver cuándo inventan una vacuna contra la Guerra”.

En fin, que por enlazar con el título, baste decir que si tomamos algunas de las características del espectro autista: intereses restringidos, déficits en la reciprocidad social y emocional, rutinas innecesarias, y las extrapolamos a nuestro funcionamiento colectivo, veremos que no estamos tan lejos de la catacresis que proponíamos. Si no psicosis, todavía, sí autismo; y más tras la peste, que no negra, porque esa ya la teníamos encima con el petróleo. Algo que ya previó un genio que sí que era autista –más, con síndrome de Asperger- Nikola Tesla, pero, claro, las multinacionales, la “maldad de una economía psicopática”, como dice Javier Sampedro, no le hicieron el menor caso porque no interesaba. Y todo deviene, naturalmente, de que los cambios profundos, los cambios duraderos, como muy bien enseño Buda, son lentos. No responden a revoluciones sangrientas o incruentas, que de inmediato conllevan la reacción: Revolución Francesa-Congreso de Viena 1819: Metternich; Revolución rusa-Dictadura estalinista, para que los pueblos siguieran viviendo igual. ¿Quién pagará, pues, esta pandemia? Los de siempre, las clases medias y bajas. ¿Qué sociedad nos podemos esperar tras ella? Pues una bien semejante a la que tenemos, con gran cantidad de ciudadanos cercanos al autismo, que enriquecen cada vez más a las Compañías de seguros como “Seguritas Direct” o que se parapetan con un Remington 08 porque así lo quiere Donald Trump, su líder turbo-liberal. Lo de China es otra cosa: Son estajanovistas al servivio del mismo Kapital, aquí a través de las mafias.

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