sábado. 20.07.2024
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Alvise Pérez.

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En las elecciones europeas la lista electoral denominada Se acabó la fiesta ha conseguido aglutinar ochocientos mil votos, a pesar de no haber participado en debate alguno y darse a conoce únicamente por los recovecos de internet. El hartazgo que suscitan los partidos políticos tradicionales podría ser un factor para explicar este fenómeno. Las formaciones políticas ya no saben cómo reinventarse. La plataforma Sumar ha cumplido su primer aniversario cosechando un palmarés de reveses y su coordinadora se va sin irse, porque ciertamente no ha cumplido con las expectativas que suscitó su escucha. El problema es que tampoco se otea en el horizonte una indiscutible alternativa para una coalición gubernamental arrinconada contra las cuerdas por quienes presuntamente son sus apoyos.

La justicia debería tomar nota de que alguien busca la inmunidad para esquivarla

Cabría pensar que Luis Pérez está llamado a depurar el sistema de partidos porque siempre los vio desde fuera. Pero al parecer tuvo tratos con Ciudadanos e incluso con el partido que ideó Rosa Díez al no conseguir la secretaría general del PSOE. También Abascal critica mucho los pesebres partidistas, acaso por tener amplia experiencia personal en el tema, como por otra parte atesora Ayuso. La familia de Milei obtuvo en su momento ayudas económicas del peronismo, aunque ahora no le interese recordarlos. Las trayectorias personales de los redentores contrarios a lo público iluminan sus contradicciones cuando menos.

Ignoro cuál es el programa de Se acabó la fiesta, pero según parece quiere sortear su salario como eurodiputado, porque solo le interesa la inmunidad que le permitiría burlar causas judiciales pendientes a lo Trump. Los destinatarios del sorteo no pueden ser sus electores, al ser algo secreto. Falta saber si el sorteo en cuestión puede corresponder a cualquiera con ciudadanía española, porque lo suyo sería que fuese a nivel europeo. La justicia debería tomar nota de que alguien busca la inmunidad para esquivarla. En definitiva, más que un fin de fiesta para ciertos oportunismos, estas premisas parecen anunciar más bien el comienzo de un jolgorio sin cortapisas o un auténtico cachondeo.

¿Se acabó la fiesta o empieza el jolgorio del cachondeo?