Democracia y franquismo, términos antitéticos

Placa  en homenaje en París a los combatientes españoles de “La Nueve” en la “Résistance”.
Placa en homenaje en París a los combatientes españoles de “La Nueve” en la “Résistance”.

Desde 1936 hasta 1945, los republicanos españoles dieron su vida por la libertad de su patria y por la de Europa

Después de combatir al fascismo nacional, internacional y a los mercenarios marroquíes durante tres años –sin que las democracias europeas se interesasen lo más mínimo por los avisos que los diplomáticos españoles daban en la Sociedad de Naciones sobre que esperaba a Europa tras el final de la guerra civil-, los combatientes españoles fueron tratados como criminales e internados en campos de concentración en Francia y el Norte de África. No cabía mayor humillación para quienes habían sido los primeros en enfrentarse al fantasma sanguinario que durante seis años destruiría Europa llenando sus calles de cadáveres y mutilados. No obstante, pese al desprecio y el maltrato, los refugiados españoles acudieron en masa al llamamiento de De Gaulle para luchar contra Hitler y Mussolini.

Con todo perdido, menos la dignidad, separados de sus familias, torturados, los españoles fueron saliendo de los campos de concentración franceses para defender a Francia y a Europa, como había hecho antes en su país. En 1940, dos mil voluntarios españoles participaron decisivamente en la batalla de Narvik, en Noruega, objetivo principal de los aliados porque de ese puerto salía la mayor parte del hierro que Alemania necesitaba para destruir Europa. Casi la mitad perecieron y están enterrados en suelo Noruego. Hasta hace muy poco una pequeña placa recordaba su heroísmo, hoy ha sido sustituida por un monumento que hace honor a sus vidas. Poco después miles de españoles se integraron en la resistencia y contribuyeron de forma imprescindible a la liberación de Francia. El 24 de agosto de 1944, a las nueve y media de la noche, Amado Granell en un carro blindado con el nombre de Guadalajara entraba en el Ayuntamiento de París, le seguían otros, Don Quijote, Belchite, Jarama, Ebro, Madrid. Todos formaban parte de “la nueve”, la división comandada por Leclerc: Ellos, que habían sido tratados como animales, fueron los encargados de rendir al mariscal Choltitz y de impedir que cumpliera la orden de Hitler de destruir París, para lo que había colocado toneladas de explosivos en los edificios más representativos de la ciudad. Hace unos años, Francia reconoció la contribución española a su libertad colocando una placa en la puerta principal del Hotel de la Ville. Fueron también españoles los primeros en entrar en Berchtesgaden, el Nido del Águila, el refugio alpino de Hitler. Entre tanto, miles de compatriotas nuestros morían, entregados por Petain, en los campos de concentración alemanes.

Desde 1936 hasta 1945, los republicanos españoles dieron su vida por la libertad de su patria y por la de Europa. En marzo de 2006 el Consejo de Europa condenó el franquismo sin paliativos; el 9 de abril, en la Plaza del Capitolio de Toulouse, Francia rindió homenaje a los refugiados y combatientes españoles declarando al franquismo régimen incompatible con la democracia; el 4 de julio de ese mismo año, con los votos en contra del Partido Popular español, el Parlamento europeo se manifestó en idénticos términos, de mismo modo que lo ha venido haciendo Naciones Unidas en los últimos años. En España, 2006 fue declarado año para la recuperación de la memoria histórica de aquellos que lucharon por la democracia durante la guerra y la posguerra, con los votos en contra, también, del Partido Popular, que es el que manda en España en la actualidad y se niega, como es natural, a condenar la dictadura más criminal de Europa Occidental porque procede de ella.

Es de justicia que España, que Europa rinda homenaje a quienes, con la única y vergonzosa ayuda de la URSS, país con el que no teníamos relaciones diplomáticas el 17 de julio de 1936 –sí con Francia, con quien teníamos un acuerdo de ayuda militar mutua- dieron su vida por la democracia antes que nadie; es de justicia y un acto de afirmación democrática que de una vez por todas se condene al genocida Francisco Franco y a sus colaboradores. No se trata de meter en la cárcel a nadie, ni de fomentar odios, se trata sólo de hacer justicia, se trata únicamente de levantar para siempre la losa de la mentira y el olvido. El Partido Popular se ha negado a condenar el franquismo una y otra vez, ha protestado por la retirada de estatuas del asesino, ha votado en contra de la Ley para la Recuperación  de la Memoria Histórica, votó en contra de la resolución del Parlamento Europeo y ha recurrido judicialmente el cambio del nombre de las calles franquistas en muchas ciudades: ¿Es el Partido Popular un partido franquista? Desde luego franquismo y democracia son términos antitéticos. Ser franquista en 2017 sólo tiene tres explicaciones: Padecer una ignorancia supina, voluntaria y contumaz; querer salvaguardar intereses provenientes de aquel golpe de Estado salvaje o, simplemente, ser fascista. La democracia española necesita de un partido conservador que se aleje del fascismo, que lo condene; la sociedad española saber quién fue de verdad el genocida compañero de Hitler y Mussolini: Escuela, escuela y escuela.