Sin programa de gobierno, un año más

Fernando Martínez Maíllo
Fernando Martínez Maíllo

La propuesta diseñada por Fernando Martínez Maíllo es un clásico del manual: consiste en sacar el partido “a la calle”

El Partido Popular prescinde temporalmente de los maitines y toca a rebato. Mariano Rajoy ha convocado a la Junta Directiva el próximo lunes con ánimo de analizar los problemas y buscar soluciones.

Los problemas ya no están localizados en Cataluña. No es probable que Junqueras y los Jordis salgan de la trena en el corto plazo, y Puchi tampoco va a venirse de Bruselas en el ídem. Ahora bien, Rajoy nunca ha contemplado las cosas desde otra óptica que la del corto, cortísimo plazo. Todo lo que no entra en el rubro de las urgencias apremiantes se deposita en el inmenso cajón de sastre del “ya se verá”. Cataluña ha vuelto a recaer provisionalmente en este último apartado.

La preocupación ahora, lo urgente, y dado que la izquierda se neutraliza a sí misma y sigue estancada, es el reto planteado por Ciudadanos. Ciudadanos ha emergido de las elecciones catalanas con el marchamo de gran esperanza blanca de la “nueva derecha”, la de los menores de cuarenta y cinco años. La derechona mayor de cincuenta y cinco sigue por lo general fiel al PP y, a lo que parece, también al “Cara al sol”, una sintonía más añeja incluso que el liderazgo de Marianico. Con el cara al sol como consigna se ha hecho frente, con éxitos lisonjeros según las reseñas de la prensa cómplice, a la pavorosa batalla de las reinas magas transexuales – o “maricones de mierda” según otra interpretación autorizada –, y ahora se trata de batir el cobre en caliente, aunque en otra dirección.

La propuesta diseñada por Fernando Martínez Maíllo es un clásico del manual: consiste en sacar el partido “a la calle”. No hay que tomarse eso de la calle al pie de la letra; lo de la autopista AP-6 no ha tenido nada que ver, y además la culpa no ha sido del gobierno ni de la concesionaria, sino de la ciudadanía, como ya ha quedado establecido en las ruedas de prensa convocadas al efecto.

La “calle” mencionada por Maíllo es, de hecho, la de las ruedas de prensa convocadas al efecto, la de los actos de gente guapa en salas enmoquetadas y con derecho de admisión reservado, la de las cenas de gala con tribunilla y micrófono para que los líderes se feliciten a sí mismos, y otras iniciativas de estilo parecido.

Se trata de “rearmar” al partido, dice Maíllo, y de disputar una batalla nunca antes disputada, porque el territorio de la derecha era desde hacía muchos años un coto cerrado. Para ello se convoca a capítulo a ministros, presidentes autonómicos, diputados, senadores, alcaldes y concejales. Una pléyade brillante. Algo se les ocurrirá.

Maíllo llama a establecer un calendario “potente e intenso”, y a que los pesos pesados desciendan al cuerpo a cuerpo con Ciudadanos en los territorios, en particular en Andalucía y Madrid. Lo más llamativo es probablemente la agenda, en un año en que el calendario judicial va a poner las cosas más difíciles todavía. El PP asegura que intentará «sacar adelante los Presupuestos, la financiación autonómica, el pacto educativo y la reforma del sistema de pensiones.»

No voy a enumerar los rubros de importancia (el trabajo en primer lugar) que brillan por su ausencia en la agenda del gobierno; pero sí quiero hacer hincapié en ese «sacar adelante», que resume mejor que ninguna otra fórmula la forma marianista de gobernar. No hay programa, no hay objetivos concretos y no hay soluciones en cartera: todo se reduce a despachar como se pueda una faena de aliño, y si sale con barba será sanjosé; si sin ella, la purísima. Con un poco de labia en las ruedas de prensa y la ayuda inestimable de jueces y periodistas amigos, se podrá seguir transitando por las roderas ya consolidadas, y tirar millas como mínimo durante un año más.