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Galicia está en una encrucijada. En la próxima consulta electoral se juega su futuro. Podemos continuar por la senda trazada en los últimos años por el gobierno del PP, que nos llevó a ser un país más viejo y más pobre, o intentar recuperar la confianza en nosotros mismos y alimentar la ilusión de construir un futuro mejor para nuestros sucesores. El porvenir de Galicia está en nuestras manos.

Las políticas impuestas por Núñez Feijóo llevan camino de convertir a Galicia en una geografía desolada. La población decrece y la juventud huye en busca de un futuro lejos de la tierra (aquí más del 50 por ciento está sin empleo). La mal llamada austeridad fue aplicada como un castigo sobre la clase trabajadora y las capas más desfavorecidas de la sociedad. La reducción de gasto público y la restricción de la protección social y de los servicios públicos -sanidad, educación-, provocó mucho dolor en la gente, pero no consiguió reducir la deuda, sino todo lo contrario. Después de ocho años de gobierno de Núñez Feijóo somos un país más pobre y también más endeudado. No es un gran gestor, como le gusta presumir. Pero tiene un mérito, ya que cumplió a la perfección la misión que tenía encomendada: poner la Administración y los fondos públicos al servicio de las  corporaciones financieras y de las empresas afines. Ellos sabrán recompensar su trabajo.

Después de que el lehendakari señalara el día de las elecciones autonómicas (en Euskadi y también en Galicia), para finales de septiembre, se abre una nueva puerta a la esperanza. Desde el poder y los medios de comunicación cómplices (Voz de Galicia, TVG...) intentan dibujar la imagen de una oposición enfrentada y débil. Pero lo cierto es que -con las dificultades propias de un proceso tan apresurado como este-,  tanto el PsdG como En Marea presentan dos excelentes candidatos que, a poco que las organizaciones trabajen y la sociedad se movilice, tendrán una opción seria para desalojar del poder al PP. Los dos tienen claro que no disputan entre sí. Saben bien cuál es el enimigo principal y que el objetivo es conseguir el sorpasso sobre el Partido Popular.

Luis Villares y Xaquín F. Leiceaga son dos hombres de bien, dos personas prestigiosas, serias y solventes, con una notable trayectoria profesional, que ahora dan un paso adelante para intentar corregir el rumbo de este país desde el gobierno de la Xunta. No va a ser fácil, pero tienen la formación y el compromiso necesarios para afrontar el empeño. Tienen también un talante conciliador, favorable al diálogo, que les permitirá procurar acuerdos y puntos de encuentro en beneficio de la mayoría social.

Porque lo que Galicia necesita con urgencia es recuperar la autoestima y la ilusión colectiva. Y hay que desalojar del gobierno la esta facción que ocupó el poder, en los últimos ocho años, con una finalidad bien definida: poner la Xunta al servicio del capital  y facilitar la realización de negocios a expensas del dinero público. Núñez Feijóo, el hombre que anda en malas compañías, podrá ir para Madrid (ciudad que visita con frecuencia para buscar proyección política) o viajar a Salvador de Bahía (dijo en una ocasión que ese será su destino cuando se jubile). Pues allí tendrá mucho sol, y otras cosas, que le permitirán tener un gozoso retiro.