El derecho a la atención sanitaria ha sido una de las conquistas sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

La atención sanitaria, tal como hoy la conocemos, tiene una corta vida. Poco más de tres décadas. La extensa red de hospitales y centros de salud que cubren toda la geografía se construyó  en un tiempo muy reciente. Recordemos que la guerra civil dejó a este país sumido en la miseria más absoluta, bajo la opresión del dictador y con el miedo y  la pobreza aplastando a la mayoría de la población. No se visitaba al médico salvo en casos de extrema gravedad.

Durante la II República ya se habían creado diversos seguros para proteger la salud de los trabajadores. Pero, tras el final de la contienda, no es hasta 1944 cuando se implanta el Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE), dirigido a proteger a los trabajadores económicamente débiles. Tuvieron que pasar cuarenta años más para que se aprobase la Ley General de Sanidad (LGS), promovida por el ministro Ernest Lluch, que sienta las bases del actual modelo sanitario de España. Siguió el esquema del National Heltth Service (NHS), -que ya en 1948 propuso una asistencia preventiva y curativa “para todo ciudadano sin excepción”-; además del Reino Unido, los países nórdicos y otros europeos establecieron sistemas sanitarios basados en la financiación pública, acceso universal y una oferta de servicios sanitarios con independencia de los ingresos, de la posición social o lugar de residencia (J. Benach).

En España este proceso fue más tardío. En la LGS se establece la universalizacion del derecho a la atención sanitaria, con un modelo basado en la prevención y la promoción de la salud, que integra los servicios sanitarios y que tiene una provisión mayoritaria y hegemónicamente pública (Sánchez-Bayle). Esta ley garantiza el derecho de los ciudadanos a la atención sanitaria y se configura un Sistema Nacional de Salud (SNS) como elemento integrador y coordinador de los servicios sanitarios transferidos a las Comunidades Autónomas (CCAA).

Además de la LGS  han sido importantes para el buen desarrollo del sistema otros hechos. Para conseguir unos hospitales con elevado nivel de calidad ha sido decisiva la creación, en los años  setenta,  del sistema MIR (Médicos Internos y Residentes) para la formación postgraduada, lo que ha dotado a nuestros hospitales de especialistas  altamente cualificados que, a su vez, han formado a otros compañeros. Para el desarrollo del nivel de Atención Primaria (AP) han sido momentos clave la creación de la especialidad del Medicina de Familia (1978), y el Decreto de Estructuras Básicas de Salud (1984) que favoreció la construcción de numerosos centros de salud para acoger el trabajo de equipos multidisciplinares que integraron las actividades curativas con las de promoción y prevención.  

El derecho a la atención sanitaria ha sido una de las conquistas sociales más importantes de la segunda mitad del siglo XX, un bien público equiparable al derecho al voto, la educación o tener una pensión (J. Benach). Este derecho está garantizado por el SNS. Pero este SNS no es perfecto. Su deficiencia más notable es la escasa financiación. Vicenç Navarro recuerda (en el libro La salud como negocio) que la Transición no fue tan modélica: “los herederos de la dictadura controlaban los aparatos del Estado y los medios de comunicación, mientras que las fuerzas democráticas acababan de salir de la clandestinidad”. El dominio de las fuerzas conservadoras hizo que el Estado fuese muy poco redistributivo: “España es el país que tiene uno de los gastos públicos sociales per capita (incluyendo el sanitario) más bajos de la UE-15 (el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo) así como un Estado muy poco redistributivo”.

La insuficiencia financiera, que arrastra el SNS desde su nacimiento, se debe, sobre todo, al déficit recaudatorio del Estado. España no es un país pobre: el dinero existe pero el Estado no lo recauda. Las clases pudientes tienen un gran poder y no contribuyen a financiar el Estado del bienestar en la misma proporción que sus homólogos de la UE-15. Ahí es donde está el problema, según señala en profesor Navarro: “las rentas del capital, que suponen la mayoría de las rentas de las clases más pudientes del país, aportan al Estado mucho menos que las rentas del trabajo”.

Pese a que el porcentaje de PIB dedicado a la salud es de los más bajos del entorno, los indicadores sanitarios son de los mejores del mundo. EL SNS constituye un elemento clave para la cohesión social. El SNS ha generado buenos resultados en el estado de salud de la población, en la cobertura sanitaria, en la calidad y seguridad de las prestaciones y en la satisfacción de los usuarios. Los ciudadanos españoles disponen, todavía hoy, de un SNS con buena relación coste-calidad, y es un sector clave del Estado de bienestar, así como un elemento estratégico de la economía, de alto valor añadido y generador de empleo. Es necesario defenderlo ante el ataque depredador de la derecha gobernante, empeñada en sustraer un derecho a los ciudadanos para convertir la sanidad en un espacio de negocio.

(Este texto forma parte del libro “La Sanidad no se vende”, Editorial Akal Foca)