Las políticas de protección social han conseguido que tengamos una esperanza de vida elevada; las políticas de recortes impuestas al amparo de la crisis harán que esta esperanza de vida decrezca.


Es tal la desfachatez de esta organización (dirigida en los últimos años por Rodrigo Rato, Dominique Strauss-Kahn y Christine Lagarde, todos imputados por motivos diferentes) que se atreve a hacer público este discurso tan obsceno

Hace treinta años publiqué un librito titulado “Como llegar a viejo”. Ahora, ya próximo a los sesenta, quizá escribiría cosas distintas porque tengo la vejez más próxima, pero lo escrito no perdió su validez. En aquel entonces prevalecía la consigna de la OMS que pretendía “añadir años a la vida y añadir vida a los años”. El objetivo era construir una vida saludable que nos permitiese llegar a edades avanzadas con autonomía y con la capacidad de disfrutar de una vida plena. Hoy esos criterios han cambiado.

Ahora prevalece el discurso del FMI, que considera la longevidad como un “riesgo financiero”, por lo que aconseja a los Estados y a las compañías aseguradoras que prolonguen la edad de jubilación, que aumenten las cuotas de los seguros y reduzcan los niveles de protección. En resumen: hay que trabajar toda la vida –cada vez por menos dinero- y morir pronto para evitar la quiebra de las empresas de seguros. Es tal la desfachatez de esta organización (dirigida en los últimos años por Rodrigo Rato, Dominique Strauss-Kahn y Christine Lagarde, todos imputados por motivos diferentes) que se atreve a hacer público este discurso tan obsceno. Conseguir una vejez plena y una jubilación gozosa debería ser un objetivo principal de cualquier sociedad justa. Las políticas de protección social han conseguido que tengamos una esperanza de vida elevada; las políticas de recortes impuestas al amparo de la crisis harán, con toda certeza, que esta esperanza de vida decrezca. 

Los de mi generación hemos tenido el privilegio de participar en la construcción de una sociedad más justa y próspera. Aquella España insana y miserable de la dictadura franquista caminó, durante décadas, hacia una sociedad más igualitaria, gracias al esfuerzo y al trabajo solidario de mucha gente. No ha sido un regalo del franquismo sino el resultado de la lucha social. Bien es cierto que, ya entonces, hubo quien se dedicó a la especulación y a la rapiña, al fraude y a la corrupción. Estas bandas organizadas han infectado la vida pública, han robado el dinero de todos y han envilecido la convivencia social. La juventud tendrá que romper con todo esto, tiene que expulsar de la vida pública a los corruptos e imponer reglas de juego y sistemas de vigilancia que impidan la propagación de esta vileza.

Porque no es obligación de los jóvenes pensar en la vejez (horizonte tan lejano, que llega tan pronto), pero sí tienen el deber de proteger y mejorar el Estado de bienestar que tanto costó construir a las generaciones precedentes y que ahora la maquinaria infernal del capitalismo especulativo quiere eliminar, para destruir una sociedad de ciudadanos libres y solidarios y sustituirla por una sociedad de castas con esclavos sometidos al trabajo.