Hay cada vez más conciencia de que las políticas impuestas han empobrecido nuestras vidas y ensombrecen el futuro.

La complicidad obscena de los intereses financieros con los políticos en el poder está generando un empobrecimiento generalizado, una desesperanza creciente que afecta cada vez a más personas

Los grupos económicos y los políticos cómplices que dominan el mundo nos han expropiado, en poco tiempo, las conquistas sociales y los derechos cívicos conseguidos en las últimas décadas, y que creíamos consolidados y sin posibilidad de retroceso. Mi amigo Carlos Varela (ex-Fiscal Superior de Galicia) recordó en un discurso reciente el principio de “prohibición de retroceso social”, que vulneran reiteradamente nuestros gobernantes. Porque hay una estrategia global, diseñada en los foros donde cocinan el falso dogma neoliberal -ideología clasista que pretenden presentar como evidencia científica-, y hay actores locales (en la política y en la economía especulativa) que aplican estas recetas sin pudor, aún sabiendo el grave daño y el enorme sufrimiento que provocan a muchas personas.

La gente común tenemos que organizarnos y defendernos para construir un futuro más justo e igualitario que el que nos están diseñando los facinerosos que dominan el planeta. Lo que ha sucedido en los últimos años en nuestro país –y en otras geografías próximas-, no ha sido consecuencia de un tsunami –o cualquier otro fenómeno imparable de la naturaleza-. La crisis ha sido provocada por la feroz e implacable avaricia de los codiciosos que se han apoderado del mundo. Ellos son –banqueros, inversionistas, especuladores, jugadores del casino universal-, los causantes de la crisis, quienes ahora siguen lucrándose de la misma (jugando con la deuda pública, moviendo a su antojo la prima de riesgo, desvalijando las cajas de reserva de dinero público). 

La complicidad obscena de los intereses financieros con los políticos en el poder está generando un empobrecimiento generalizado, una desesperanza creciente que afecta cada vez a más personas. La juventud tiene una importante tarea por delante. El movimiento 15-M ha supuesto un revulsivo para mucha gente –joven y no tan joven- desencantada de la vieja política y de los políticos corruptos. La indignación expresada en aquel momento ha cuajado en movimientos sectoriales muy activos (preferentistas, plataformas contra los desahucios, las mareas de la educación y la sanidad, etc), y en grupos políticos que recogen cada vez más apoyo de la ciudadanía.

Hay cada vez más conciencia de que las políticas impuestas han empobrecido nuestras vidas y ensombrecen el futuro. Cada vez es más visible el muro que están levantando entre los que manejan el mundo y los que son cada vez más pobres, cada vez es más evidente la creciente desigualdad social que nos conduce a un mundo de señores y siervos. Hay una preocupación creciente por el entorno y por el cuidado de la salud del planeta; hay grupos que reflexionan y actúan para procurar la soberanía alimentaria y la sostenibilidad de nuestra vida futura; hay jóvenes que se plantean el retorno al medio rural y otros que reflexionan sobre el peak oil, un futuro –próximo- sin petroleo (Véspera de nada). Cada vez hay más personas que perciben la necesidad de implicarse en la acción social, ya que las políticas dominantes perjudican nuestra vida y la de nuestros descendientes. Toda esta energía hay que unificarla para construir una alternativa fuerte, que frene el dominio actual de las fuerzas de la codicia dedicadas al saqueo.