Las decisiones de Cedrún responden a una forma de hacer sindicalismo que, a nuestro modo de ver, está lejos de las conclusiones del Repensar y, se nos podrá decir que es legítimo hacerlo, pero creemos que debería ir acompañado de un ejercicio valiente que incluyera asumir y explicar cómo entienden la práctica sindical

Estos últimos días han surgido voces desde el sindicato que cuestionan que se salga fuera de la organización para reclamar aquello que se considera legítimo derecho y para criticar las decisiones que se están tomando por la dirección tras el XI Congreso de las CCOO de Madrid.

Nuestras queridas Comisiones Obreras desarrollaron un profundo debate previo al inicio de los Congresos para descubrir qué le hacía falta al sindicato para recuperar la fortaleza que considerábamos imprescindible para conectar con la sociedad, ese proceso lo llamamos REPENSAR. No sabemos si todos/as abordamos el proceso con la misma pasión, pero sí creemos que la gran mayoría de la organización lo hizo. A nuestro modo de ver, fue un proceso intenso, profundo, a veces, doloroso pero fundamentalmente revelador porque consiguió generar la sensación de que se abría la puerta de la casa para que quien quisiera entrar, lo hiciera, opinara y… militara.

Después del período que ha vivido nuestro país de crisis sin límites, de aniquilación de derechos, de ataque a la clase trabajadora y, claro está, a sus representantes y, por tanto, al movimiento sindical de clase, este proceso era arriesgado porque ese ataque había calado en la sociedad e implicaba también que podíamos tener que oír cosas que no nos gustarían, críticas demoledoras, insultos, injurias… Qué sorpresa descubrir que nuestros delegados y delegadas, que son quienes realmente más han sufrido porque han recibido la crítica directa de sus compañeros y compañeras en los centros de trabajo, porque han sufrido la crisis como cualquier otro trabajador/a y porque son, además, los que han sufrido la desconexión y el alejamiento que sin duda se ha dado entre las estructuras del sindicato y sus bases; qué sorpresa, encontrar en todas esas asambleas, compañeras y compañeros que manifestaron sus preocupaciones y propuestas con una generosidad y lealtad sorprendente, con una ilusión y responsabilidad vigorosa y, en la mayoría de los casos, con una clarividencia reveladora que permite decir que las CCOO están habitadas por gentes que pueden y quieren cambiar la realidad laboral y social que el neoliberalismo caníbal está imponiendo, y lo quieren hacer desde dentro de su sindicato.

La afiliación de las CCOO se ha sentido muy sola estos años, porque la lucha tenía muchos frentes y las filas no eran lo multitudinarias que necesitábamos. “Repensar el Sindicato” ha aportado muchas conclusiones que se han trasladado a las ponencias que se aprobarán definitivamente en el Congreso Confederal que celebraremos los días 29 y 30 de junio y 1 de julio. Pero algo que la afiliación de base ha dicho con claridad y rotundidad es que necesitan que las estructuras del sindicato estén cerca y que se mejore y profundice en la toma colectiva y democrática de las decisiones y en una participación lo más amplia posible.

Las CCOO de Madrid han hablado ya en su Congreso Regional y han dicho que Jaime Cedrún debe ser su Secretario General y que su candidatura obtiene el refrendo del 52,57% de la delegación que asistió al Congreso. Es verdad que la candidatura del ya hoy Secretario General propuso una Comisión Ejecutiva de 35 miembros a pesar de haber aprobado una ponencia que se compromete con la reducción de los órganos de dirección. Así lo votó y así lo aprobó la mayoría y, a pesar de la discrepancia, así lo aceptamos las personas que votamos en contra.

Sin embargo, no podemos simplificar el proceso, porque otro 47,14% también habló y nombró a 16 de esos 35 miembros para dirigir las CCOO de Madrid. Jaime Cedrún puede negarnos el pan y la sal a los 16, no darnos ni lo más elemental como es un espacio para trabajar, ni mesa, ni ordenador, ni siquiera -todavía- un correo electrónico… puede tratarnos como proscritos/as o menores de edad; puede elegir su equipo para gobernar durante los próximos 4 años y así lo ha hecho, excluyendo casi a la mitad de la afiliación de Madrid. Cosa bien distinta es que deba hacerlo y que eso sea bueno para las Comisiones Obreras.

Pero no queda todo ahí, la dirección de Madrid también está haciendo cosas que no puede hacer: está usurpando la decisión legítima y mayoritaria de la afiliación en aquellas comarcas que le han sido hostiles. Primera decisión, retirar la dedicación exclusiva a tres miembros electos de la Comisión Ejecutiva de la Comarca Sur, desmantelando su equipo de dirección y anulando de facto los resultados de un Congreso Comarcal y, para colmo, falseando lo que dicen las ponencias y saltándose los estatutos confederales en materia de reparto de los recursos a sus organizaciones en base a criterios de proporcionalidad y representatividad. Todo ello, después de sumarse a las propuestas que hacía Más Unión en lo referente al sindicalismo de proximidad y el compromiso de reforzar las comarcas para acercar los recursos al conflicto social y laboral. Aviso a navegantes de otras comarcas que dependen de decisiones similares en breve espacio de tiempo…

Y si esto, como parece, se convierte en un suma y sigue, no podemos silenciarlo. En primer lugar, porque ese ejercicio ya lo hicimos en el pasado mandato. Porque se ha ocultado de forma torticera el nivel de crítica que se vivió en los debates internos y la decisión leal de apoyar al que era nuestro Secretario General en el externo y por ello se nos ha criticado: “¿Cómo puede ser que después de todo un mandato sin mostrar discrepancias, aparezca una candidatura alternativa? Eso es simplemente un 'quítate tú pá ponerme yo...'. Y, en segundo lugar, porque este proceso que implica un modelo sindical diferente, abierto y participativo, ya no tiene vuelta atrás y la organización no ha hecho todo este proceso de revisión para pervertirlo y camuflar prácticas caudillistas impropias de un sindicalismo reivindicativo y de clase.

Las decisiones de Cedrún responden a una forma de hacer sindicalismo que, a nuestro modo de ver, está lejos de las conclusiones del Repensar y, se nos podrá decir que es legítimo hacerlo, pero creemos que debería ir acompañado de un ejercicio valiente que incluyera asumir y explicar cómo entienden la práctica sindical. Porque si las personas que integramos la candidatura de Más Unión hemos sido excluidas, tenemos derecho a que se nos diga qué hemos hecho…¿mal? Si nuestro modelo de sindicato no vale o si los 16 miembros de la Comisión Ejecutiva Regional, los 3 miembros de la Comisión Ejecutiva de la Comarca Sur, los... no podemos codirigir la organización, la afiliación tiene derecho a saber qué hemos hecho para merecer esta exclusión.

Lo contrario se convierte en un ejercicio de cinismo que conlleva decir una cosa y hacer otra… Hablar de cohesión, de unidad, de inclusión y no explicar por qué se excluye, sólo llevará a la organización a consolidar la división.

Igual que el sindicato está obligado a poner voz a la clase trabajadora, no podemos callar porque estamos obligados a poner voz, al menos, a esa mitad de la afiliación que nos votó en el XI Congreso.

Los estatutos de las CCOO nos definen como un sindicato democrático e independiente en el que “las asambleas de afiliados y afiliadas, el funcionamiento democrático de todos los órganos de la CS de CCOO y el respeto a sus decisiones tomadas por mayoría son las bases de esa independencia, lo que nos caracteriza como sindicato asambleario”.

Esa participación que lleva a gala, con orgullo, la obligación de contar con la afiliación en los procesos de negociación colectiva, en la elaboración de plataformas reivindicativas, en la convocatoria de movilizaciones o en la firma de acuerdos y que cualquiera denunciaría si se incumpliera, es la misma que contempla la libertad de manifestar opiniones diferenciadas o críticas sobre las decisiones tomadas a cualquier nivel de la organización.

Permítasenos usar los cauces internos para resolver las discrepancias y no se utilicen los instrumentos del sindicato como altavoz y maquillaje de decisiones unilaterales y así evitaremos el uso de cauces externos -Jaime, si 16 miembros de tu Ejecutiva nos dirigimos a ti por carta para reclamar lo que entendemos son nuestros derechos, no nos des la callada por respuesta o nos contestes a través de una nota en la web- porque como alguna voz tuitera ha dicho, los estatutos “no amparan conductas… que causen grave perjuicio a la imagen pública del sindicato…” pero nada hay más grave, ni daña más la imagen del sindicato que la constatación por su afiliación y por los y las trabajadoras a las que representamos, de prácticas no acordes con nuestros preceptos.

En este sindicato te votan para que les defiendas, no para que te calles y si hemos abordado el Repensar para acercarnos a la gente, estamos obligadas a poner voz a quienes nos piden que frenemos las prácticas que nos alejan de ella.

La afiliación de las CCOO de Madrid ha hablado, pero dígannos, por favor, ¿qué hemos hecho?


Firman este artículo: Mercedes González, Manuel Albano, Isabel Martínez, Elisa Revilla, Javier Fernández, Pilar García, Juan Carlos García, José Luis López, Daniel Gismero, Luis Regatos, Yolanda Díaz, Luis Lombardo, Mª Fe Sastre, Alberto Blanco, Patricia Lauder, Piedad de la Guardia. (Miembros de la CE de CCOO de MADRID)