La política sanitaria del Gobierno de Rajoy está  fuertemente influenciada por la ideología neoliberal que considera la salud como una mercancía mas objeto de lucro. Esta forma de pensar ha sido promovida e impulsada desde por los grandes organismos internacionales que dominan la economía mundial como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio o la propia Comisión Europea  (incluso la OMS financiada cada vez más por el capital privado como Bill Gates).

Como consecuencia la actuación del Ministerio de Sanidad en los últimos años se ha centrado prioritariamente en desmantelar y privatizar  el Sistema Nacional de Salud con recortes presupuestarios  que alcanzaron, según el propio Ministerio de Sanidad,  los 70.464 millones de euros entre 2009 y 2014 (una reducción del 18%) y reducciones de platillas (25.000 trabajadores sanitarios según el Gobierno o 55.000 según el sindicato CCOO).

Esta política va dirigida a desmantelar y debilitar el sistema público y potenciar los recursos privados (como un paso previo para introducir el mercado en sanidad)  y hacer del turismo sanitario una gran oportunidad de negocio (parece que este país está condenado a vivir de las múltiples facetas del turismo). El negocio sanitario pasa por potenciar la atención hospitalaria, el uso intensivo de las nuevas tecnologías y medicamentos (cuanto más costosos mejor),  y medicalizar la vida de las personas para que hagan un elevado consumo sanitario. En esta estrategia están implicados responsables políticos de la administración, el complejo de la industria farmacéutica y de equipamientos, las grandes corporaciones  tecnológicas (como IBM) y los fondos de inversión internacional, con puertas giratorias en las que altos cargos intercambian sus puestos entre la administración sanitaria y las empresas.

En un modelo sanitario de mercado y competencia, la Atención Primaria (a la promoción, la prevención y la medicina comunitaria), queda relegada a un papel subalterno, dado que sus actividades son difícilmente comercializables como mercancías.

Dos elementos claves en el retroceso del Nivel Primario en el sistema 

1.- Abandono de los planes de mejora

Además de los recortes de gasto, el Gobierno paralizó el desarrollo la Estrategia AP 21,    consensuada por el gobierno de Zapatero con todas las organizaciones profesionales, y que estaba destinada a corregir los problemas y deficiencias que soportaba el Nivel Primario,  en cuya elaboración colaboraron más de 90 expertos de sociedades científicas, comunidades y asociaciones de pacientes. La AP 21 constaba  de 44 estrategias agrupadas en 5 bloques orientados a la mejora de la calidad, la capacidad de resolución, la continuidad asistencial, la participación y el desarrollo profesional y la eficiencia en la gestión, todo ello dirigido a mejorar la calidad asistencial y su capacidad resolutiva, para cuyo despliegue el Ministerio de Sanidad presupuestó 24 millones de euros.

La estrategia contemplaba construir nuevos centros de salud; incrementar el personal hasta alcanzar unos ratios de personal facultativo y de enfermería de 1.250 personas; aumentar el prepuesto de la AP hasta llegar al 25% del total; facilitar a los profesionales el acceso a los recursos diagnósticos en las mismas condiciones que los hospitales (mediante protocolos comunes); y la reducción de la actividad burocrática, que actualmente ocupa el 30% de la actividad del personal médico. La paralización de este ambicioso proyecto muestra la total ausencia de interés del Gobierno de Rajoy por la Atención Primaria a la que condena al deterioro y a la obsolescencia.

2.- Sometimiento de los Centros de Salud a las gerencias hospitalarias.

La creación de las Gerencias Integradas de Área  supuso la desaparición de las gerencias de Atención Primaria (AP) absorbidas  por las estructuras de gestión hospitalaria. La AP ha quedado relegada a realizar un control de los llamados Procesos Asistenciales, algo imposible de realizar dada la falta de poder, prestigio y liderazgo de la Medicina de Familia con respecto a los servicios hospitalarios. El Ministerio de Sanidad ha asignado al nivel primario el papel de portero de los hospitales  a los que selecciona pacientes y patológicas atendiendo a criterios de rentabilidad económica, clave para una competencia que no tiene que ver con las necesidades de salud. El sometimiento de los centros de salud a las gerencias de los hospitales,  relega la AP a un papel subalterno dentro del sistema.

Las nuevas Unidades de Gestión Clínica, son estructuras acogidas al modelo de gestión empresarial, con plena autonomía, presupuesto propio y capacidad para vender sus productos en un mercado sanitario interno, marginan a la AP dentro del Sistema asignándola la función de portera de pacientes y patologías.

Resultados y consecuencias de esta situación

1.- Deficiencias en la calidad asistencial y en la capacidad resolutiva: La masificación de los cupos (más del 52% tienen más de 1.500 tarjetas individuales que son 250 tarjetas más de las marcadas por las sociedades de medicina de familia, pediatría y enfermería o por los expertos de AP21), obliga al personal médico a atender una media de 40-50 pacientes al dia,  lo que repercute en la asistencia y la capacidad para resolver casos en el nivel por falta de recursos y tiempo. Como consecuencia muchos pacientes son enviados de manera innecesaria a hospitales o a servicios de urgencias, aumentando así los costes (innecesarios), los riesgos para la salud y las listas de espera. Además la enfermería tiene una presencia testimonial en la AP (somos el país de Europa con menor densidad de profesionales de enfermería) lo que hace que la atención a enfermos crónicos, domicilios, cuidados, etc tengan numerosas deficiencias.

2.- Listas de espera en AP: El 52% de las personas que demanda asistencia en los Centros de Salud  no son atendidas el mismo día y el 11% tardan más de una semana. Esto es incompatible con la filosofía y la lógica de la Atención Primaria que debería atender la demanda de manera inmediata.

3.- Irracionalidad asistencial y peligros para la salud: La presión asistencial impide llevar adelante actividades esenciales contempladas en el actual modelo de salud comunitaria como son la promoción de salud, la prevención de la enfermedad o el trabajo con la población. Este abandono de funciones repercute negativamente sobre la racionalidad del sistema que prioriza la curación y el uso de tecnologías y medicamentos, que  además de disparar el gasto, suponen un riesgo para la salud (la iatrogenia es la cuarta causa de mortalidad general). Acabar con la medicalización y el consumismo sanitario de la sociedad debería ser una de las prioridades de la AP.

4.- Pérdida de prestigio social y profesional: Las facultades de Medicina apenas dedican tiempo en el programa docente a la AP o a la Medicina Comunitaria, cantándose con los dedos de las manos las cátedras de Atención Primaria, algunas de las cuales son financiadas por laboratorios farmacéuticos, que como es lógico pretenden aumentar la prescripción. Un ejemplo de este desprestigio es que los médicos/as recién egresados de las facultades   de medicina con mejores notas no eligen la Medicina de Familia para especializarse, y que muchos los que no les queda más remedio que elegirla vuelven a presentarse al examen MIR para cambiar de especialidad.

La crisis una oportunidad perdida por la Atención Primaria:

Entre los problemas del Sistema Sanitario Público podemos el aumento del gasto, el abuso en la utilización de recursos tecnológicos, el abandono de la promoción y prevención,  la utilización excesiva de pruebas diagnósticas y medicamentos cada vez más costosos y de eficacia cuestionada. Aunque la Atención Primaria debería haber sido la alternativa a esta situación el gobierno del Partido Popular ha optado por una política de recortes de recursos, introducir copagos y suprimir la asistencia universal (para expulsar del sistema a inmigrantes sin papeles o personas jóvenes); por potenciar la atención hospitalaria y  la difusión intensiva de recursos tecnológicos;   y por autorizar fármacos muy costosos de eficacia controvertida. Esta situación está poniendo en riesgo la sostenibilidad del sistema y la salud de la población.

PROPUESTAS PARA RECUPERAR LA ATENCIÓN PRIMARIA

1.       Recuperar el carácter Universal de la Atención Primaria y la equidad en el acceso a los servicios de atención primaria para lo que es necesario Derogar el RD 16/2012 e integrar los regímenes asistenciales (MUFACE; ISFAS, MUJECU y..)  en el Régimen General de la Seguridad.

2. Incrementar el presupuesto de Atención Primaria en un 10% anual hasta alcanzar el 25% del total sanitario en 5 años

3. Incrementar el personal para acabar con la masificación de los cupos, y garantizar cupos de 1.250  tarjetas individuales por profesional

4. Suprimir las limitaciones en el acceso a recursos diagnósticos generalizando  protocolos y guías clínicas consensuados y basados en la evidencia

5. Suprimir las Gerencias Integradas controladas por las  gerencias hospitalarias y desarrollar las Gerencias de Atención Primaria que garanticen la coordinación con hospitales y  salud pública.

6. Derogar las Unidades de Gestión Clínica que fragmentan el sistema, privatizan la gestión  y someten la actividad de la AP a los intereses de los servicios Hospitalarios 

7. Recuperar los Servicios de Información (historia clínica electrónica, receta electrónica, centrales de llamadas, servicios de información pacientes..) externalizados a empresas privadas, para facilitar el control de procesos asistenciales.

8. Crear cátedras y departamentos de Medicina Familiar y Comunitaria (MFyC) en todas las universidades e incrementar los créditos de la asignatura de MFyC. Crear unidades de formación continuada en AP en todas las áreas sanitarias y prohibir  su financiación por laboratorios farmaceutios.

9. Mejorar la dotación y equipamiento de los Centros Docentes  de AP potenciando  las actividades de promoción de salud y de trabajo comunitario.

10. Desarrollar estructuras de investigación en AP en todas las áreas, independientes de las hospitales y priorizar Planes de Investigación en Salud Comunitaria.

11. Mejorar las condiciones laborales, salariales y de desarrollo de los trabajadores de AP

12. Mejorar la calidad, la capacidad resolutiva y reducir la carga burocrática de la AP,  desarrollando las propuestas de la Estrategia AP 21.

Todas estas medidas son sustanciales para mejorar el funcionamiento de la Sanidad Pública y garantizar su sostenibilidad.