Los ricos no tienen patria

unnamedEl advenimiento del neoliberalismo globalizador de las últimas décadas, que incluso se ha potenciado durante la etapa de la gran depresión ha comportado el incremento de la desigualdad social fruto de un injusto reparto de los beneficios.

Las doctrinas de la austeridad sólo han provocado rebajas en la situación de las clases trabajadoras no tan sólo en términos de menor renta sino de su propia situación social, donde el incremento del paro, la rebaja de salarios y de sus derechos sociales ha sido una norma. Un claro ejemplo es cómo los rescates de las corporaciones financieras se han efectuado a expensas de los derechos del conjunto de la sociedad y especialmente de las clases trabajadoras.

La situación precedente del Estado del Bienestar existente en “las décadas doradas” de los 50, 60 y 70 del siglo XX, se ha visto reducida de forma considerable. Los principios que la hacían posible, la libertad de mercado corregida por la justicia social redistributiva, han desaparecido. El neoliberalismo impone la lógica del mercado en todos los ámbitos como la única política posible y acompañada por recetas de austeridad y menor redistribución social con un cambio negativo en la progresividad impositiva.

El fundamentalismo económico de los mercados libres con la mínima intervención de los estados, la desregulación, la flexibilización, la globalización económica impulsada por el desarrollo de las TIC han provocado en los países europeos una situación de incremento de la desigualdad y de la cohesión social.

Estos ricos sin patria han definido un sistema de economía global que les permite un movimiento de recursos, desde un territorio a otro burlando jurisdicciones y ocultándose al control de las autoridades y de la sociedad

Se da la paradoja que la globalización neoliberal sin reglas ha comportado el establecimiento de lo que se ha dado en llamar “un socialismo para los ricos y un capitalismo para los pobres”.

En efecto el resultado de las políticas derivadas de la crisis han perjudicado a la mayoría social y sólo ha beneficiado la minoría más rica, el denominado 1% de los más ricos, y el 20 % formato por sus escuderos sociales (ejecutivos, profesionales cualificados, comparsas políticos o mediáticos etc.).

Los cambios económicos y sociales que han comportado un incremento de la vulnerabilidad y desigualdad social, de la precariedad laboral, de la pobreza y de la propia recesión democrática han producido a la vez una concentración de los recursos en pocas manos con la consiguiente acumulación desmesurada de poder por una minoría.

En los países europeos la deslocalización industrial ha sido una constante en las últimas décadas de globalización sin reglas. Los procesos industriales se han trasladado a países en vías de desarrollo donde el coste de la producción es más barato. Paralelamente el capital industrial ha sido, cada vez más, sustituido por el capitalismo financiero o el bien denominado “capitalismo de casino”. Todo esto ante la más completa inacción de los gobiernos que están situados en la lógica de que la única alternativa es la neoliberal, es decir la liberalización de los mercados sin reglas. Esta preeminencia financiera del capital se basa en la maximización del valor de la acción en las grandes corporaciones.

Lo fundamental no es ahora la producción sino conseguir el máximo de beneficio aprovechando el movimiento global de capitales y recursos buscando la acumulación mediante la elusión de regulaciones o leyes que los limitaban anteriormente a nivel de los estados.

Lo más paradójico de la actual situación es que los componentes que más se han beneficiado por las nuevas políticas económicas, los más ricos, se han desnacionalizado. Es decir que han situado una gran parte de sus recursos más allá del control de sus estados nacionales de procedencia.

La utilización por parte de los privilegiados de la práctica del “offshoring” los ha permitido ocultar una parte sustancial de sus fortunas lejos del control de sus estados de procedencia, con la consiguiente elusión fiscal. Los más ricos se han independizado de sus estados o patrias originarias.

Estos ricos sin patria han definido un sistema de economía global que les permite un movimiento de recursos, desde un territorio a otro burlando jurisdicciones y ocultándose al control de las autoridades y de la sociedad.

Esta es una práctica generalizada no sólo por parte de las personas físicas más privilegiadas sino de la práctica totalidad de las grandes corporaciones europeas, tanto financieras como industriales que tienen localizadas gran parte sus filiales en “paraísos fiscales” eludiendo el pago de los impuestos que les corresponderían por los beneficios obtenidos.

Tienen a su favor lo que Owen Jones denuncia en su libro “El Establishment: la casta al desnudo”, es decir toda una serie de servidores, desde directivos patronales, a servicios de estudios, líderes comunicacionales, dirigentes políticos o directivos de medios de comunicación, altos profesionales, etc. sobre los cuales tienen control y que tienen una situación de dominación sobre la comunicación, la política, la economía y la vida de la sociedad. Estos de forma permanente defienden desde sus tribunas correspondientes como única alternativa el actual modelo económico, ocultando la realidad de la expoliación de la mayoría social por parte de la minoría privilegiada.

Para conseguir un cambio de esta situación de dominio de la iniquidad en que se encuentra la gran mayoría de la sociedad, excepto aproximadamente el 20% que de una forma u otra está al servicio del 1% más privilegiado, haría falta que la sociedad fuera consciente de la realidad de la expoliación que sufre en su conjunto. De la existencia de unos privilegiados que son los únicos responsables de la actual situación de crisis y desigualdad en que vive la mayoría social derivada de unas políticas injustas, egoístas y antisociales. Tanto las clases medias que han visto disminuir sus perspectivas de futuro y están indignadas por ello, como la clase trabajadora que ve como sus condiciones de vida disminuyen y se vuelven más precarias, hasta el más de 20% de población excluida socialmente y que vive en la más absoluta precariedad y pobreza, tienen que conocer quién son los responsables del empeoramiento de su situación.

El conocimiento de la realidad es un factor fundamental previo para conseguir la reacción necesaria por parte de la mayoría que articule una respuesta al actual estado de cosas en las sociedades europeas.