Precariedad y desigualdad

ichLa actualidad de la crisis catalana, presente de forma constante y casi absoluta en los medios y en la opinión publicada todo lo acapara y relega a la sombra otros aspectos de la vida social y económica del país que tendrían que ser también prioridad en la vida política.

Hablamos de algo tan fundamental como es la situación cotidiana de la mayor parte de la ciudadanía del país. El paro, la precariedad laboral, la temporalidad, los bajos salarios son los grandes responsables de la cada vez mayor desigualdad social que se está cronificando en el conjunto del estado. La precariedad y la desigualdad que en principio parecía ser una consecuencia coyuntural de la crisis económica se está convirtiendo en algo estructural.

El país parece vivir en una realidad paralela y contradictoria. Parece que estamos en una fase de recuperación económica según los datos macroeconómicos y esto no se refleja en la realidad social. Los indicadores son positivos en cuánto el crecimiento económico, las grandes empresas mejoran resultados, los bancos han ganado en los últimos años más de 80.000 millones de euros. Pero hay otra realidad contradictoria con las grandes cifras de la economía:  la realidad de la sociedad, se dan por perdidos más de 40.000 euros invertidos en las bancos y que han comportado profundos recortes en los servicios públicos y en el bienestar social; este año los jubilados perderán poder adquisitivo en sus pensiones, habría que hacer reflexionar sobre ello a la gran mayoría de gente mayor que vota al PP; los salarios continúan sin recuperar su poder adquisitivo de antes de la crisis; cada vez hay más trabajadores pobres que a pesar de tener trabajo no llegan a final de mes; se crea más trabajo pero la mayoría es precario y mal remunerado y de poca cualificación; hay mucho trabajo parcial, a pesar de en muchos casos en fraude de ley al hacer más horas de las que figuran en el contrato; la mitad de los parados no tienen ningún tipo de subsidio. En definitiva crece la desigualdad social. A unos pocos les va bien, siempre les ha ido bien hasta en la crisis, y a muchos les continúa yendo mal. En el próximo presupuesto continúan planteándose recortes en sectores básicos para el bienestar social cómo son las partidas de sanidad y educación.

En definitiva el país socialmente no sale de la crisis, pero todo se esconde bajo la guerra de las banderas. Y hay que decir es que en los dos lados su política económica de austeridad y recortes ha sido la misma. En esto parecen tener un común acuerdo.

El sindicalismo parece querer dar un paso adelante y aprovechar la mejora económica para luchar por más y mejores condiciones de trabajo, por más trabajo y por salarios más justos. Porque hay que reivindicar la centralidad del mundo del trabajo, porque más y mejor trabajo es la base para conseguir una reducción de la desigualdad. Y porque más y mejor trabajo, más cualificación del trabajo, salarios más justos significa una mejor y más equitativa salida de la crisis y un paso adelante para conseguir una mejor y menos desigualdad social. Pero sus intentos quedan escondidos ante la oleada de las noticias relacionadas con la cuestión catalana y el nulo acompañamiento político y mediático a la acción sindical.

Hace falta un cambio radical de paradigma. La austeridad económica impuesta durante la crisis no es un modelo para una mejora ni siquiera de la propia economía. De la crisis se saldrá si se potencia más trabajo y su mejor cualificación y  retribución, que repercutirá en un mayor consumo que comportará una mejora en los ingresos públicos necesario para lograr una mejora en los servicios públicos y en la economía. Y para hacerlo hace falta otro patrón de desarrollo económico. El futuro no está en una economía competitiva en bajos costes laborales. El futuro está en una nueva economía más productiva, más ecológica y sostenible, y en una economía donde se potencie de nuevo el papel de los servicios públicos y en la que sea posible que se reviertan las privatizaciones de sectores básicos. Esto es el que por ejemplo está planteando Corbyn en Gran Bretaña, una economía al servicio de la mayoría y no de unos pocos privilegiados.

Hay que potenciar las industrias más ecológicas, la energía limpia para hacer frente a un problema global cómo es el del calentamiento global. Hay que potenciar el transporte ferroviario y el de cercanías para reducir el transporte contaminante. Hay que potenciar una industria altamente cualificada y productiva. Y hay que potenciar unos servicios públicos de calidad que deben ser el filón de creación de un  empleo que no se mide en función de su productividad sino de la cualificación y mejora del servicio que se presta, en especial en el campos de la educación y la sanidad públicas y de los servicios a las personas, pero sin obviar tampoco la potenciación los servicios de transporte públicos y/o la investigación entre otros.

Hay que priorizar la inversión pública. Es relevante como en Portugal se ha decidido no dar más dinero público a la educación privada puesto que se considera que hay que priorizar la pública, todo ello con una gran revuelta mediática de la iglesia y la derecha política. Pero ese es el camino.

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Hay vida más allá de la cuestión catalana, y las luchas entre nacionalismos bloquea a la izquierda y esconde la realidad social de las clases trabajadoras y la desigualdad social

El problema es que la clase política y los partidos de la izquierda hoy parecen estar ausentes del debate. El debate territorial ha creado una gran división entre las fuerzas progresistas y hoy temas como la necesidad de liquidar la reforma laboral, la mejora de las pensiones, unos presupuestos más sociales etc., que parecen ausentes de sus prioridades.

Hay vida más allá de la cuestión catalana, y las luchas entre nacionalismos bloquea a la izquierda y esconde la realidad social de las clases trabajadoras y la desigualdad social.

Porque los recortes continúan y el sistema económico dominante continúa haciendo camino y convirtiendo en estructural lo que parecía coyuntural. Y las izquierdas si quieren ser realmente creíbles tienen que hacer un gran esfuerzo casi titánico para plantear propuestas que lleguen a la ciudadanía y que hablen de sus problemas. Hou aparece como algo muy difícil pero que no imposible. Es urgente que se dejen de rifirrafes dentro de la izquierda y planteen la urgencia de un cambio social. En contra de los intereses de los poderes políticos de la derecha y de los poderes económicos y mediáticos.

Y lo tienen que hacer ahora, en el conjunto del estado y también en Cataluña, hay que dirigirse a la gente más allá de los sentimientos y hablar con la razón de la realidad social y sin duda hablar del coste que el enfrentamiento en Cataluña comportará para todos, españoles y catalanes. Tanto en coste económico como en el de ruptura social de la ciudadanía. En la medida que se consiga llegar a la conciencia ciudadana de los que sufren la crisis, demostrando la similitud de sus condiciones de vida y de la degradación de estas será posible construir vínculos de solidaridad y rebajar los enfrentamientos identitarios que falsean la realidad cotidiana de la gente.

La izquierda tiene que huir del enfrentamiento entre las identidades diversas y fomentar la identidad solidaria basada en la realidad social de todos los desfavorecidos por unos pocos que se llevan lo que es de todos.

La lucha por la dignidad, por el trabajo y por la igualdad y contra el expolio por parte de los grandes poderes económicos y sus servidores políticos y mediáticos tiene que ser la base de una política de transformación que se base en la igualdad, la fraternidad y la solidaridad entre los diversos pueblos del estado.