Entre la España ojiplática y la sedada. (O la desaparición de más de 60.000 millones de Euros)

Con el permiso de Don Antonio Machado

Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón...

 

Las dos Españas de las que hablaba Machado, tal vez no existan en la actualidad de forma exactamente igual a como las contemplaba el poeta, aunque algunas de las varias segmentaciones que hoy podemos hacer pudieran parecérsele mucho.

De entrada, simplificando mucho, podríamos hablar de dos categorías; la España de los estafadores y la España de los estafados. La primera pequeñita, pero potente, la segunda enorme, pero indefensa. Y es la primera la que hiela el corazón de los españolitos que ya hace años que hemos venido al mundo. Y es esa, la de los estafadores, la que hace que los que acaban de venir, lo hagan con una deuda bajo el brazo de 24.304 €. Porque esa es aproximadamente la deuda pública que cada habitante de este país llamado España soportamos. Multiplique por cada miembro de su familia, y vaya haciendo cálculos. Y prepárese a asumir, además de la que se vaya generando por los déficits presupuestarios, el crecimiento vegetativo “per cápita” por la baja tasa de natalidad y la huida de inmigrantes cansados de soportar penurias. Aun siendo optimistas, la misma cantidad de deuda, a repartir entre menos población, sale a más…

En tiempos de crisis el déficit presupuestario es razonable si va dirigido a paliar los efectos más duros de la misma para la población más vulnerable, así como a estimular la economía y el crecimiento, orientado hacia cambios positivos en el sistema productivo. No es negativo endeudarse con sensibilidad social, cabeza, proyectos de futuro y perspectivas de reducción de deuda en los períodos más dulces de crecimiento económico. Y si además estas buenas prácticas de déficit presupuestario público, vienen acompañadas y matizadas por unas políticas fiscales más justas, equilibradas y trasparentes, pues... mejor.

Pero no son estas las prácticas que nuestros gobiernos nos han hecho padecer en este largo período de crisis. Y lo que mosquea, o debería, es constatar como la derecha política y económica demoniza de boquilla el déficit y utiliza esta demonización para recortar recursos a la mayoría de la ciudadanía de a pie, directamente en salarios, prestaciones y pensiones, e indirectamente con subidas de IVA y drásticas reducciones en los servicios públicos, mientras de hecho la incrementa transfiriendo recursos públicos, de todos, a bolsillos privados, de algunos.

Lo que cabrea, es que el Banco de España dé por perdidos más de 60.000 millones de Euros del rescate al sector financiero y aquí no pase nada. Nadie rinde cuentas, apenas nadie las exige, y la sufrida ciudadanía sin armar la de dios es cristo.

Si, el rescate de ese mismo sector financiero que nos precipitó, por una gestión negligente, especuladora y avariciosa, a esta dura crisis que todavía sufrimos. Ese mismo sector financiero que ha seguido remunerando generosamente a sus gestores y accionistas, cual si nada hubiera pasado. Si, ese sector financiero al que Zapatero calificaba en el 2008 como “quizás el más sólido del mundo” . Espero que Santa Lucía le le haya conservado, por decir algo, los andares, porque la vista y el olfato...

No hay más tirar de estadísticas oficiales, para ver que el incremento de la deuda pública desde 2012, inicio del rescate financiero, ha venido acompañada de una reducción de la deuda privada del sector financiero. ¿Suena o no suena a una enorme transferencia “clasista” de recursos?

Si lo de Zapatero se parecía mucho a un déficit perceptivo sensorial, lo del Gobierno de Rajoy fue mucho más duro; decían sin inmutarse, con rosto pétreo (cara dura), que el rescate del sistema financiero no costaría ni un euro a la sufrida ciudadanía.

Si, también podemos segmentar a España con otros parámetros; la España de la ojiplática e indignada ciudadanía, parece que también pequeñita aunque en permanente meditación acerca de que demonios está pasando... y la España, aparentemente enorme, que vacunada, o sedada, ante tanta golfería, acaba equiparando el hurto de un kilo de cerezas a la superlativa estafa de miles de millones de euros. Ojalá sea la primera la que vaya conquistando el corazón de los españolitos, y españolitas, que al mundo van viniendo.