Gestora del PSOE, ¿ley de punto final?

Imagen de la última reunión de la Gestora del PSOE. (Flickr)
Imagen de la última reunión de la Gestora del PSOE. (Flickr)

La exigencia de responsabilidades políticas y morales han de ser el primer paso para la auténtica regeneración del PSOE, de lo contrario se seguirá profundizando en todos los vicios e inercias que lo han situado al borde de la irrelevancia política y social

El 16 de enero del presente año escribía en mi columna habitual en Nuevatribuna lo siguiente: “Advertía Napoleón que no era posible sentarse sobre las bayonetas. Y ese es el problema de los barones del PSOE que propiciaron el borrascoso comité federal del 1 de octubre donde, en un acto sin precedentes, se asaltó la estructura de poder de la organización, sembrando el malestar en la militancia y el desconcierto en el electorado. La situación de debilidad producida en el partido, la fractura ocasionada, la difícil reversión tanto para suturar las heridas orgánicas como para recuperar la credibilidad de la ciudadanía, la indiferenciación con las posiciones políticas de la derecha, son elementos lo sumamente graves como para que sea imposible cualquier solución que provenga de aquellos que han situado al PSOE en semejante tesitura.”

Y así lo han entendido mayoritariamente la militancia después de que se organizara espontáneamente contra una gestora alegal que no sólo reorientó la acción política del partido facilitando la continuidad de la derecha en el poder, sino que actuó con una grosera parcialidad a favor de la candidatura severamente derrotada en las primarias. Mientras la militancia apostaba por la recuperación de la fortaleza ideológica y la centralidad de los valores del Partido Socialista como herramientas imprescindibles para la regeneración democrática del país, la gestora “susanista”, por su parte, se dedicó al asalto de la legalidad orgánica y al boicot permanente a su propio secretario general y candidato a la presidencia del Gobierno, al objeto de allanar la permanencia conservadora en el poder y gestionar la ambición personal de Susana Díaz compadecida con las élites y los viejos iconos de las puertas giratorias.

Y después de pronunciarse la militancia con contundencia mayoritaria, ¿se puede actuar como si no hubiera pasado nada? ¿No existen responsabilidades? ¿Alguien ha dictado una ley de punto final para la gestora? La exigencia de responsabilidades políticas y morales han de ser el primer paso para la auténtica regeneración del partido socialista, de lo contrario se seguirá profundizando en todos los vicios e inercias que han situado al PSOE al borde de la irrelevancia política y social. No hay que olvidar que la fuerza de un partido de izquierda es una fuerza moral, en tanto, que objetivación de la voluntad más intima de las mayorías sociales. ¿Van algunas baronías libres de gabelas por los penosos acontecimientos que han protagonizado  a atrincherarse en sus taifas desoyendo la voluntad mayoritaria de la militancia y la línea política que ha marcado a esperar mejor momento para volver a intentar el asalto al poder orgánico? ¿Es posible llevar a cabo un proyecto de profunda regeneración tanto interna como política con la sombra de una tácita hostilidad periférica?

Como dijo Arturo Frondizi, nada se podrá hacer sin espíritu de sacrificio, sin conciencia de responsabilidad y sin un profundo sentido moral del destino de cada cual en el país y del país en el mundo. El nuevo socialismo demanda responsabilidad, lealtad a los valores que tienen que inspirarlo, inteligencia ideológica y sobran ambiciones personales, mesianismo, intereses ocultos y frivolidad. Es un momento histórico trascendente donde hay que evitar aquello de lo que nos advertía Manuel Azaña cuando afirmaba que las cosas grandes la gente pequeña las estropea.