Vuestro voto a nuestro candidato es nuestro voto a vuestro candidato

Si algo ha demostrado el debate entre los tres candidatos que aspiran a la secretaría general socialista es que la pugna se va a resolver fuera del PSOE. Nunca una decisión tan interna del propio partido va a tener una repercusión tan social y tan europea. De ahí que ese “partido” lo estemos jugando muchos espectadores con las mismas ganas o más que sus socios con derecho a voto. No nos engañemos, porque nadie se engaña. No hay un problema de liderazgo en el socialismo español. Ni siquiera de poder dentro del partido. Hay una crisis de estrategia de la socialdemocracia y, sobre todo, hay un problema del “poder” con respecto a la influencia que ha ejercido sobre dicho partido a la hora de trasladar a las instituciones una “política bálsamo” que no pusiera en riesgo las decisiones de dicho “Poder”. Todo eso y más lo saben los militantes socialistas. Auténticos indignados contra las decisiones de su partido en esta última etapa y que pueden convertir a Pedro Sánchez en un simbólico 15-M de la socialdemocracia española el próximo domingo.

La izquierda española ha mostrado en esta última etapa una especial dificultad para llegar a acuerdos que propicien una alternativa a la derecha del Partido Popular. Las desavenencias entre, y en el seno, de las formaciones progresistas tras las elecciones de diciembre de 2015, frustraron el deseo de cambio que manifestó la ciudadanía con su voto mayoritario frente a la derecha de los recortes sociales, la crisis, la injusticia y la corrupción. En esa coyuntura muchos de quienes hemos votado a formaciones que propugnaban una alternativa desde la izquierda a Rajoy no nos hemos sentido representados ni por la cerrazón de Podemos, que abortó un proceso de cambio al negarse a apoyar la candidatura del PSOE a la Presidencia del Gobierno, ni por lo que consideramos un grave error de la dirección socialista, dirigida ya por una gestora, facilitando con su abstención el actual gobierno de Mariano Rajoy.

Se trata ahora de forjar una alternativa que recupere la ilusión que se depositó en las urnas y que, en su momento, las diversas formaciones de izquierda no quisieron o supieron transformar en una realidad de gobierno. Ese es el debate que ha ocupado desde principios de este año a los principales actores políticos de la izquierda desde la reflexión que han impuesto sus respectivos debates internos. Ahora bien, este proceso de discusión y cooperación ideológica y estratégica de la izquierda sólo lo puede ser si conlleva una participación activa de todos sus actores. Las decisiones que se van a tomar corresponden, por supuesto y en primer lugar, a quienes forman parte orgánica de la vida política. Pero la trascendencia de lo que se decide es mucho más amplia y plural. Tanto que va a afectar al conjunto de la izquierda en su diversidad y pluralidad, no sólo en nuestro país sino en todo el entorno europeo.

En los últimos decenios la socialdemocracia europea no ha sabido dar respuesta a los nuevos retos económicos, sociales, culturales y tecnológicos que ya han transformado notablemente nuestra sociedad en el siglo XXI. Esa debilidad para articular nuevas soluciones a una sociedad globalizada ha sido aprovechada por la derecha para imponer sus postulados. Con ello el retroceso en los avances sociales que había protagonizado la propia socialdemocracia ha quedado eclipsado por un nuevo modelo ultra liberal que ha sabido imponer unas mayorías en España y en Europa ante las que la izquierda sólo ha confrontado estrategias de resistencia adaptativa y no un modelo alternativo capaz de articular una nueva socialdemocracia. Lo que hoy debería ser una “eurodemocracia social”. El fracaso del modelo que ha consolidado la Unión Europea es emblemático en ese sentido. De este modo la derecha y otras fuerzas “populistas” han instalado en la mayoría de la población europea el rechazo a Europa como la causa del malestar social y económico de la ciudadanía de sus estados miembro. De ahí el auge de los movimientos de carácter “eurófobo”, racista y xenófobo que han extendido sus tentáculos y su influencia en todo el continente y más allá del mismo. Lo acabamos de ver en Francia a pesar de la afortunada derrota de Le Pen en la que la izquierda se ha limitado una vez más a resistir y ni siquiera con un criterio común.

Por todo ello las personas que nos consideramos progresistas, de izquierdas y votantes de una alternativa que quiere ver un gobierno de cambio en nuestro país, y al PP en la oposición, también nos consideramos legitimadas para expresar nuestra opinión e intervenir en el actual debate político. Lo hacemos con el máximo respeto a quienes, con todo el derecho, van a decidir el futuro ideológico y estratégico del socialismo español. Pero también nos sentimos partícipes directos de un proceso que nos afecta y que lo hará también al conjunto de la ciudadanía. Somos independientes comprometidos con la política aunque no tengamos carné. Nos sentimos orgullosos de nuestra identidad ideológica que llevamos en nuestro ADN político. Del mismo modo que pueden y deben sentirse orgullosos de su carné quienes hoy pertenecen a un PSOE centenario que nació para defender y representar a los trabajadores que luchaban por sus derechos más básicos. Esta apelación a la historia la hacemos convencidos de que estamos ante un debate transcendente en el seno del partido socialista pero que a su vez lo es para el conjunto de la propia izquierda. Para nosotros las elecciones primarias del próximo domingo que preceden al próximo cónclave socialista no se ciñen a una mera elección de la persona que va a regir el futuro del PSOE. Sin duda es importante y enriquecedor que la decisión sobre dicho liderazgo sea lo más participativa posible. Pero a nadie se le escapa que tras esa elección nominal hay toda una decisión que afecta al modelo ideológico y estratégico de la futura socialdemocracia española y, en consecuencia, al de toda la izquierda.

Tras la proclamación oficial de los tres candidatos que aspiran a dirigir el futuro del socialismo español consideramos que la propuesta programática y la candidatura de Pedro Sánchez encarnan la mejor alternativa de cambio y futuro, con capacidad de liderazgo recuperación y encuentro, no sólo para el PSOE, sino para el conjunto de la izquierda española. Una opción que puede y debe sumar el apoyo suficiente de la ciudadanía para acceder al gobierno protagonizando así una gestión transformadora y diferente, tanto en la forma como en el fondo. Un proyecto, en definitiva, que impulse nuevas respuestas, desde una  izquierda cooperadora, sensata, eficaz y honrada, acordando y elaborando,  desde la socialdemocracia del siglo XXI, un proyecto común de nuevo gobierno en el que la prioridad sean los derechos económicos, sociales y culturales de los ciudadanos.

En consecuencia, y por coherencia, nos comprometemos y nos implicamos, personal y colectivamente, en participar, ahora y en el futuro, en este proyecto. Lo hacemos sin ataduras y sin contraprestación alguna. Por convicción ideológica y estratégica. Eso sí, con egoísmo, porque consideramos que el éxito del proyecto que encarna Pedro Sánchez será el de la izquierda española y el de la mayoría social de este país. Por todo ello, por ese proyecto común, vuestro voto a nuestro candidato también es nuestro voto a vuestro candidato.