¿Se ha declarado la independencia?

Foto: Flickr.
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Puigdemont se ha visto obligado a dejar en suspenso su declaración porque la presión que ha recibido desde ciertas instancias internacionales ha sido enorme

El discurso de Puigdemont en el Parlament de Catalunya se podría calificar de política hermafrodita. De un lado, un planteamiento claramente independentista; y, de otro lado, un desenlace de demora del problema. Por una parte declara la independencia de Cataluña, de otra la deja en suspenso durante un impreciso 'cierto tiempo', unas semanas. Así pues, de hecho, las cosas están más confusas que antes, aunque formalmente cabe una posibilidad de que ese cierto tiempo se aproveche.

Puigdemont se ha visto obligado a dejar en suspenso su declaración porque la presión que ha recibido desde ciertas instancias internacionales ha sido enorme, por lo que necesitaba hacer ese gesto estético y, también aunque en menor medida, por el agobio que le supone la marcha de las sedes sociales de importantes empresas a otras comunidades autónomas. Al mismo tiempo, Puigdemont podría estimar que, durante ese 'cierto tiempo', unas semanicas, el Gobierno español diera un mal paso que restara aliados, políticos y mediáticos, al hombre de Pontevedra. Y credibilidad en la escena internacional, no es casual que esta suspensión de lo declarado coincida al pie de la letra con la propuesta torticera a la eslovena de su eurodiputado Tremosa.

Formalmente ese 'cierto tiempo' -menos da una piedra- abre alguna posibilidad de una negociación. Ahora bien, conviene darle valor a los conceptos. Una negociación, ¿con qué contenidos y sobre qué? Puigdemont quiere negociar cómo se va Cataluña de España, no en qué condiciones quedarse. La prueba más inmediata de ello está en que la declaración de independencia la justifica en los resultados del “referéndum” del 1 de octubre como fuente de legalidad y legitimación. Como genoma del nuevo Estado catalán. Pero suspende la declaración durante un tiempo, que ya ha indicado que no serán meses, sino tal vez semanas, como un gesto de buena voluntad. En todo caso, para compensar al apostolado militante, los diputados de Junts pel Sí firman una declaración de principios manteniendo los objetivos de la declaración unilateral de independencia.  

Las conclusiones de Puigdemont cayeron como un jarro de agua helada en la CUP. Cara de pocos amigos, no aplauden el discurso. Con lo que la CUP aprovechará, sin duda, ese 'cierto tiempo' para promover movilizaciones, que mezclarán –cosas veredes-  al hombre de Pontevedra con el calzonazos de Puigdemont (Roma no paga traidores). En otras palabras, el alto voltaje seguirá instalado en Cataluña.

¿Negociación? Por supuesto. Negociación para que Puigdemont retire de manera definitiva su declaración de independencia. Y mientras se produce esa hipotética negociación el hombre de Pontevedra no debería poner en marcha ninguna medida que lo dificultara. Oiga, caballero, no joda usted la marrana. 


Publicado en el blog 'Metiendo Bulla'