Cristóbal Montoro en el debate de Presupuestos en el Congreso de los Diputados. (Foto: Ministerio de Hacienda)
Cristóbal Montoro en el debate de Presupuestos en el Congreso de los Diputados. (Foto: Ministerio de Hacienda)

Estas cuentas son el broche a una legislatura desastrosa en lo económico. No hay brotes verdes, solo electoralismo...


En esta legislatura los presupuestos públicos siguen socializando las pérdidas del casino financiero, auxilian a la banca pero ésta no responde a su presunta componente social: el crédito sigue sin llegar a las empresas ni a las familias

En este país pocas cosas cambian en lo económico. Todo oscuro con la cansina propaganda de la recuperación que no llegará por años.  La “consolidación” se abre paso en otro otoño sobre el papel mojado de las cuentas públicas. Se ha presentado un proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2015 (PGE 2015), elaborados en un país con mucha reforma sobre el papel del BOE, pero con un tejido productivo que sigue confiando en el turismo y poco más. Nada nuevo pues. La I+D+i, la Industria y la educación, tan orilladas como siempre.

Estas cuentas son el broche a una legislatura desastrosa en lo económico. No hay brotes verdes ni raíces profundas, solo electoralismo. Tratan de hacernos creer que van a crecer los ingresos un 5,4% en el año 2015, con un escenario macroeconómico de crecimiento del 2% del PIB. Pero si la política económica y monetaria europea no lo remedia lo cierto es que estamos en puertas de otra recesión. Además, ¿cómo va a ingresar más el Estado? ¿Tal vez reduciendo su poder adquisitivo a pensionistas?. ¿Recaudará más el Estado con la creciente precariedad laboral? ¿Destruyendo más empleo público? ¿Rebajando más el Fondo de Garantía Salarial (FOGASA)? ¿Congelando el SMI y los salarios? Seguro que no. Como tampoco mejorarán las cuentas con la próxima reforma fiscal, que obvia de nuevo perseguir al gran fraude y a la economía sumergida.

Estos presupuestos irreales solo dedican 763 millones de euros a inversiones públicas. Inciden en la política restrictiva del gasto y no contribuyen a estimular el crecimiento económico. Y mucha culpa de esto es de la reforma laboral, un verdadero golpe de Estado a los trabajadores y trabajadoras que ha dañado gravemente la capacidad sindical para negociar,  por lo que más de la mitad de los convenios colectivos siguen sin renovarse. Además de 600.00 empleos perdidos en esta legislatura. Los presupuestos y reformas de Rajoy han logrado que la tasa de paro suba al 24,5%, 2 puntos más que en la etapa anterior. Pero es que, por añadidura, esta senda de la “recuperación” se perfila desprotegiendo más a las personas sin empleo, y eso que más del 40% ya no tienen derecho a prestación alguna.

El proyecto de PGE no sorprende, sigue de espaldas a lo social. Responden a la hoja de ruta del poder financiero internacional que dicta cómo salir de una crisis que no consideran sistémica sino coyuntural. Así, se insiste en reducir o mantener bajo mínimos las inversiones públicas, recortar servicios básicos, bajar costes salariales y consolidar la balanza fiscal. Deben hacerse los deberes para saldar lo mucho que España debe al capital extranjero, con la política cómplice de Bruselas, tan inoperante para fomentar el crecimiento como atenta a lo que debe hacerse para pagar deudas a quienes invertían en el milagro económico español alumbrado por Aznar. Ahora la enorme deuda y sus intereses priman sobre cualquier consideración humana. Es prioritario pagar antes que proteger a las personas procurándoles el derecho a un trabajo digno o al menos una renta mínima con la que subsistir. Las personas dependientes o las desempleadas deberán hacer encajes de bolillo para vivir con un poco de decencia.

Con estas cuentas hundirán más al país en la miseria, incrementando esos 2,5 millones de pobres de solemnidad, y se seguirán sin atender debidamente servicios tan esenciales como sanidad o educación. Se mantendrá un mercado laboral con escaso pulso, asimilado cada vez más al tercermundismo.

Además, los PGE 2015 condenan a la investigación y peor aún, a más decenas de miles de jóvenes al exilio, porque alargarán más la salida real de la crisis y no van a contribuir a solucionar el problema número uno del país: el paro. Con lo que se seguirá estimulando una galopante desigualdad social.

Sin una política presupuestaria expansiva la cosecha será más austeridad y menos cohesión social. El estado social acabará derruido. No obstante en Comisiones Obreras, para paliar los efectos sociolaborales más perniciosos de estos Presupuestos, trataremos de sacar rendimiento a la recientemente restaurada etapa de diálogo social e incidir sobre los compromisos adquiridos por el Gobierno en su reunión del pasado mes de julio con los agentes sociales. Asimismo, en el debate parlamentario de los PGE plantearemos con contundencia nuestras demandas e ideas para intentar que las cuentas que propone el Gobierno sean enmendadas y no contribuyan a ensanchar la gran desigualdad social que padecemos. De seguir por esta línea de austeridad la sociedad y los trabajadores van a responder con fuerza para evitar lo que la propia OIT ya ha advertido que hasta 2023 no volveremos a los niveles de empleo previos a la crisis.

En definitiva, en esta legislatura los presupuestos públicos siguen socializando las pérdidas del casino financiero, auxilian a la banca pero ésta no responde a su presunta componente social: el crédito sigue sin llegar a las empresas ni a las familias. ¿Para cuándo estimular el crecimiento, el consumo, la economía productiva? ¿Y cuándo una renta mínima básica? ¿Cuánto años más de congelación salarial a los asalariados públicos? ¿Cuánto más deben pagar los trabajadores y trabajadoras por la crisis?