El Día de los Inocentes de 2017 acaba de pasar y deja una serie de reflexiones sobre esta fecha que tiene una tradición especial entre el mundo católico apostólico romano que nos rodea. Además de la dudosa existencia histórica del hecho real, que sólo aparece en uno de los Testamentos posteriores, y la cambiante fecha de la conmemoración  en el mundo cristiano, dentro del mes de diciembre y después de la Navidad, pero no el día 28, plantea la posibilidad de haber sido un invento necesario para la leyenda cristiana, o el intento de reunir  atrocidades atribuidas a faraones y luego a líderes judíos, que justificaran  la partida de Belén  de una pareja humilde con un hijo pequeño, tal vez debida exclusivamente a problemas más mundanos. Por ejemplo, la búsqueda de trabajo en otros horizontes. Después de todo esto era lo más natural para un  padre, humilde obrero-artesano, con una mujer más joven, que tenía su primer hijo, pero viudo de  un matrimonio anterior en el cual había tenido 6 hijos. Tal vez esto explique que Jesús tenía en realidad  hermanos, sean de otro matrimonio de su padre, o sean porque con María hubiese tenido una prole mayor. También  hubiera sido algo  tremendamente normal entre una pareja, con independencia de la diferencia de edad, existiendo práctica pasional, que se diera la consecuencia de una  “familia numerosa” como se dio a calificar en España cuando había  tres o más.

Ni más ni menos que una lamentable práctica habitual que da lugar al éxodo a través de los siglos cuando se quiere alimentar mejor a los suyos. Es decir parte de la misma conformación ideológica que da lugar a esa obra maestra del genial vallisoletano Miguel Delibes, que dentro de la estructura de la igualmente eterna división de clases sitúa sus Santos Inocentes, en medio de la España profunda, para más datos, la  campiña andaluza del latifundio. La división que por una situación fortuita termina con la confrontación  entre las clases, y en cuestión de vida y muerte, acaba con la muerte del poderoso señorito, a manos del más inocente de los desposeídos. Parece tener algo de novela trágica rusa, que anunciara  la revolución.

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Pero, si seguimos en las derivaciones de los inocentes y en la particular tradición de la broma que en algunos países termina con la aclaración de la verdad bajo la confirmación de que “la inocencia te valga”, la inocencia  se confunde con la ingenuidad, y hasta con la torpeza del tonto. Hete aquí, que en la cultura cristiana anglosajona, alcanza su celebración en la primavera, con la llegada del primer día  de abril de cada año, que se denomina 'El Día de los Tontos'. En cuanto a las tradiciones populares sirve al mismo propósito de asustar a quien se considera el tonto del momento, con una broma, o un anuncio de la brutalidad, de “Hay Un incendio en tu calle, posiblemente en tu casa, ¿hay alguien adentro?”. Ya cabe entonces una duda sobre quién es el mayor de los torpes, el que anuncia tamaña barbaridad para asustar, o quien en un descuido de fechas,  se cree en serio lo que le han dicho, al menos por unos momentos.

Pero, es que entre inocentes, y tontos, la trasposición de Delibes en su novela, y las tradiciones populares,  comenzamos a reflexionar más allá, que los recovecos de la mente son  recónditos,  y a veces imaginativos, por suerte. Cosa que nos trae a nuestro presente y a nuestra cultura actual para pensar  quienes son los mayores inocentes o tontos, en su día o todo el año, sobrepasando los límites restringidos del mundo católico, incluso  el cristiano, y aún más allá, a otras religiones aún más numerosas en el resto del mundo. E irremisiblemente, nos vamos a encontrar que los más listos están arriba, en la escala social fuera incluso de toda broma, y muy en serio, en nuestro tiempo como siempre lo ha sido. Y los inocentes, los tontos, están por lo general abajo, a veces demasiado abajo en esa misma escala social de la actualidad. Y ambos han encontrado el día ideal de la celebración común  de la gran inocentada, para beneficio de cada uno,  que no es otro que el  día de las elecciones en cada país.

No se puede negar que para imponer esta tendencia de que los inocentes, o los tontos, deciden elegir para que los gobiernen  quienes creen más listos, porque son millonarios, que aparece ahora en diversas latitudes,  han contribuido de manera definitiva las generaciones de políticos, incapaces, corruptos, o abusadores de su poder hasta términos insospechados, que necesitaron del poder en ciertos casos para beneficio propio . Y ahí vuelve a jugarnos una página irónica la historia, con tintes diferentes, pero similar en su paradoja. Como la de  aquel faraón egipcio que mandó a  matar a los niños  de judíos que habían nacido en su territorio porque había nacido un tal Moisés, que le decían lideraría a los judíos a su liberación. Porque esa página histórica dio lugar a la leyenda de la cesta en el río, donde su madre deja a su niño Moisés para salvarlo, como una madre soltera hoy, tal vez inmigrante, podía dejar un niño en un portal o en basurero con la esperanza de que alguien se haga cargo de él, y lo críe y lo eduque. Es decir que le dé a su hijo  lo que no puede darle ella,  aunque la criatura  corra el riesgo de  morir como opción mejor, incluso, que la vida que le espera.  

Pues si a eso agregamos  la página de un prefecto judío, real y verdadero históricamente, como Herodes que quedaba de maravillas con los invasores romanos, pero mataba a etnias o tendencias contrarias, o a cualquier familiar, hasta al  grado de sus hijos, que le planteara el menor riesgo de arrebatarle el poder,  tal vez, uniendo ambas historias, también un historiador tardío pero creyente ferviente como Mateo, haya creado la leyenda de la matanza de los inocentes recién nacidos, no muchos, en el Belén de esa época, para dar mayor consistencia trágica a la partida hacia Jerusalén, en busca de mejor futuro de José, María y Jesús.  Y así hoy podemos ver en la historia real que  esos líderes gobernantes que mataban para seguir gobernando,  no accedían al poder por votación, claro está, del pueblo. Pero, no obstante, ese pueblo sufridor,  tal vez los aclamara en cualquier celebración pública a pesar de las atrocidades que cometían. ¿Por qué? Porque simplemente creían que a pesar de su perversidad esos gobernantes  eran los elegidos.

Entonces, digo yo en la reflexión, por qué vamos a disminuir el grado de asombro que nos pueda causar que  en las llamadas democracias actuales, el pueblo, en su mayoría inocente, o tonto, elija en las urnas a millonarios, que hicieron sus fortunas a costa de los demás y del trapicheo, creyendo sinceramente  que esos son los” elegidos de hoy”, los mejores para gobernar sus países. Si comenzamos por el norte de la América actual,  la super democracia de EEUU permitió que una mayoría electoral, con 3.000.000 de votos de más o de menos, según se mire, eligiera como presidente a un millonario implacable, que gozaba de popularidad porque  tenía  un programa de televisión que eliminaba gente, o concursantes. Como cualquiera de los programas que ahora tanto gustan, de mejores cantantes, o mejores cocineros Rico e implacable como los gobernantes egipcios o hebreos.

Es decir que la mayoría de los inocentes o tontos de los EEUU votaron para la presidencia de su país  a quién más dinero, o poder tenía antes de llegar al poder del gobierno, para entregárselo  a que él decida los destinos del país, y tal vez le mejore la vida de esos desposeídos, de sufridores, de resentidos llenos de fobias contra todo lo que venga de afuera, y sea diferente. Y con distintos matices una vez más esta tendencia  que ya había aparecido en Ucrania y en otras latitudes, corre como reguero de pólvora por la América Latina,  donde en casos como Brasil, el pueblo ni siquiera vota a un millonario evangelista a la presidencia del país. Son los inocentes, ¿los tontos? O los implicados en la propia corrupción de la mayoría de un congreso de diputados de proporciones enormes, que supuestamente representa a la gama de la opinión política brasileña, los que deciden: destituir a una presidenta elegida democráticamente, por supuesta mala gestión, y entregarle el poder sibilinamente, como en el senado de la antigua Roma, que de todas maneras había marcado ya la historia presente eligiendo y conservando en el marco del poder a su propio millonario, Silvio Berlusconi, algo muy difícil de entender, a pesar de su historia de figurita repetida. En Brasil, entonces, se implanta en la presidencia, siguiendo los mismos tejes y manejes, a un millonario  que así se blinda en su aforamiento mayor, contra todas las causas que le acusan de corrupción que son muchísimas, y mucho más graves que el error de gestión política” de la presidenta destituida. Puro juego de estrategia democrática a nivel de Congreso legislativo. Pero, la tendencia de la elección de los inocentes volcándose por los ricos triunfadores en los negocios, se confirma a nivel de gobernaciones, o elecciones locales en el mismo Brasil, eligiendo como gobernadores o alcaldes en lugares como San Paulo, o Río de Janeiro, a los millonarios de turno que se les dio por jugar a la política.

Pero, es que lo mismo ocurre a nivel nacional en Argentina por mayoría directa con la elección de Mauricio Macri, que ya había jugado y ganado en la liga regional, mientras de alguna manera no tan evidente, en Perú, con un rico, que había ejercido  también la política, como Kuczynski y, hace pocas semanas refrendándola un reincidente, como Serbastián Pinera en Chile con la reelección tras un período intermedio. Qué pasa con estos cambiantes inocentes, votantes esperanzados de un futuro mejor con la elección de personas que han hecho su fortuna, dejando víctimas políticas y de las otras en el camino, con ingentes cantidades de dineros en bancos foráneos, en paraísos fiscales que para estos inocentes deben parecer trofeos acumulados. No hay duda de que estos tontos irredentos la van de listos, votando por los más listos, no necesariamente por los más inteligentes, ni muchos menos por los más sabios, que esa  es otra liga.

Lo cierto es que en estas reflexiones se nos han pasado los días 26, en el que se dejaban las sobras  de los ricos de día 25 de la Navidad, a los desposeídos, inocentes en muchos casos servidores del poderoso, el Boxing day, en la cristianía anglosajona, el Día de la caja, tal cual, tal vez la paga extra o aguinaldo de otras latitudes…

 Pero, es que en estas reflexiones  también han transcurrido ya los días de los Inocentes, según los diferentes países del 27,  del 28, entre nosotros, pero lo mismo en otras partes, con el 29 y aún el 30… Y nos damos cuenta que estamos a Fin de otro año. 

Y qué nos queda más que desear a todos un feliz año nuevo,  y que el  2018  sirva para que empiecen a cambiar de opinión los inocentes, santos o no tanto, y libren a los que no piensan como ellos, de esta tiranía  que pretende ser simpática del dinero gobernando el mundo. No es más que un deseo, para ver si todo ha sido una broma, cuando llegue el Dia 1 de abril  del 18, Aprils´s fool Day… Como las ganas de que el 2018   lo ponga todo patas para arriba, y empiece a cambiar algo de verdad.