La Diada y las “dianas” de Carles y Jordi

Imagen Flickr l'Assamblea Nacional Catalana.
Imagen Flickr l'Assamblea Nacional Catalana.

Muchos catalanes independentistas ignoran que al día siguiente, si por hipótesis consiguen la independencia, se dejarían de aplicar las disposiciones comunitarias en el territorio catalán y sentirían las consecuencias de su decisión

El govern de la Generalitat ha dejado de hacer política para situarse en la ilegalidad. En dos días, el presidente Puigdemont y el vicepresidente Junqueras, se cargaron esa fortaleza moral catalana que era la defensa de la democracia. Cuando el Parlament declara que Catalunya es una entidad política y jurídicamente soberana, y que no está sometida a las leyes de otro Estado, ha sentado las bases para cargarse la democracia. Todo lo demás es una consecuencia. Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, vicepresidente de la misma y presidente de ERC, Carme Forcadell, presidenta del Parlament, Jordi Turull, conseller de Presidencia y portavoz del Govern, Jordi Sànchez, presidente de  Asamblea Nacional Catalana (ANC), Neus Munté, vicepresidenta del PDeCAT y exconsellera de la Presidencia, Jordi Cuixart, presidente de Omnium Cultural, y tantos otros que se han manifestado durante la “Diada”, son ¡coherentes! cuando dicen que no les importa lo que diga el Tribunal Constitucional, porque según lo aprobado en el Parlament, con la ausencia de toda la oposición -tampoco les importó que se marcharan-, están en un proceso de no reconocimiento de la legislación actual y de la legitimidad constitucional; y lo reconozcan o no, en derecho, eso se llama golpe de Estado.

Ellos saben, y conocen los datos, que no representan a la mayoría de los catalanes. En las últimas elecciones autonómicas, en septiembre de 2015, presentadas como un plebiscito, obtuvieron el 35% del censo, el 48% de los votos y el 53% de los escaños: 72 diputados (62 de JuntspSí y 10 de la CUP) sobre 135; por tanto, no alcanzan la mayoría cualificada de 2/3 que exige su propio Estatut. Resulta esperpéntico e incoherente que para reformar el Estatut, incluso cambiar una coma del mismo, hicieran falta dos tercios de los votos; pero para declarar la independencia les valga con la mitad más uno, porque les conviene, aunque voten “cuatro gatos”. No llegan a entender, o se niegan a entender, que no puede ser legal el resultado de un acto ilegal.

Pero dentro de la gravedad y la importancia que tienen estas declaraciones, ha habido dos intervenciones que, aunque hayan pasado casi desapercibidas, en mi opinión tienen más importancia, no sólo por lo que dicen, sino por lo que su intencionalidad representa:

La primera, la de Carles Puigdemont, que en una carta a todos los ediles para que manifestaran, en el plazo de 48 horas, si ponían a disposición locales municipales para el referéndum; al no recibir la respuesta que esperaba, ha animado, exhortado e, indirectamente, casi obligado a los ciudadanos que viven en municipios, cuyos alcaldes no quieren colaborar con la consulta, a que les paren por la calle y les digan: “Mírame a los ojos: te debes a mí. ¿Me dejarás votar o me impedirás que vote?” Ya lo avisó hace tiempo cuando en tono amenazador, emplazó a los ciudadanos a mantener en los días que faltaban para el 1-O, una movilización masiva con el fin de “dar miedo” al Estado, advirtiendo: “Damos miedo y más que daremos”. Muchos de estos alcaldes han manifestado que se les está amenazando, intimidando con escraches, insultando, coaccionando, recibiendo presiones de los sectores independentistas; incluso, con intencionados y peligrosos grafitis en sus puertas.

La segunda, la de Jordi Sànchez, presidente de l'Assamblea Nacional Catalana (ANC), que ha planteado la Diada como un acto combativo frente al Estado y sus “cloacas”; al tomar la palabra en la Díada, en su inflamado discurso, dijo estas perlas: “hoy nos tenemos que declarar insumisos a todos aquellos tribunales que solo deseen preservar la indivisible unidad de la patria. Ahora sabemos que ni el Govern ni el Parlament nos han fallado. Gracias a vosotros saboreamos la victoria. De todas las revoluciones, ésta es la más bonita… la revolución de las sonrisas. Con esta actitud no podrán ni fiscales, ni jueces ni Guardia Civil...”; pero dijo más, arengando y señalando amenazante por su nombre a algunos políticos no independentistas, les dijo: “No os escondáis detrás del ruido parlamentario para rehuir las urnas, Albiol, Arrimadas, Coscubiela, Iceta”. Parecía querer advertirles con esas erupciones verbales que “si no estáis con el independentismo ¡sois unos traidores y ateneos a las consecuencias!”.

Razón tenía Carles Puigdemont cuando advertía: “Damos miedo y más que daremos”. La intolerancia está en todos lados desde siempre, pero es más escandalosa y evidente cuando está en el perfil de aquellos que se dicen “demócratas”: los extremistas irakíes marcaban con la letra Nun (de nazareno), las casas y los comercios de los cristianos, los nazis a los judíos con una estrella de David sobre un fondo amarillo, los de ETA, ya superados, marcaban una diana en la puerta de los que sentenciaban;  y ahora, el tal Jordi Sànchez, cuyo patronímico apellido no es muy representativo de su combativo y extremista independentismo catalán, señalando amenazante, ante miles de manifestantes, en su mayoría apasionados independentistas, a los que no piensan como él: “es la diana de los Carles y los Jordi, en la Diada catalana”. ¡Tufillo alarmante...!

Para muchos ciudadanos, incluidos muchos silenciosos catalanes, el problema de fondo es que la percepción de la realidad, con la que han querido convencer a muchos independentistas, la han construido desde un discurso “victimista” -en esto han sido unos verdaderos maestros-. Han ganado la batalla de la opinión pública porque enfrente no han tenido a nadie que les llevara la contraria.

¡Cómo quieren hacer libre e independiente a Cataluña, si ellos mismos no son libres!; si para saber qué quieren tienen que recibir instrucciones de quienes tampoco las tienen claras. Una parte esencial del trabajo de los políticos es la de sostener con argumentos su discurso y buscar razones que respalden sus decisiones, sus posiciones, sus propuestas. Y esta ignorancia la están demostrando todos sus líderes cuando responden a las preguntas de periodistas o de los propios ciudadanos ante las muchas dudas e incertidumbres que se les presenta en un hipotético futuro secesionista; responden con mentiras o con una ignorancia total de las consecuencias que sus irresponsables decisiones les pueden ocasionar. Pero eso sí, con la masiva y colorista Diada, en la exaltación de las emociones, querían conseguir que el pueblo catalán se sintiera orgullosos de ellos.

A pesar de la apariencia de ser el más sincero de los actuales políticos catalanes que defienden la secesión -aunque en el fondo no le disgustan unas nuevas elecciones que darían a su partido una amplia mayoría-, en el programa 'El Objetivo', que presenta Ana Pastor, tanto en la entrevista de la periodista como a las preguntas que le hicieron algunos ciudadanos presentes en el plató, al estilo del programa “Tengo una pregunta para usted” de TVE, al abordar las dudas que despierta el referéndum del 1-O, Oriol Junqueras, titubeante, demostró o que miente, o que es un cínico o que es un indocumentado. Habló de políticas sociales, económicas y, sobre todo, del referéndum del próximo 1 de octubre. He aquí algunas de sus respuestas:

“El 1 de octubre habrá urnas para que los ciudadanos puedan votar, votarán y decidirán su futuro. Estamos trabajando para que se abran los colegios con toda normalidad, aunque algunos pongan dificultades porque les presionan y amenazan”. Si convocar y celebrar un referéndum no está tipificado como delito, ¿cómo se puede presentar una querella contra su convocatoria? No nos importa lo que diga el Tribunal Constitucional, ya que el derecho a la autodeterminación es un derecho internacional y nos acogemos a él y al mandato que nos han dado los ciudadanos; de hecho, nos presentamos a las elecciones con un programa que defendía la creación de una república catalana”. “Soy independentista y republicano de toda la vida y para mí es una cuestión relevante. Después de muchos años de trabajar, de intentarlo y de convencer a mucha gente, hay una mayoría muy amplia a favor de votar. No desaprovecharemos la oportunidad de poner el futuro en manos de los ciudadanos”. “Considero irrelevante si me inhabilitan, cumpliré lo que dice el derecho internacional y el mandato de los ciudadanos. Repito lo que hemos dicho en estos días: No tenemos miedo”. “No hay ningún mecanismo legal en la Unión Europea para ser excluidos, si no hay una voluntad propia como en el caso de Gran Bretaña”.

Al margen de estas respuestas a Ana Pastor -de esta última sobre la Unión Europea haré algunas reflexiones pues, como más arriba expresé, en su respuesta o miente, o es un cínico o un indocumentado-, hubo algunas preguntas que le hicieron los ciudadanos, pero, al contestar, “se fue por los cerros de Úbeda”. Es un disparate que los que no tienen claras las consecuencias de sus decisiones, animen a votar a los que no saben qué votar.

Estas fueron algunas en las preguntas que, titubeando, porque no sabía o no lo tenía claro, careció de argumentos para responder:

  • “Ustedes consideran que tienen derecho a lo que están haciendo; entonces, si son consecuentes, si en un momento determinado una ciudad de Cataluña decide independizarse, no podrían negarse a ello”.
  • ¿Qué diría Puigdemont si a Ada Colau se le ocurriera organizar un referéndum en la ciudad de Barcelona para decidir si siguen en Cataluña o se pasan a Aragón, Valencia o Baleares?
  • Qué argumentos daría usted a un ciudadano que le hiciese esta pregunta: ¿cómo pretende que los ciudadanos catalanes cumplan las leyes catalanas si hoy ustedes, porque así lo han decido al margen de la legalidad actual, incumplen las leyes y la Constitución españolas?
  • “Mucho tendrá que hacer para convencerme y que yo vuelva a votarle a usted, que es de ERC, después de pactar con la derecha catalana, un partido corrupto, aunque haya cambiado de nombre”.

¿Cómo pueden decir los independentistas, en especial Puigdemont, Romeva, o Junqueras…, engañando a la ciudadanía catalana con ese mantra de que “no hay ningún mecanismo legal en la Unión Europea para ser excluidos, si no hay una voluntad propia, como en el caso de Gran Bretaña”? Ellos sostienen que en una Cataluña independiente se mantendrá en vigor todo el paquete legislativo europeo y que el derecho internacional les reconoce la autodeterminación.

Durante la Diada, a preguntas de los periodistas, algunos catalanes presentes, con un optimismo desbordante, afirmaban: “Con la independencia tendremos más dinero y seremos más felices”. ¡Qué ilusos y qué sentimiento frustrante cuando se despierten de ese sueño en un ¿futuro posible?! Es lo que pensaban los israelitas, según el Deuteronomio (29,8-9): “y el Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con señales y milagros; y nos ha traído a este lugar y nos ha dado esta tierra, una tierra que mana leche y miel”.

Muchos catalanes independentistas ignoran -el Govern se lo calla porque le conviene engañarles-, que al día siguiente, si por hipótesis consiguen la independencia, se dejarían de aplicar las disposiciones comunitarias en el territorio catalán y sentirían las consecuencias de su decisión; como hoy lo sienten tantos miles de ingleses que votaron el Brexit, que viendo las consecuencias actuales, hoy se sienten avergonzados y arrepentidos.

Hoy mismo, día 13, la crisis institucional de Cataluña ha irrumpido en el debate de la Unión Europea en Estrasburgo. Jean-Claude Juncker, a instancias de parlamentarios españoles para que se definiera sobre “el problema catalán”, ha aclarado y puesto énfasis en la defensa de la ley y de los tribunales como uno de los principales ejes de su análisis sobre el Estado de la Unión. “En Europa -ha dicho- impera la fuerza de la ley, no la ley del más fuerte. Formar parte de una Unión basada en el Estado de derecho significa aceptar y respetar las sentencias. […] El Estado de derecho no es una opción, es una obligación”. Y aunque Bruselas ha mantenido hasta ahora un perfil discreto en este conflicto al entender que corresponde a las autoridades españolas aplicar la ley, Juncker ha dejado claro por escrito que cualquier territorio que se desgaje de un Estado europeo sale automáticamente de la UE. El propio presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, ha lanzado el pronunciamiento más rotundo referido a Cataluña. “Cualquier acción contra la Constitución de un Estado miembro es una acción contra el marco legal de la UE. El respeto [a ese marco] debe ser garantizado en todo momento”.

La “Comisión de Venecia” (Comisión Europea para la Democracia por el Derecho),​ es el órgano consultivo del Consejo de Europa, encargado de evaluar el cumplimiento democrático de las diferentes legislaciones de los países. En el mes de mayo el presidente Puigdemont remitió una carta al presidente de la Comisión de Venecia, Gianni Buquicchio; en ella le informaba de la voluntad del Govern catalán de celebrar un referéndum reclamando que dicha Comisión iniciase “los procedimientos necesarios con el fin de pronunciarse sobre el referéndum de independencia que su Govern tiene previsto llevar a cabo”. Sabe bien el señor Puigdemont que en la carta de respuesta que recibió de la Comisión se le dice taxativamente que “cualquier referéndum tendría que llevarse a cabo de acuerdo con las autoridades españolas”. Y subrayaba el señor Buquicchio, que “según la Comisión de Venecia, es necesario que cualquier referéndum debe llevarse a cabo en pleno cumplimiento con la Constitución y con la legislación aplicable y de acuerdo con las autoridades españolas; teniendo en cuenta que aquellos que quieren permanecer en las instituciones europeas, deben cumplir estas directrices europeas y que así se lo han manifestado miles de veces”.

Pero, en un deliberado “oscurantismo”, el Govern de la Generalitat ha ocultado estas respuestas a los catalanes a la hora de informarles sobre su permanencia o no en Europa si se separan de España, con inciertas y manipuladas respuestas. Por otra parte, y eso es patente, el procedimiento para elaborar y aprobar la ley que ampararía el referendum catalán, ha carecido de garantías democráticas: sin publicidad, sin informes preceptivos, sin tiempo para consultas y plazos para enmiendas, sin discusión y sin dar oportunidades a la oposición. Se ha llevado a cabo con precipitación, soslayando la legalidad, en secreto y con trampas, forzando el reglamento de la cámara catalana y las normas establecidas en el Estatut; es decir, la legislación ha sido arrastrada a las escombreras de la democracia.

¿De verdad han querido dar lecciones de democracia? Sin el diálogo necesario y saltándose la legislación vigente y constitucional, el soberanismo, si esa era la voluntad mayoritaria del pueblo catalán, ha perdido una ocasión histórica. ¡Hay que reconocer que el mérito de Junts pel Sí y la CUP ha sido innegable! Y encima, han dejado en la estacada, burlándose de ellos, a “los otros catalanes; aquellos que, como dicen en su manifiesto, “son los que cuando vamos a manifestaciones nos comportamos como personas civilizadas, los que nunca colocaremos ninguna bandera en el balcón; somos tranquilos, tolerantes, trabajadores, pacíficos, discretos y amigos de nuestros amigos; queremos tener salud, amor y trabajo, como todo el mundo; creemos en la familia y en el esfuerzo personal y no en la donación y subvención para conseguir las cosas; amamos la paz y la libertad. Aborrecemos la corrupción, la violencia, el abuso de poder, la manipulación y la mentira”. Y concluyen: “Porque amamos Catalunya, porque amamos España, porque queremos seguir siendo europeos, ¡viva Catalunya!”

Hay una película que casi todos recordadmos: “Thelma y Louise”; es un manual de supervivencia, ambas llegan al final equivocándose, hasta el fracaso; pero ese fracaso les afecta exclusivamente a ellas. Rajoy y Puigdemont, van a llegar también al final, equivocándose ambos hasta el fracaso, pero su fracaso nos afectará a todos los españoles.

Decía sabiamente un proverbio chino que “cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo”; por eso, cuando los ciudadanos señalábamos hace ya años que el independentismo catalán era un problema creciente, Rajoy, con su proverbial “dinamismo”, mira a los jueces: ¡Que lo solucionen ellos! Y en estas estamos. Incluidas las “dianas” de Carles y Jordi.