Siempre ha sido una verdad generalmente aceptada que el buen periodismo sirve para acotar y defender el territorio de la verdad informativa y ser testigo de la decencia profesional. Con razón aconsejaba Montesquieu huir de aquel país en el que los políticos y los poderosos pueden controlar la verdad. En un país en que los periodistas se autoaplicaran estos códigos éticos es seguro que un genovés como Francisco Marhuenda, director del periódico de ultra derecha La Razón, tendría serias dificultades para ejercer como profesional del periodismo. El mayor obstáculo para este periodista y su objetiva visión de la realidad es que no se entera de qué va la cosa. Es una mente pensante inmersa “en mil enredos”. Da la impresión de que hace diagnósticos equivocados de la situación, como si el origen de los males nunca estuviese en las gestiones del gobierno del PP, sino que todo es culpa de la oposición. Marhuenda es de los que jamás acierta en la solución porque siempre se equivoca en el diagnóstico.

Los que acostumbramos a leer diariamente la prensa y escuchar algunas tertulias, si pudiéramos prescindir de algunos pseudo periodistas superfluos, permanentes mamporreros del poder, que desembarcan cada día en todas las tertulias, del primero del que me desprendería sería del tal Francisco Marhuenda. Sería una catarsis social e higiénica liberarse de escuchar a un tertuliano insoportable, gesticuloso, engolado, con adherencias y ademanes cursis y despectivos contra quien no piensa y siente como él; un sabelotodo sectario que, como en aquellos cuentos de mi infancia, cual “Guerrero del Antifaz defendiendo a su amada Ana María”, siempre está dispuesto a defender a Rajoy. Marhuenda es la “Scheherazade” del PP, cada día tiene que inventarse un cuento para mantener viva su incondicional fe y su admirada y patética adulación al presidente del PP y a su gobierno.

Decía el sociólogo Ilvio Diamanti que “…ante la creciente debilidad de la clase política actual, sus dirigentes y Gobiernos tienden a utilizar los medios de comunicación para dirigirse a la sociedad, obviando los problemas reales que les incomodan, en términos de encuestas, con exceso de datos económicos, siempre favorables gracias a su buena gestión”. Esta y no otra es la función periodística de Marhuenda: utilizar su diario, La Razón, como un incensario a favor de su amado líder Rajoy “concitando en él -como su dios- todo el bien sin mezcla de mal alguno”.

Marhuenda es de esos personajes, omnipresente en todas las tertulias, con abundancia de papeles a su alrededor para impresionar, orgulloso de hablar de sus numerosos títulos académicos, sin mostrar jamás documento que lo acredite, con el fin de esconder sus carencias; preocupado en aparecer como persona informada que todo lo sabe, con tendencia al ridículo y con una muletilla permanente: ¡A ver si os enteráis!, lanzada a los de enfrente -a los que considera rojos de izquierda-; si las tertulias no vivieran de algunos papanatas, pocos le pondrían cara.

Con cierta repugnancia, para no contaminarme de mentiras y banalidades, suelo leer en internet las primeras páginas del diario La Razón; dos son los objetivos; uno, con lectura irónica, echar por encima un vistazo para ver las sandeces sectarias con que se despacha este diario “a diario” y, dos, analizar con escepticismo, cuando los incluye, los resultados de sus amañadas encuestas. Sus encuestas son ya un clásico: siempre a favor de Rajoy y del PP y en contra del PSOE y de Podemos. Para los amantes de autoflagelarse con discursos vacíos, les recomiendo acudir a diario a escuchar los análisis matutinos de Francisco Marhuenda en su página web del diario La Razón. Todo en él tiene un aire irónico y grotesco; la inteligencia nos impide tomarle en serio. Pero en “esta España” de “charanga y pandereta” (hoy Machado escribiría “de Mesis y Ronaldos”) todo es posible; tal vez podría dirigir la Hoja parroquial de su barrio, pero no solo dirige un periódico de ámbito nacional, que ya es inquietante, sino que, además, ha sido y sigue siendo uno de los incondicionales aduladores (él se dice colaborador) del actual presidente del Gobierno.

Mantengo una hipótesis bastante simple con la consiguiente conclusión: si son muchos los ciudadanos que leen y se nutren de la información sesgada que selecciona, controla, destila y distorsiona el “panfleto” de Marhuenda y con él forman su juicio u opinión de la realidad, no es de extrañar que gane el Partido Popular; a ello ayudan, además, las encuestas fantasmas que publica y confecciona a conveniencia para La Razón esa empresa de opinión llamada “NCReport”. Admiro a Voltaire, pero dudo que en España se cumpla esa frase que, en un arrebato de optimismo, se le ocurrió decir: “Algún día todo estará bien, he aquí nuestra esperanza”. Mientras gobierne Rajoy y dirija Marhuenda un periódico de tirada nacional, esa esperanza volteriana será una pura quimera.

Y hago referencia a esa empresa de opinión “NCReport”, porque por ella pude descubrir, no “la banalidad del mal” (expresión acuñada por Hannah Arendt), sino “la banalidad de unas encuestas inexistentes”, no realizadas por la empresa, pero sí publicadas, día sí y otro también en tiempo de elecciones, por el diario “La Razón”. Encuestas con simples datos, sin ficha técnica alguna, siempre en contra de Zapatero y los socialistas y a favor de Rajoy y del PP.

Sostenía Aristóteles que “el conocimiento tiene su origen en las respuestas que buscamos cuando las cosas nos producen admiración y extrañeza”. Enorme extrañeza y no poca admiración me producía que fuese La Razón el diario que en exclusiva utilizase NC Report, empresa de opinión pública desconocida. A través de Google encontré su web, una web insulsa -a fecha de hoy lo sigue siendo, aunque con mejorado diseño-, con domicilio en Cullera, carente de los elementos básicos del marketing profesional y sin información alguna sobre el organigrama de la empresa: quién era su equipo directivo y quiénes sus profesionales y técnicos; los epígrafes de sus desplegables se limitaban a exponer una sarta de vulgaridades obvias, carentes de lógica estadística e información seria.

Cuando analicé su web, en el apartado “Garantías”, incluía (hoy su web lo mantiene en su apartado “Compromiso de calidad”) una extensa Guía PARA LA REALIZACIÓN DE SONDEOS DE OPINIÓN cuyo Copyright pertenece a ESOMAR®/WAPOR 1998 y que cualquiera puede consultar en Internet en las páginas web de todas las empresas públicas de estudios y sondeos de opinión y electorales. En el apartado “Servicios” de la web, claramente y sin disfraz, señalaba al servicio de quién trabaja NC Report, es decir, a conveniencia de La Razón y de los intereses del Partido Popular y en los apartados “Barómetros y Elecciones”, por todo contenido de su profunda investigación, introducía sólo dos gráficas que hablaban por sí solas:

Una gráfica, titulada VOTO VÁLIDO A CANDIDATURA: señalaba solo dos candidaturas: PP y PSOE. La gráfica del PP, subía y subía y la del PSOE, bajaba y bajaba…

Otra, titulada POPULARIDAD: señalaba dos candidatos: Rajoy y Zapatero. La gráfica de Rajoy, subía y subía…; la de Zapatero, en cambio, bajaba y bajaba…!!!

En la web (“Contactos”) había un teléfono (hoy suprimido): 961 73 23 80; llamé y lo cogió una persona (don Alfredo Martí) que me dijo ser el responsable de información de la empresa. Le expuse que como votante y persona curiosa e inquieta, ciudadano libre, no sometido a presión de partido, estaba haciendo un trabajo sobre las empresas de opinión, fundamentalmente de aquellas que se dicen especializadas en sondeos electorales. Pregunté al señor Martí si me podría informar cuántas encuestas había realizado NC Report para el periódico La Razón, para qué situaciones o eventos y en qué fechas; apenas me supo enumerar alguna concreta, excepto la llevada a cabo para las elecciones al Parlamento Europeo de 2009, de la que me añadió eufórico que sus datos anticipados se habían ajustado a los resultados finales.

Le hice saber que en la celebración de cualquier tipo de elecciones, la publicación de sondeos o encuestas debe ir acompañada de una serie de datos técnicos, esenciales para evaluar la fiabilidad de los datos publicados e interpretarlos fielmente; entre los cuales se encuentran: a) el nombre del organismo o entidad que realiza el sondeo, así como el de la empresa que haya encargado su realización; b) las características técnicas del sondeo, incluyendo necesariamente, el sistema de muestreo, el tamaño de la muestra y su extensión geográfica, el universo representado, el método de muestreo utilizado, el método para la recogida de la información, el margen de error de la misma, el nivel de representatividad, el procedimiento de selección de los encuestados, la fecha de realización del trabajo de campo y c) el texto íntegro de las cuestiones planteadas y número de personas que no han contestado a cada una de ellas.

Le expuse al señor Martí que la publicación de estos datos está obligada por la LOREG (Ley Orgánica del Régimen Electoral General), y que las organizaciones profesionales de investigación de opinión pública deben tener suscrito un Código Internacional sobre publicación de resultados, obligatorio para sus miembros, que incluye básicamente los mismos datos, de tal manera que, aún en periodos no electorales, la publicación de cualquier encuesta los debe incluir.

Ante la escasa y vana información que ofrece la web de NC Report, las dubitativas y poco coherentes respuestas que me da el señor Martí, la claridad de las recomendaciones de ESOMAR en la publicación de tales encuestas y la frivolidad con la que LA RAZÓN utiliza a conveniencia (siempre “pro domo sua”) los datos que saca de las dudosas encuestas realizadas por NC Report, le pregunté, asimismo, cuáles eran las herramientas que utilizaba la empresa en los sondeos, de qué plataformas de CATI disponía con el fin de depurar los datos a medida que se van recogiendo y de cuántos equipos en la Plataforma de CAPI, cuáles eran sus técnicas de investigación científica, cuáles los datos cuantitativos y cualitativos del muestreo, cómo elaboraban los items y qué cantidad de ítems empleaban para obtener los resultados de la información pretendida…, ya que la validez y el valor de los sondeos de opinión pública dependen de tres factores principales:

  • de la naturaleza de las técnicas de investigación empleadas y la eficiencia con que se apliquen,
  • de la honestidad y la objetividad del instituto o empresa de investigación que efectúa el sondeo y
  • de la manera en que se presentan los resultados y los usos para los que se emplean por parte de las empresas contratantes.

Me respondió, confuso, que lo ignoraba. Le aclaré que las encuestas que La Razón publica permanentemente no aportaban los datos de la ficha técnica. Y que si él, como responsable de la empresa, apenas me sabía enumerar qué encuestas había realizado NC Report para La Razón, ¿desde qué ética profesional permitían que se publicasen lo que no se había realizado?

Doy por terminada la conversación, con la duda despejada de que las encuestas de La Razón, atribuidas a NC Report, se realizaban con la técnica del “Pinto, pinto, gorgorito, a éste (Rajoy y PP) le sumo y a ése (PSOE y UP) le quito”. Ignoro si a fecha de hoy, han modificado la práctica; lo que sí tengo constatado es que, en las encuestas últimas, aparece una escueta y poco significativa “ficha técnica”.

Pasadas apenas unas horas de hablar con el señor Martí, el día 24 de octubre de 2011, recibo en mi casa una llamada desde el número 91 32470.. de una persona que se presenta como Francisco Marhuenda; dice ser Director de La Razón. Acostumbrado a escuchar algunas tertulias, le reconozco por el tono de voz, aunque le hubiese reconocido, igualmente, por la forma prepotente con la que acostumbra a acompañar, en sus argumentarios, sus vacuas intervenciones carentes, casi siempre, de razones y de objetividad… ¡Qué paradoja humorística que quien dirige ese libelo titulado “La Razón” argumente sin razones!

Como Quevedo en “El Buscón”, me puso de “chupa de dómine”; en su alterada requisitoria telefónica, además de amenazarme con denunciarme a la policía por haber llamado a NCReport, me espeta que “los del PSOE estamos muy nerviosos ante el batacazo de estas próximas elecciones”; le contesté que ignoraba yo de dónde deducía que soy del PSOE; bueno, sí lo sé, le respondí: emplea usted los mismos procesos inductivos y hermenéuticos que con los datos de NC Report, de una encuesta “nada”, imprime en su periódico unos datos “mierda”; me tildó de rojo necio, al servicio de la izquierda y casi me envía a iniciar estudios, para poder situarme a la altura de “su dignísima e ilustrada señoría”. Le dije que, al invadir mi casa, le estaba grabando y que, como en los duelos verbales, para lavar mi honor, le enviaría “el guante en forma de carta”.

Y así hice; le escribí una extensa carta, días antes de las elecciones del 20 de noviembre. En ella, además de las reflexiones que le hice por teléfono al señor Alfredo Martí, le añadí estas otras:

  • Tengo claro, señor Marhuenda, que la falsa información produce basura y se convierte en propaganda; que muchos periodistas audaces a veces engañan y que la falta de datos serios y objetivos, científicamente contrastados, da ocasión a la manipulación y posibilita el fraude y el engaño informativo. Sabe usted mejor que yo, don Francisco, que el mejor control que existe sobre estas empresas encuestadoras es el mercado, pues quien falsifica datos y los publica en un proceso electoral cae en el descrédito y tal vez, en un delito (los pillastres, a la larga, son ubicados y colocados en su lugar por la opinión pública).
  • La experiencia nos enseña que sólo sobreviven a lo largo del tiempo las empresas que mantienen una ética rígida y un nivel técnico alto y que los datos de una encuesta en manos de malos profesionales en esta materia, interesadamente interpretados, son peligrosos. Todos sabemos que las encuestas de opinión son auxiliares de la democracia directa pero que la cocina tendenciosa de sus datos y cifras no puede reemplazar a los procesos electorales.
  • Espero que no ignore, señor Marhuenda, que el Código Internacional de Prácticas para la Publicación de Resultados de Sondeos de Opinión Pública, establecidas en el Código internacional CCI/ESOMAR para la Práctica de la investigación Social y de Mercados, ha establecido que se apliquen para regular la publicación de sondeos y salir al paso de que al publicar los resultados puedan éstos presentarse de manera provocativa o tendenciosa, estas recomendaciones específicas sobre la publicación de tales encuestas. Entre las que el punto 3 dice textualmente:

“Los sondeos de opinión juegan un papel valioso en la sociedad actual. Es deseable que tanto el público en general como los políticos, medios de comunicación y otros grupos interesados tengan acceso a través de tales sondeos a una medida exacta y no sesgada de las actitudes e intenciones del público. Es sabido que existen preocupaciones sinceras sobre los posibles (aunque no probados) efectos que ciertos sondeos podrían teóricamente tener sobre el voto u otros comportamientos. Sin embargo, la alternativa es que el público quede expuesto solamente a informaciones carentes de fundamento científico y probablemente inexactas sobre la situación, en muchos casos, presentadas por personas u organismos con un conocimiento insuficiente de la naturaleza de la información que usan o con una presentación muy partidista de los hechos. El objetivo de este Código es reducir el riesgo de engañar al público mediante sondeos inadecuados o mal presentados”.

  • Existe, señor, Maruenda, un error muy común entre los periodistas, entre ellos incluyo a algunos de La Razón: creen que la principal información que aporta una encuesta consiste en adivinar el porcentaje de votos que obtendrán los candidatos el día de las elecciones, marcando casi en exclusiva la diferencia en porcentaje de votos que existe entre los candidatos. Ignoran que el resultado de esa diferencia es solamente un dato de los tantos que debe aportar una encuesta científica y honestamente realizada y que los números deben ser leídos por especialistas que saben narrarlos e interpretarlos sin sectarismos desde un foro de debate ético y objetivo, sin dejarse guiar ni por filias ni por fobias. Y la primera condición (una encuesta científica y honestamente realizada) no la cumple NC Report, y la segunda (especialistas que saben interpretar los datos sin sectarismos) no es una cualidad de su periódico. A NC Report le falta profesionalidad y a La Razón, ética periodística.

Y ya para finalizar, pues estaba cerca el día 19 de noviembre, día de reflexión electoral, le recomendaba en mi carta la lectura de estos versos finales de un poema (Los cobardes) de Miguel Hernández:

……..

Ocupad los tristes puestos

de la triste telaraña.

Sustituid a la escoba,

y barred con vuestras nalgas

la mierda que vais dejando

donde colocáis la planta.