Proceso y procés

“On the other hand, discretion is the better part of valor.”
 (
La prudencia es la mejor parte del valor)
William SHAKESPEARE .”Enrique IV”


“¿Hasta dónde llegará ahora la respuesta del Gobierno español?
¿Tiene capacidad el soberanismo para transferir el problema a la calle?
Estas son dos preguntas determinantes para pensar el futuro próximo”

Josep RAMONEDA “ El rito iniciático.” El País 7 sep 2017


barnaA fin de no contribuir a elevar todavía más la temperatura del actual momento político, al analizarlo y comentarlo parece aconsejable dejar de lado la retórica del léxico militar y, aunque sea por una vez, acudir a analogías importadas del universo deportivo.

En éste la distinción más básica, al menos para quien como yo  desconoce prácticamente todo del mundo futbolístico, es la de “liga” y “partido”.  Estos se ganan o se pierden uno a uno (“partido a partido”), pero  lo importante no es ganar o perder una jornada (un partido), incluso ‘por goleada’, sino lo que finalmente cuenta es la suma de todos ellos. Sobre eso se sustenta en buena parte, me parece a mí, la fidelidad de las aficiones.

Claro es que en la medida en que, en cada ‘temporada’, la ‘liga’ esté a punto de finalizar, en caso de resultados equiparables cada partido restante tensa las emociones y reviste forma de episodio definitivo. Una mala tarde o un error puramente táctico, en esas circunstancias puede tener gran alcance, hasta  llegar a adquirir tintes catastróficos. Y no digamos si en esas mismas circunstancias una parte del público, enardecida, pide incesantemente al árbitro que muestre tarjetas rojas. Y todo ello precisamente porque, por delante, el margen para rectificar o compensar con una o varias jornadas triunfales puede ser ya muy estrecho, o simplemente, en ocasiones, puede incluso que ya no exista.

Entre los analistas, está ampliamente admitido que la ‘cuestión territorial’, en lo que a Catalunya respecta, es a día de hoy el principal problema político del Reino de España, por más que en los sondeos de opinión, incluso en los de hoy mismo (MyWord para el Observatorio de la SER), no figure ni mucho menos entre los principales ‘problemas’. Esta paradoja resulta comprensible y fácilmente explicable a la vista de la generalizada despolitización de la sociedad española (y de otras tantas); es decir del recelo que la política provoca y de la  escasa importancia que se le concede, más allá de la periódica celebración de rituales. Desde luego, importancia muy inferior a la dispensada a la esfera deportiva, es decir al referente de la alegoría que aquí se está proponiendo.

Entre los que no llegan a conceder a la “cuestión territorial” tal condición preminente, la inmensa mayoría de quienes siguen más de cerca el acontecer político piensa seguramente que es uno de los más importantes.

Pese a su afinidad paronímica, las voces proceso y procés han acabado por designar conceptos y realidades bien distintas: la primera por referencia al asunto  que ahora nos ocupa (‘la cuestión territorial’), en nuestra alegoría halla su correspondencia en ‘la liga’; asimilable a un ‘proceso’ integrado por múltiples y variados ‘episodios’.

La segunda voz en cambio, pertenece decididamente a la clase ‘episodio’, por más exasperante que esté siendo su duración (la del procés), con un sinfín de prórrogas e incidencias y aun cuando en lugar de comprender solo uno, esté integrado por un conjunto de ellos en número  más o menos limitado, cada uno de los cuales podría asimilarse a un ‘partido’. Y como cualquier otro de ese género (‘episodio’/’partido’), los hay repletos de ‘sucesos’, a menudo de gran animación o suspense, y también los hay monótonos y cansinos, en los que, al menos aparentemente, no ocurre nada o bien parece estar ocurriendo lo mismo de modo incesante.

Lamentablemente el análisis político convencional, el que se expresa prevalentemente  en los “media”, tiende  a reducirse y sustituirse por la “crónica de sucesos”.

En lo que respecta la “cuestión territorial”, es preciso establecer para su cabal entendimiento algunas premisas básicas o puntos de partida. Los que yo he optado por elegir – sin que sea este el espacio y el momento apropiados para exponer las razones que me han llevado a ello- son los siguientes:

  1. La CE78, es decir la Norma escrita - el texto constitucional formalmente vigente todavía- resulta ser el impedimento esencial  (absoluto) para resolver adecuada y duraderamente dicha cuestión.
  2. Dicha Norma, pese a su vigencia formal, en Catalunya es materialmente estéril desde hace tiempo (J.Pérez Royo). En concreto lo es desde la voladura controlada del “bloque de constitucionalidad” llevada a cabo por fases  bajo  la hegemonía  del Partido Popular. Partido éste que no por casualidad ha terminado por identificarse, por la casi totalidad de las fuerzas políticas e incluso en sede judicial, como el Partido de la Corrupción, sin que esto último haya logrado traducirse hasta ahora en el plano político en el consiguiente desplazamiento y remplazo hegemónico; lo cual da idea de la magnitud y el alcance de la crisis institucional que ello lleva aparejado.
  3. El PP, en tanto actor político que tiene en su mano –con apoyos subsidiarios- la gestión de esa Norma, resulta ser el mayor obstáculo y por consiguiente el enemigo principal para quienes pretendan alcanzar una salida razonablemente satisfactoria y duradera a la “cuestión territorial”.