Nación, pueblo, patria

“Una de las mayores desgracias que ha sufrido nuestro país es lo que ha venido presentándose como 'espíritu español' apenas impregnado de catalanismo, cuando debería haber sido uno de sus ingredientes principales.

Cataluña ha sido la gran desconocida para el resto de España; desde luego más desconocida que Francia, Italia o la misma Alemania. Se conoce más la literatura rusa que la catalana y nuestro conocimiento de Cataluña está hecho a base de cuatro lugares comunes, todos ellos erróneos cuando no agraviantes.

No. Cataluña no puede separarse porque la necesitamos hoy más que nunca, y hay que decírselo cuanto antes, bien alto, sin rubores, sin vergüenzas. Necesitamos no solo su industria, su arte, su organización, su modernidad, sino también su espíritu, su ejemplo, sus líderes, su 'seny'”. 

“Catalanizar España” José María CARRASCAL. ABC 03/02/1978

“Knowledge is the beginning"
Documental de Paul Smaczny. D. Barenboim y la orquesta Divan Este-Oeste. Concierto de Ramala, agosto 2005


Las categorías a que podrían responder los términos que dan título a este artículo, pasan a funcionar exclusivamente como armas arrojadizas en cuanto se les añade el sufijo ”ismo” ( doctrina, partidario…).

‘Nacionalismo’, ‘Populismo’, ‘Patriotismo’, pronunciados sin adjetivos, son vocablos que ya desde hace algún tiempo se resignifican dentro de los marcos (‘frames’, Lakoff) seleccionados por el pensamiento dominante para desempeñar la función de estigmatizar al adversario (los dos primeros), o de ensalzar el propio pensamiento (el último).

Esa falta de adjetivación -tan útil desde el punto de vista de la ‘ideología’- les invalida sin embargo como herramientas para el análisis político.

Una vez eliminada la consustancial ambivalencia de tales términos, el mainstream se impone de tal modo que entre amplios sectores de la izquierda política ha hecho fortuna un sofisma ya convertido en eslogan: “la izquierda no puede ser nacionalista y si es nacionalista, no es izquierda”. (Jesús Cuadrado. CUARTO PODER. 8/11/2017); No es coherente ser independentista y comunista en el contexto catalán” (Alberto Garzón Publico 23/10/2017). “El nacionalismo, o tribalismo, es el cemento artificial que mantiene la desigualdad dentro de una sociedad inoculada de paranoia”. (Antonio Miranda “Internacionalismo vs. NacionalismosARKRIT nov 2017). El nacionalismo es un veneno ¿o no? (José A. Marina EL CONFIDENCIAL 14/11/2017)

De ese modo, la realidad y sus distinciones –tanto la presente como la histórica- se escamotean, porque claro que ha habido y hay innumerables ejemplos de  nacionalismos y populismos “de izquierdas” aunque quizás no tantos como hubo -y sobre todo sigue habiendo- populismos y nacionalismos “de derechas”.

Para comprender la realidad política catalana y su dinámica, es indispensable partir de la caracterización pluridimensional de su espacio político.

La pretensión de mayores grados de autogobierno –incluida la aspiración a la  independencia –no es reducible sin más ni a la identidad, ni al sentimiento de  pertenencia (nacionalismo). Y no lo es sobre todo en la actualidad en que esa pretensión atraviesa no solo distintas clases y segmentos sociales, y distintos partidos e ideologías políticas, sino al mismo tiempo distintos territorios y realidades nacionales.

Es esa transversalidad la que hunde en la perplejidad y en la desazón primero, y en la inanidad después, a quienes siguen empeñados en reducir el espacio político y su análisis –en cualquier lugar y circunstancia- a una o todo lo más dos dimensiones o factores políticos (izda-dcha; arriba-abajo), incapacitándolos así para “ocupar el centro del tablero”, por más decisiva que pudiera resultar en términos relativos su caracterización y su fuerza potencial dentro del juego político.

Y en simétrica incomprensión de esa misma  transversalidad, la reducción de ese complejo espacio al factor ‘nacional’ es lo que empuja al delirio a quienes ‘razonando’ de ese modo se ‘saltan pantallas’ en su precipitada acción política, quemando etapas para regresar irremediablemente al punto de partida.

El último barómetro del CIS, publicado hace solo unos días (7/11/2017) contiene información de suma importancia para comprobar en qué medida la denominada ‘cuestión nacional’ define de modo sustancialmente estable un eje político transversal y hasta qué punto el supuesto oximorón entre ‘nacionalismo’ e ‘izquierda’ se ve o no verificado en las preferencias que expresan los electores respecto a las formas de organización territorial del Estado.

La tabla y el gráfico que se incluyen a continuación reflejan dónde se producen las mayores desviaciones respecto a los valores medios.

Para su confección se han agrupado esas formas de organización del Estado en 3 grandes grupos que, para simplificar en su atribución a las preferencias de los sujetos, podrían denominarse “centralismo” (1+2), “reformismo/soberanismo”(4+5) y “conformismo/inmovilismo”(3), identificando a esta última con el régimen o sistema de Comunidades resultante de la CE78 y su desarrollo de facto.

cuadro nacionalismo1

Fuente elaboración propia a partir de encuestas del CIS en diferentes fechas (entre 2012 y 2015)

cuadro nacionalismo2

Fuente elaboración propia a partir de Barómetro nº 3191 del CIS (octubre 2017)

Las variables más determinantes y significativas por reflejar las mayores desviaciones respecto a los valores promedio resultan ser por un lado las propiamente territoriales, y además las directamente vinculadas a la adscripción política y señaladamente al eje convencional izquierda–derecha tanto si el indicador es el partido al que se vota como si lo es la autodefinición ideológica.

Sobre ello volveremos en breve con mayor detalle.