El enemigo principal

“Cuando un pueblo cree que debería ser independiente con el fin de tener una existencia política significativa se debería plantear serias cuestiones… ¿se van a respetar los derechos de las minorías y los de las mayorías?; ¿cómo vamos a cooperar con nuestros vecinos?”: BILL CLINTON, expresidente de los EEUU, discurso en la Primera Conferencia sobre federalismo en Mont Tremblant, octubre de 1999.


“El golpe de Estado contra el Estatut aprobado en referéndum ha tardado en desplegar sus efectos. Pero finalmente lo ha hecho”: JAVIER PEREZ ROYO, Catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla. Entrevista en Sin Permiso 23/07/2017.


Por si el carácter casi marginal del PP en Catalunya no fuese bastante (8,5% de los votos en las últimas elecciones autonómicas), lo verdaderamente asombroso es que teniendo en cuenta la trayectoria de la rama nacional de ese partido, sea él quien haya acabado liderando y disfrutando de la parte central del tablero en la disputa sobre la ‘cuestión territorial’.

Esa posición tenazmente trabajada, en especial desde 2006 a esta parte, ha sido adquirida gracias a la posición de fuerza que le confiere su ocupación de las instituciones del Estado, entre otras la de tener la ‘llave del cerrojo’ (mayoría de bloqueo en el Congreso y Senado, gracias a una legislación electoral ‘truffa ‘; y eso por no hablar de la ya acreditada sobredosis de dopamina electoral).

El caso es que, llegados al punto en que en la actualidad nos encontramos, puede afirmarse sin asomo de duda que no habrá salida alguna para el embrollo catalán, ni menos aún para la ‘cuestión territorial’, mientras el PP no adquiera la condición de ‘enemigo principal’, al menos para todas las fuerzas de izquierda (y desde luego no solo en Catalunya).

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Ese atributo que, con todos los méritos, en Catalunya ostenta ya (o debería ostentar) ese partido para quienes están en condiciones de constituir una mayoría abrumadora, la tiene ya sin duda al menos entre quienes allí gobiernan (JpS) y en quien desde fuera presta su apoyo (CUP), e incluso, afortunadamente, parece que también para Catalunya en Comú y quizás, solo quizás, para una parte de CSQEP.

Es preciso sin embargo generalizarla aún más y el anunciado ‘reférendum’ del 1-O tendría que ser una ocasión para ello, en vez de serlo para auxiliar a un partido que, mal que le pese, está seriamente dañado por lo que día a día se desvela -ahora ya por fin en sede judicial- sobre los desmanes cometidos durante al menos dos decenios de corrupción. 

Porque lo cierto es que con ese partido no cabe esperar que se alcancen ninguna de las distintas  fórmulas alternativas que en la Encuesta del CEO se ofrecen.

Veamos este punto con mayor detenimiento

Para quienes dicen preferir la respuesta 1 del CEO (“Catalunya una región de España”), o la primera del CIS que viene a ser su equivalente (“Un estado con un Gobierno central sin autonomías”), el PP no puede ser quien abandere esa opción porque aun ni queriéndola en su intimidad -lo cual es dudoso a estas alturas, no en 1978-, jamás se atrevería ni a proponerla aunque fuese solo por elemental cálculo electoral y a ello a pesar de que esta es la opción preferida por casi un tercio de quienes hace un año votaban por el PP (también lo es para el 11,4% o el 10,1% de quienes lo hicieron respectivamente por el PSOE o por PODEMOS).

Para los que optan por la respuesta 2 del CEO  (“Una Comunidad autónoma de España”) o su homóloga del CIS (“Un Estado con Comunidades autónomas como en la actualidad”), fórmulas ambas conservadoras que cuentan, incluso en Catalunya, con un sólido respaldo en las preferencias de la gente, el PP representa realmente el máximo responsable de la desestabilización, obsolescencia y quiebra de esta alternativa.

En efecto, tras haber terminado en fiasco en 2005 la más que ingenua apuesta Ibarretxe, el diseño constitucional de la España de las autonomías, llevado rigurosamente a su máximo potencial en Catalunya en el proceso que culminó con la aprobación del Estatut al año siguiente, podría haber aguantado quién sabe cuánto, aunque probablemente al menos un par de décadas más (algo análogo a lo que parece haber ocurrido con la monarquía tras el oportuno destronamiento del anterior borbón).

Sin embargo el PP condujo con éxito, gracias a múltiples complicidades activas o pasivas, una operación de acoso contra aquella fundamental norma catalana, desplegándola en diversos frentes, hasta conseguir finalmente su derribo.

Así, gracias a un Tribunal Constitucional obsecuente con quienes le habían nombrado, el PP logró que  sentenciara la práctica anulación del Estatuto refrendado cinco años antes en Catalunya tras haber logrado sortear un sinfín de exigentes filtros.

A ese ‘triunfo’, le sucedió el de la reconquista del Gobierno un año después, y su subsiguiente blindaje parlamentario, gracias a una mayoría absoluta propiciada, no se olvide, por una ley electoral heredera de la España preconstitucional.

Desde entonces el deseo de independencia, que en 2006 se encontraba confinado en un 14 % de la población catalana, llegó a hacerse indiscutiblemente mayoritario a finales de 2013, al convertirse en la opción preferida para el 48,5% de los entrevistados por el CEO (seguida por la fórmula de un “Estado catalán en una España federal”, que recibía por entonces un apoyo algo menor que el 23,4% de la actualidad).

Excuso argumentar sobre lo que el PP puede representar para quienes hayan optado por las contestaciones 3 o 4 del CEO (“Estado Federal” o “Estado Independiente”) que en Catalunya siguen siendo apoyadas por una amplia mayoría (61,5 % de los que contestan), o para la minoría relativa (una cuarta parte) que a tenor de las preguntas del CIS manifiesta su preferencia por su alternativa 4 (“Un Estado en el que la comunidades autónomas tengan mayor autonomía que en la actualidad” ) o incluso por la 5 (“hasta la posibilidad de convertirse en estados independientes”). 

Realmente la única opción que encaja satisfactoriamente no solo con lo que del PP puede esperarse, por coincidir de modo bien preciso no ya con su ideario sino sobre todo con su práctica política (‘de facto’), es la respuesta que en el cuestionario del CIS se recoge como alternativa 2 bajo el siguiente enunciado: “Un Estado en que las comunidades autónomas tengan menor autonomía que en la actualidad“ , la cual -conviene recordarlo- solo es apoyada por el 9,2% de los entrevistados por el CIS (julio 2017).

Así pues a esa condición minoritaria habría que reducir al PP en esta cuestión, sobre la base de que el resto de las fuerzas -incluido hasta el C’s- le concedieran esa merecida distinción: enemigo principal’

Y ello no solo por lo que toca a la cuestión territorial sino en vistas a cualquier género de regeneración democrática y moral, en la que C’s -que goza todavía de amplio crédito al respecto- acaba de ‘suspender’ en esta asignatura al Gobierno al que presta su determinante apoyo; y asimismo en lo que afecta al saneamiento de un modelo económico absolutamente vampirizado por un enjambre de extractores de rentas, objetivo éste que, al menos las fuerzas de izquierdas, debieran colocar en el centro de su ideario programático.