La Universidad Complutense de Madrid (en adelante, UCM) sufrió en tiempos del rector Carlos Berzosa uno de los mayores ataques por parte de quien fuera la presidenta de la Comunidad de Madrid (CAM), Esperanza Aguirre. En un reciente artículo publicado en la revista El Siglo, el profesor Berzosa explica con toda claridad las consecuencias que tuvieron para la UCM aquellos desagravios. La política neoliberal a ultranza del gobierno presidido por la señora Aguirre –como de todas las administraciones gestionadas por el Partido Popular- ocasionó la ruptura de contratos firmados por la CAM con las universidades públicas madrileñas y con la Complutense en particular, motivo por el cual, el rector Berzosa interpuso demandas judiciales por el incumplimiento de aquellos compromisos y de sus presupuestos​, siendo el único rector que lo hizo; los demás responsables de las universidades públicas dependientes de la CAM decidieron esconder la cabeza bajo el ala de la indiferencia o el miedo. Las demandas de la UCM fueron ganadas en los Tribunales y la CAM condenada a abonar más de 100 millones de € a la Universidad, cuya inversión estamos viendo ahora en obras necesarias de mejora de edificios, infraestructuras, laboratorios, bibliotecas, etc.

Aquella presidenta, de cuya valía intelectual el profesor Berzosa se hace eco aludiendo elegante y diplomáticamente a sus limitaciones intelectuales​, puso todo su empeño en dinamitar no sólo la propia esencia de la universidad como institución de ciencia, investigación y pensamiento, sino todos los servicios públicos, desde la sanidad hasta las políticas sociales, imponiendo políticas privatizadoras cuya rentabilidad estamos padeciendo los madrileños. No contenta con ello, esa política encubridora de corruptos, se dedicó durante su mandato a injuriar a gestores y políticos defensores de lo público, como fue, sin duda ninguna, el caso del profesor Berzosa, a quien sin vacilar atacó con todas sus armas y bagajes como intelectual progresista de reconocido prestigio. Lamentablemente, en aquel momento, nadie salió en su defensa: ni los sindicatos de clase, tampoco el suyo -CC.OO, lo que es de extrema gravedad-, ni los partidos políticos de izquierda, ni docentes, ni colectivos profesionales o científicos o académicos, ni el personal de administración que le aupamos en todas las convocatorias electorales.​

Muchos profesores y trabajadores de esta Universidad estamos en deuda con el rector Carlos Berzosa, a quien es preciso dar el reconocimiento debido, cuya eficiente y honesta gestión, centrada no sólo en la defensa de la universidad como institución de carácter público, sino en la calidad de la docencia y de la investigación, sin descuidar las necesidades de los servicios y los derechos de su personal, tanto docente como administrativo y técnico, trajo a esta Universidad un cambio de rumbo determinante y evidentes mejoras. Transcurridos más de seis años del fin de su mandato​ y con la perspectiva del tiempo transcurrido de quienes llevamos más de cuatro décadas de estudio y trabajo en esta institución, estamos en condiciones de afirmar que Carlos Berzosa ha sido, sin la menor duda, el mejor rector que ha tenido la Universidad Complutense a lo largo de su historia.