A mi amigo, Marcos Ana

Foto: Vallecas Todo Cultura
Foto: Vallecas Todo Cultura

Si salgo un día a la vida
Mi casa no tendrá llaves;
Siempre abierta, como el mar,
El sol y el aire.

Si salgo un día a la vida / Mi casa no tendrá llaves; / Siempre abierta, como el mar, / El sol y el aire... Y nada más verdad. (Marcos Ana Fernando Macarro Castillo, su nombre, Marcos y Ana eran los de pila de sus padres, seudónimo que se convirtió de clandestino a uso común, cada vez que cambia el cartero tenemos la misma confusión con la correspondencia, pues incluso alguna carta certificada llega a nombre de Marcos Ana y claro…). Su casa como una embajada con las puertas siempre abiertas y su persona refugio de propios y ajenos, siempre solidario, el estar dedicado a temas Internacionales y de solidaridad le permitió poder quedar un poco al margen de los rifirrafes internos del Partido, Marcos era un hombre de paz.

…La vida y la lucha por un Mundo más justo continúan. Y solamente el que se excluye se siente verdaderamente solo. He vivido la vida que he preferido vivir, la vida dura pero noble de un revolucionario. Y a pesar de los naufragios sufridos y las decepciones que la lucha y la vida a veces nos deparan, si mil veces naciera mil veces volvería a ser lo que soy y a pensar como pienso…. Marcos Ana

Desde aquel maldito día, en que como uno más de los miles de perdedores que quedaron varados y abandonados en el puerto de Alicante, esperando esperanzados la llegada de los barcos, comenzó un periodo que duraría 23 años ininterrumpidos de cárceles. Cómo sobrevivió a dos penas de muerte, a los fusilamientos indiscriminados, a la brutal tortura siendo ya preso, las enfermedades, el hambre, ver desfilar un día sí y otro también durante años a compañeros camino del pelotón, y a todas la demás “perrerías” a las que fue sometido, un joven de 19 años, que tuvo que dejar en suspenso, después de los tres años de guerra, y hasta los 42 años de edad, conceptos como Libertad, Juventud, relacionarse con mujeres (apenas habló con alguna, rejas mediante en 23 años), sin caer en la desesperanza, en la tentación de abandonar, solo así se explica la personalidad y el carácter de Marcos.

Poco antes que la Vida de forma tardía empezara a compensarle (cada vez que alguien le decía, Marcos que bien estás, qué joven, no aparentas la edad que tienes, él contestaba. “claro hay que descontar los 23 años de cárcel”, “por eso me gusta estar con la gente de “mi edad”, los viejos solo hablan de enfermedades y pasaba a contarte o enseñarte la foto de la “ultima” chavala con la inocencia y picardía de un adolescente.

Poco antes, recién comenzados los años sesenta, su salida a París, cuando empieza a viajar por todo el Mundo para contar la situación de los presos políticos en España, otro golpe doloroso de la represión lo enfrenta a la más cruel realidad “Salvar a Julián Grimau del pelotón”. El Generalísimo Franco, (aliado político-militar del nazismo alemán y el fascismo italiano), en esos años sesenta colaborador y ahora (si es que alguna vez no lo fue de alguna manera) aliado político-militar del imperio anglo-norteamericano, encarga a su más aguerrido meritorio Manuel Fraga Iribarne (ex -presidente de honor del Partido Popular, partido actualmente en el poder) buscar las balas “legales” para la ejecución de Grimau. Marcos ya había sufrido con anterioridad las artimañas de Fraga, para contrarrestar la campaña internacional por la libertad de Marcos Ana, desde Amnistía Internacional a la Reina de Holanda a Pablo Neruda, etc. Fabricó un libelo que distribuyó a través de las embajadas españolas por el mundo sobre los supuestos delitos de Marcos. Este gran opositor (de oposiciones funcionariales) que era Fraga, se olvida, ignora las  propias leyes franquistas sobre prescripción de “delitos” entre 1.936-1.939, después de martirizarlo (lo llegan a arrojar por una ventana) lo fusilan oficialmente por supuestamente hechos ocurridos durante la mal llamada “Guerra Civil”, desoyendo el clamor desde todos los rincones del planeta por el indulto, fue un mazazo que le marco hondo.

La unión en esos años a su compañera Vida y la paternidad, viajar conociendo a la mayoría de personalidades del mundo de la política y la cultura, devolviendo un poco la solidaridad que había recibido, como él decía, el intenso trabajo en el CISE (Centro de Información y Solidaridad con España) en París recibiendo a las personas que venían de España y su aportación como miembro del Comité Central del Partido Comunista de España.

marcos

Aunque nos veíamos con frecuencia en Francia, un día de mediados de los setenta se presentó en nuestra casa de Madrid, le habían dado un pasaporte sin ponerle pegas y se vino a Madrid, por su trabajo estaba al corriente de la situación interna y fue uno de los primeros en conocer las diferencias de conocimiento sobre la realidad del país que tenían muchos dirigentes de entonces, que no habían estado en España desde la guerra y por tanto ser más receptivo a los cambios políticos tanto dentro como fuera del Partido.

Había estado demasiado tiempo encerrado como para vivir encorsetado y de forma convencional, otra etapa de su vida pero esta vez en su país y libre se abría ante él.

Sin dejar esos “tics” de hijo de campesinos y preso, por ejemplo, tenía fobia a las culebras, recordaba todas las leyendas que cuentan los campesinos sobre ellas, siempre recordaba cómo al salir de la prisión después de tanto tiempo su vista no estaba acostumbrada a no encontrar un muro o un tabique, le daba mareo mirar un paisaje a campo abierto, el médico le aconsejó para poder dormir bien tener el dormitorio con lo imprescindible, pero no podía evitar tenerlo siempre como una celda lleno de cosas, cuadros, afiches, libros, tele, etc. Imposible, como que se estuviera quieto en algún lugar, enseguida necesita salir por cualquier motivo, cuando viajaba aunque fuera por un par de días se buscaba una cafetería o terraza donde rellenar decenas de postales para todo el mundo, que muchas veces llegaban después que él.

Somos amigos desde 1.973 y además he tenido la suerte de compartir domicilio en esta vieja casa sin ascensor (siempre hacíamos bromas sobre la salud con el bajar y el subir escaleras) desde hace 25 años, cada vez que pase por el rellano de la escalera y mire su puerta lo voy a recordar, será como un premio y un castigo varias veces al día, no lo olvidaremos, ni Marina, ni sus amigos del quiosco de enfrente de los Renoir, con los que cambiaba unas palabras cada día, ni los muchachos del Chipirón donde leía el periódico mientras desayunaba y prácticamente usaba su terraza como lugar de entrevistas, será difícil para nosotros perder en el mejor de los sentidos a uno de los “nuestros”.

…Entregué el azul mas azul de la primavera, la roja pasión del estío, la dorada madurez del otoño. Dejadme ahora, solo y libre, adentrarme en el invierno final, abrigado por el rescoldo de lo que fue o pudo ser mi vida…. Marcos Ana.