Convergencia y reconstrucción de las izquierdas

Inés Sabanes | Coportavoz de EQUO Madrid

nuevatribuna.es | 31 Agosto 2011 - 12:40 h.

En mi último artículo sobre la convergencia de las izquierdas, analizaba la necesidad de reconstruir las políticas de izquierdas y de progreso pero entendiendo los mensajes que la ciudadanía está enviando para ser capaces de reaccionar, resistir y proyectar expectativas de cambio ante el avance las políticas neoliberales impuestas y los riesgos para el futuro.

No podemos olvidar, y menos con el último conflicto abierto por la reforma Constitucional pactada a espaldas de la ciudadanía por PSOE y PP, que en este momento se está cuestionando seriamente una democracia blindada que ha otorgado a la ciudadanía un papel pasivo frente a decisiones que les afectan y sobre las que quieren no sólo votar, sino participar e intervenir.

En este contexto las formas y los métodos son fondo. El futuro de las izquierdas está íntimamente relacionado con la regeneración de la democracia y de las estructuras que la desarrollan - entre ellas de forma determinante los partidos políticos.

En un magnífico artículo Joan Subirats reflexiona sobre cómo en aras a la estabilidad y ante la fragilidad de la democracia los partidos políticos adquirieron en los años 80 el monopolio de la representación y la intermediación política. El mantenimiento cerrado de estas estructuras hoy pasa factura a las organizaciones y a su capacidad de representación. Dice Subirats "Los partidos son hoy- con todos los matices que diferencian a unas formaciones de las otras, estructuras pensadas en clave de conquista y ejercicio del poder desde una lógica electoral y representativa. Los medios, la tecnificación con gabinetes de asesores y la rapidez con que todo sucede han reforzado todavía más las cúpulas de los partidos y han relegados a sus bases y militantes a un papel pasivo y redundante".

Si esto sucede con la militancia, la relación con simpatizantes, votantes o con la ciudadanía es todavía más lejana y distante. Por ello cualquier idea de transformación o estrategia debe de abordar cambios muy serios en el funcionamiento de los partidos. De tal forma que la cercanía , la transparencia y la interacción con la ciudadanía sea un punto de partida irrenunciable. Esto es importante en general para la democracia, pero es determinante para el futuro de las izquierdas.

Ninguna formulación de pasado va a servir para afrontar el futuro y menos en momentos donde son precisamente estos errores y formulaciones los que en mayor medida han afectado a las organizaciones que se reclaman transformadoras. Las urgencias y la dureza del momento no justificaría reformular con otras palabras las mismas propuestas y tratar de suplir con movimientos tácticos, compromisos que las izquierdas debieron de afrontar desde el momento que iban perdiendo su capacidad de sumar y representar una opción real al pensamiento único.

Las condiciones que en su momento alentaron las políticas de alianzas y hoy los frentes amplios o formulaciones similares, parten todavía de la idea de los partidos como estructuras que ejercen casi en exclusividad la representación y la intermediación, y olvidan que hoy los ciudadanos actúan y tienen la voluntad de intervenir. Plantean acuerdos entre distintas expresiones y siglas sin entender el nuevo protagonismo que ejerce el activismo de los ciudadanos.

Sin embargo, trabajar por la convergencia con respeto a la diversidad es posible. Es difícil entenderlo como opción táctica para resolver en dos meses, pero es la visión estratégica que debería definir el modelo de relaciones para el futuro entre las diferentes opciones que pudieran compartir los elementos básicos de lucha y acción para una sociedad más justa, igualitaria, con protección social , derechos y capaz de proteger el futuro del planeta.

Equo nació con esta voluntad. Más movimiento que partido, estructuras horizontales más que jerárquicas y mestizaje con el activismo de bases sociales y ciudadanía para no solo pedirles opinión o compartir discursos y propuestas sino para afrontar con ellos un nuevo contrato de compromiso con la sociedad. La gente hoy no quiere solo conocer respuestas, quiere organizarlas. Esta lógica inspira también las propuestas sobre el funcionamiento de las Instituciones, la participación y control ciudadano o la reforma electoral

La nueva convergencia de las izquierdas- en una democracia que muestra signos de agotamiento y en un marco de avance y hegemonía de las políticas conservadoras- deberá significar una cultura política en sintonía con la inteligencia colectiva y el activismo que han desarrollado los movimientos de indignados, 15M o Democracia Real Ya, a través de las redes sociales, la deliberación pública, a paralización de los desahucios y las reivindicaciones económicas, sociales o ambientales debatidas en las plazas y en los barrios

Estamos en un cambio de época y de transición, donde los partidos, organizaciones sociales, sindicales o colectivos que se reclaman transformadores, anticapitalistas, de izquierdas o ecologistas tendrán que aprender a convivir y a compartir – desde identidades diversas - propuestas, causas y estrategias. La base de propuesta programática, es fundamental, pero lo es de la misma manera también la propuesta para el compromiso con los avances democráticos.

En estos momentos, la ciudadanía no ve en los partidos o alianzas de “formulación clásica” la verdadera capacidad de transformación que están reivindicando. Por ello de la manera “de hacer” en este momento dependerá en gran manera el futuro de las políticas de izquierdas y de progreso en España o en Europa. Solo la capacidad de repensar y cambiar podrá alumbrar amplios movimientos superadores de las estructuras convencionales capaces de reaccionar, resistir y generar alternativas para impugnar un sistema profundamente injusto y un modelo de desarrollo capaz de imponer la barbarie.

Por eso las teorizaciones sobre frentes, alianzas o unidad no pueden ser llamamientos abstractos y requieren un diálogo de largo aliento, mucho más allá de las urgencias y dinámicas electorales y superadoras de un modelo partidario e institucional profundamente debilitado. Iniciar estos diálogos sin presión, ligeros de equipaje y con voluntad de cambio es la mayor contribución que podemos hacer para transitar del actual modelo de partidos con lógica electoral y representativa a un modelo de movimientos donde será posible seguir trabajando sin ritmos y condiciones imposibles, para vislumbrar fórmulas diversas para una dinámica de convergencia, de progreso y de cambio. A pesar de las urgencias y de las travesías que nos pueden esperar, saber a dónde nos dirigimos y cómo, es más importante que apuntalar viejas estructuras.

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