Leonard Cohen, el imaginario sentimental

Músico y poeta a partes iguales, cien por cien artista, el autor canadiense murió el 7 de noviembre de 2016 a la edad de 82 años cuando acababa de publicar un nuevo, y último ya, disco de estudio: “You want it darker”.

Le quise dedicar algo cuando supe de su fallecimiento, pero pensé que era mejor dejarlo reposar. Como las buenas canciones o el buen vino, son más apreciadas después de cierto envejecimiento.

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Leonard Cohen

Leonard Cohen estuvo muy vinculado al flamenco. En el discurso de aceptación del premio príncipe de Asturias de las Letras que le concedieron en 2011 narró cómo empezó a tocar la guitarra a partir de escuchar a un joven español allá en Montreal, su tierra. Un guitarrista flamenco al que pidió que le enseñara a tocar y que le acompañó durante sólo tres sesiones porque después se suicidó. No sabía nada de él, ni de su historia, ni de su lugar de procedencia en España, ni nada. Pero le dejó esos seis acordes que después siempre usó en sus composiciones.

Ese premio se lo concedieron por el imaginario sentimental que producían sus canciones, a pesar de que él mismo se denominó, en el discurso de recogida del galardón, como “casi un charlatán, aceptando un premio por una actividad que no domino.” Pero sus poemas son contundentes expresiones de vida, de amor, de angustia, de soledad y de tristes alegrías. Esos poemas son la base de muchas de sus canciones, en las que las letras rotundas son narradas por una voz inconfundible con un acompañamiento musical que realza el contenido y las palabras profundas que brotaban de la garganta de un autor inigualable.

Tal vez la academia sueca se esté arrepintiendo ahora de no haberle concedido el Nobel antes que a Dylan, quien llegó a decir que “si no fuera Bob Dylan me gustaría ser Leonard Cohen”. También el príncipe de Asturias se lo otorgaron unos años después de habérselo otorgado al cantante de Minnesota.

Sus canciones han servido para alimentar bandas sonoras de un gran número de películas, desde Oliver Stone (Natural Born Killers) a Atom Egoyan (Exótica) pasando por Nanni Moretti (Caro diario). También en la película de ciencia ficción Watchmen, basada en el comic homónimo, aparece su canción “Hallelujah”.

Cohen ha sido inspiración para un sinnúmero de artistas, desde Serrat a Ana Belén sin olvidar a ese otro maestro de la música que fue Enrique Morente, quien grabó su rompedor “Omega” junto a Lagartija Nick a partir de poemas de Lorca y de letras y músicas del cantante canadiense. “Pequeño vals vienés”, “First we take Manhattan”, “Sacerdotes” y “Aleluya”, son versionadas por el cantaor granadino.

“Hice lo que pude, no fue mucho,

no sentía nada, traté de alcanzarlo.

Dije la verdad, no vine para engañarte.

Incluso cuando todo se derrumbe

permaneceré frente al Señor de la Música

y no pronunciaré más que el Aleluya.”

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Portada de su libro “Parasites of Heaven”

Entre sus poemas parásitos del cielo estaba “Suzanne”, que se convirtió en una de sus grandes composiciones musicales:

“Y quieres viajar con ella, y quieres viajar a ciegas,

y sabes que confiará en ti

porque has tocado su cuerpo perfecto con tu mente.”

En 1988 escribió y cantó, en “Everybody knows”, que

“Todo el mundo sabe que los dados están cargados

Todo el mundo lanza con los dedos cruzados

Todo el mundo sabe que la guerra ha terminado

Todo el mundo sabe que los buenos perdieron

Todo el mundo sabe que la pelea estaba amañada

Los pobres se quedan pobres, los ricos se hacen más ricos

Eso es lo que pasa

Todo el mundo lo sabe.”

Era un pacifista que respondió a ese terrorismo que le llamaba la atención por su ausencia de compromisos escribiendo su “First we take Manhattan”

“Me sentenciaron a veinte años de aburrimiento.

Por intentar cambiar el sistema desde dentro.

Ahora vengo, vengo a recompensarlos.

Primero tomaremos Manhattan. Luego, Berlín.”

Autor y cantante “de amor, de muerte y de anhelo filosófico”, como le retrató The Washington Post al informar de su fallecimiento, su religiosidad combinaba, sin hacer estragos, con su compromiso político y su crítica a una sociedad desquiciada.

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Portada del disco en homenaje a Lorca

También en noviembre, pero del año 1986, salía a la luz un disco imprescindible en homenaje a García Lorca cuando se cumplían cincuenta años de su asesinato, “Poetas en Nueva York” recogía once poemas del libro casi homónimo del autor granadino. Entre ellos, “Take this waltz” en la voz de Leonard Cohen

“Oh te quiero, te quiero, te quiero.

En una silla con una revista muerta.

En una cueva, con el trozo de un lirio.

En algunos pasillos donde el amor

nunca ha estado.

En una cama donde la Luna ha sudado.

En un sollozo lleno de pisadas y arena.

Ay, Ay, Ay, Ay

Toma este vals, toma este vals.

Toma su cintura rota en tu mano.

Este vals, este vals, este vals, este vals.”

En ese trabajo le acompañaban otros poetas y cantautores como Llach, Branduardi, Víctor Manuel, Broza, Paco de Lucía, Buarque, Moustaki y Theodorakis o Andion. Su pasión por el autor del “Romancero gitano” la profesó también llamando Lorca a su hija.

Otra cuasi coincidencia, Cohen se marchó a juntarse con Marianne dos días después de celebrarse el sexto cumpleaños de la declaración oficial del flamenco como patrimonio cultural por la Unesco.

En el año 1974, después de su primer concierto en España, le concedió una entrevista al entonces joven periodista Constantino Romero para la revista Vibraciones. En ella habla de Lorca y lo que supuso el poeta en su vida:

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Portada del número 2 de la revista Vibraciones, noviembre de 1974

“¿Qué puedo decir de un nombre que en un momento de mi vida cambió mi forma de ser y de pensar de un modo radical? Por otro lado está la guitarra española. El cante profundo de un pueblo que ha sabido poner al cantante en la posición de alguien que no es un espectáculo, sino algo que tiene mucho que ver con el pueblo y, más que eso, con sus emociones. Me refiero al cante jondo. Por eso siempre había sentido un deseo especial de actuar en España”. Sobre política, declaró “Creo que el ser humano debe defender sus creencias contra viento y marea.”

En “El partisano” cantó “Éramos tres esta mañana, soy el único esta noche, pero debo continuar; las fronteras son mi cárcel. Oh, el viento, el viento sopla, a través de las tumbas el viento sopla, la libertad pronto vendrá; entonces saldremos de las sombras.”

Nos veremos en el camino, en uno de los muchos que construyó a golpes de músicas y poemas. Valses y “lorcas”. No sé si pueda decir que conquistara Manhattan o Berlín, pero conquistó corazones y sentidos. Cohen se fue sin hacer ruido, en la paz y la tranquilidad de su hogar, haciendo honor al nombre que le pusieron los budistas cuando le nombraron monje zen, Jikan (el silencioso).

Creo que mejor que quedarnos callados por su muerte es escucharle por siempre, aunque ese siempre para él, en este mundo terrenal, haya tenido su fin hace ahora un año. Nos dejó diciendo que si queremos oscuridad, apaguemos la llama. Por suerte, la suya sigue viva.