Van y vienen las ideas, giran alrededor de la cabeza de los consejeros,  las ves casi materializadas en el salón del Consejo de Gobierno, extiendes la mano, casi las tocas con la yema de los dedos. Huelen a… futuro. ¿Y el talonario?, ¡busca entre las telarañas de las arcas regionales! Siempre buscando nichos de empleo. ¿Y por qué no implantamos en Formación Profesional un ciclo formativo de torero, banderillero y picador? Madrid promete becas. Podemos ceder por cincuenta años a la escuela de tauromaquia el aeropuerto de Corvera para que críen toros de lidia. ¡Es tan extenso el recinto! Les pagamos por cada encina que planten y le regalamos el agua de la desaladora de Escombreras. Ideal. A los pies de Carrascoy: una dehesa con bosques de carrasca, estanques, praderas, toros bravos campando por la terminal del aeropuerto. Welcome!, willkommen!, ¡bienvenido!

Un consejero gira el sillón y se pone de perfil ante el resto de iguales (el presidente ha salido a atender una llamada telefónica), gesticula con las manos como intentando solucionar el puzle de una idea, acompaña los movimientos con palabras todavía inseguras. De esa pose saldrá una gran idea, por supuesto. Y esa idea se hará carne. Llevamos décadas pariendo grandes ideas en los consejos de gobierno. Cosas conceptuales, como diría el Consejero de Empleo, Universidades y Empresa. ¡Qué aquí  se trabaja con la realidad, que somos liberales, que desde el siglo pasado estamos a la vanguardia de la innovación en España! ¡Pero lo de la dehesa, las amplias sombras de las encinas, los estanques de aguas verdosas, las alfombras de bellota, los aprendices de torero sin beca saltando la valla y capoteando bajo la luna al toro y arriba, dominando el paisaje, la alargada presencia de Carrascoy…! ¡Qué primor!

A finales de julio todo es tórrido. Estamos adentrándonos en un laberinto y dudo que alguien sepa resolver los enigmas que nos conduzcan a la salida. Todo muy conceptual como diría el consejero. Ahora parece que aquella consejera sostiene un cráneo en la mano y exclama: ¡ser transparente o no serlo, he ahí el dilema! No hablo del Mar Menor, claro. Tampoco de los picadores, banderilleros y toreros, ni de los cabellos destripados, ni de la agonía de los toros. Tampoco del toro de Creta, de Hércules o de Eos, la de los dedos rosados. Hablo de la transparencia que debería aflorar después de la destrucción, de las mentiras sobre lo humano y lo divino, de los cadáveres que flotan en las aguas verdes del Segura, del recurso a lo conceptual para encubrir que vivimos en una sociedad profundamente clientelar, de una Región que vive el sueño eterno de la felicidad mientras todos los indicadores económicos, sanitarios, educativos, sociales nos dicen que seguimos en el pozo del que nunca salimos.

Hablar por hablar.

Navegamos en la inconsistencia más absoluta. Agricultura insostenible, ladrillo, pan y circo. Una historia circular que nos devuelve al punto de origen: el caciquismo como ideología dominante. Ahora, con el ciclo formativo para aflorar el nuevo nicho de empleo (banderillero, picador, torero) se da un paso adelante en el vacío intelectual que existe alrededor de la mesa (¿camilla?) del Consejo de Gobierno. Alguna gente afirma que el ciclo de gobierno del PP en nuestra Región está llegando a su fin. Lo dudo. La brillantez de algunas ideas nos habla, en contrario, de una fulgurante aurora boreal sobre la perpendicular de la dehesa del aeropuerto de Corvera. Abajo, en el prado, los consejeros quiebran a los toros bajo la luz de la luna. Es el momento de la remontada conceptual. Así sea.